La exposición propone un recorrido por un conjunto de trabajos recientes en los que Albacete vuelve a situar la pintura como territorio de pensamiento y experiencia visual. Sus lienzos se construyen desde la acumulación de tiempos, referencias y espacios, como si cada obra funcionara al mismo tiempo como escenario, archivo y lugar de aparición de imágenes. En ellas conviven la luz cálida y crepuscular de la tradición barroca andaluza con la intensidad luminosa del Mediterráneo, dos atmósferas que atraviesan buena parte de su imaginario.
Albacete convoca a sus “fantasmas” en el patio de un cortijo que fue vida y ahora memoria pintada. Desde allí, el artista establece un diálogo abierto con algunos de los creadores que han marcado decisivamente su trayectoria. Las referencias aparecen y desaparecen como visiones convocadas desde distintas épocas y lenguajes. En ese itinerario surgen nombres como Willem de Kooning, Jackson Pollock, Richard Diebenkorn, Frank Stella o Jasper Johns, junto a figuras vinculadas al arte conceptual como Marcel Duchamp y Nacho Criado.
La conversación visual se amplía también hacia artistas fundamentales de la tradición española y europea. En las obras afloran ecos de Joaquín Sorolla, Joan Miró, José Guerrero, Juan Genovés, Carlos Alcolea o Mitsuo Miura, además de referencias directas a obras históricas como La Anunciación de Fra Angelico o Cazadores en la nieve de Pieter Brueghel el Viejo. Más que citas o homenajes, estas presencias funcionan como puertas abiertas hacia distintas maneras de entender la pintura.
Otra parte importante de la exposición se articula en torno a un conjunto de motivos recurrentes que atraviesan la obra de Albacete desde hace décadas. Sus cuadros reúnen tiempos simultáneos, perspectivas múltiples y distintas calidades de luz, reproduciendo el funcionamiento fragmentario de la memoria. Aparecen además nombres procedentes de la mitología y de la literatura antigua, personajes como Gilgamesh, Judith o Ífito que actúan como detonantes simbólicos dentro de composiciones de gran complejidad espacial.
En estos trabajos reaparece también la formación arquitectónica del artista, visible tanto en la organización del espacio como en la relación que establece entre las pinturas y el lugar que las acoge. La galería deja de ser un simple contenedor para convertirse en una extensión activa del proceso creativo. Las obras dialogan entre sí mediante superposiciones, desplazamientos y juegos de espejos que rompen deliberadamente con cualquier lógica euclidiana. Cada pintura parece expandirse más allá de sus límites físicos y construir un espacio mental propio.
El proyecto insiste además en una idea central dentro de la trayectoria de Albacete, la pintura entendida como acto y reflexión simultánea. Su trabajo no se limita a tensionar la frontera entre figuración y abstracción, sino que convierte el propio hecho de pintar en materia de análisis. En ese sentido, el artista ha definido parte de su práctica como una forma de performance donde la obra permanece abierta hasta el encuentro definitivo con el espectador.
Coincidiendo con la exposición, Fernández-Braso ha editado un catálogo que reúne las obras expuestas y una extensa entrevista con el pintor firmada por José Carlos F. Ramos y Armando Montesinos. La publicación profundiza en los procesos técnicos y simbólicos que atraviesan esta nueva etapa de Albacete. ¿Quieres descargarla?
























