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El jurado ha valorado el libro por «ser un notable ejercicio de investigación histórica que, desde el rigor y el profundo conocimiento del tema, aporta una visión renovada y reveladora sobre la hambruna durante los primeros años del franquismo». Una aportación que considera especialmente relevante por su capacidad para desmontar las explicaciones con las que el régimen trató de justificar la miseria de la posguerra.

Durante décadas, la propaganda atribuyó las privaciones que padecieron millones de españoles a la destrucción provocada por la Guerra Civil, al aislamiento internacional y a la supuesta «pertinaz sequía». Del Arco cuestiona esas justificaciones y sitúa en el centro de su investigación las decisiones políticas y económicas de la dictadura, especialmente la autarquía, junto con la corrupción generalizada y la proximidad del régimen a las potencias del Eje. La magnitud de la tragedia constituye una de las claves del libro. Según la investigación, la hambruna causó la muerte de más de 200.000 españoles. Una catástrofe cuya memoria permaneció durante décadas relegada al ámbito familiar, mientras el discurso oficial evitaba reconocer su verdadera dimensión.

La guerra no lo explica todo

Uno de los aspectos centrales de La hambruna española es la revisión de las consecuencias económicas de la Guerra Civil. Del Arco reconoce los efectos de la contienda sobre la población, la producción y las infraestructuras, pero sostiene que su alcance fue exagerado por la propaganda de la dictadura. Para fundamentar esa interpretación, examina la evolución de la industria, la agricultura, la ganadería, los transportes, la vivienda y la sanidad, además de las consecuencias demográficas y nutricionales del enfrentamiento.

La investigación señala, por ejemplo, que buena parte del tejido industrial sobrevivió a la guerra sin daños irreparables. En el País Vasco, las instalaciones siderúrgicas de la ría de Bilbao se conservaron y la producción de hierro recuperó rápidamente los niveles anteriores al conflicto. En Cataluña, la rápida caída de Barcelona en enero de 1939 evitó la destrucción de sus principales centros industriales.

Pese a ello, la recuperación económica resultó extraordinariamente lenta. El libro recoge que la producción industrial española había descendido en 1940 un 20% respecto a 1935 y que entre 1940 y 1945 el crecimiento del sector fue de apenas 0,8 puntos. El autor vincula estos resultados a las consecuencias de la política autárquica, la caída de los salarios, la contracción de la demanda y la escasez de materias primas.

En la agricultura, las dificultades tampoco pueden atribuirse exclusivamente a los daños bélicos. Del Arco identifica entre las causas del descenso de la producción la reducción de la superficie cultivada, la menor utilización de fertilizantes y los precios oficiales establecidos por el régimen, que desincentivaban la actividad agraria.

Especial atención dedica al sistema ferroviario, fundamental para distribuir los alimentos. Según explica, las deficiencias anteriores a la guerra se agravaron con las decisiones adoptadas durante la posguerra. La creación de RENFE en 1941 y la reorganización del sector no resolvieron los problemas de abastecimiento. Ese año, mientras buena parte del país sufría graves privaciones, únicamente se realizaba el 40% de las cargas semanales previstas de productos agrarios.

La dimensión política de la hambruna ocupa un lugar fundamental en el trabajo premiado. La investigación sostiene que el régimen franquista utilizó la distribución de alimentos para favorecer a los vencedores y castigar a los vencidos. En una sociedad empobrecida, sometida a la escasez y a las enfermedades, la necesidad de sobrevivir contribuyó a debilitar cualquier posibilidad de oposición.

Esta interpretación lleva al historiador a estudiar las relaciones entre la represión, las condiciones materiales de vida y las políticas económicas de la dictadura. El hambre aparece así como una experiencia estrechamente vinculada a la desigualdad social y a las consecuencias de la victoria franquista. También examina decisiones económicas que revelan las prioridades del régimen. Entre ellas figura la adquisición de 67,4 toneladas de oro entre 1942 y 1945, mediante operaciones realizadas en distintas plazas financieras europeas. Parte de ese metal procedía del oro expoliado por la Alemania nazi. La investigación subraya que aquellas compras se efectuaron cuando España atravesaba una situación de extrema escasez alimentaria.

La salud pública constituye otro de los ámbitos analizados. Del Arco explica que la victoria franquista interrumpió el proceso de modernización sanitaria impulsado durante la Segunda República. La congelación del gasto público y el abandono de determinadas estructuras asistenciales agravaron las dificultades de una población debilitada por la desnutrición. Las consecuencias demográficas ofrecen una medida particularmente elocuente de aquella situación. Tras una recuperación momentánea en 1940, la natalidad y la fecundidad volvieron a descender durante los años de la hambruna. La mortalidad infantil, por su parte, alcanzó en 1941 una tasa del 28,9%, la más elevada del siglo XX español.

El historiador tampoco minimiza el sufrimiento alimentario durante la propia Guerra Civil. Recuerda que las ciudades republicanas padecieron una escasez creciente, especialmente a partir de 1937, y recoge estudios sobre la grave desnutrición de sus habitantes. Sin embargo, advierte de que ese antecedente no basta para explicar lo ocurrido después de 1939, cuando la hambruna afectó también a territorios que habían permanecido bajo control de los sublevados.

Autarquía suicida

La conclusión de su análisis distingue entre las consecuencias del conflicto y las responsabilidades de la política económica posterior. La guerra contribuyó a crear las condiciones de vulnerabilidad, pero, según sostiene el autor, la autarquía fue determinante para que aquellas dificultades desembocaran en una catástrofe alimentaria.

Miguel Ángel del Arco Blanco es catedrático de la Universidad de Granada, donde dirige el Departamento de Historia Contemporánea. Su actividad investigadora se ha centrado en la Guerra Civil, la posguerra y el fascismo, con especial atención a las actitudes políticas, la represión, la memoria histórica y las condiciones de vida bajo la dictadura.

El Premio Nacional de Historia reconoce una trayectoria en la que el estudio de la hambruna franquista ocupa un lugar destacado. En 2020 publicó, como obra colectiva, Los años del hambre. Historia y memoria de la posguerra franquista (Marcial Pons), un trabajo directamente relacionado con los asuntos que aborda en su investigación ahora premiada. Dos años después apareció Cruces de memoria y olvido. Los monumentos a los caídos de la guerra civil española (1936-2021) (Crítica, 2022), dedicado a otra de las cuestiones recurrentes en su producción historiográfica, la construcción y transmisión de la memoria del conflicto.


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Premio, dotación y jurado

El Premio Nacional de Historia de España 2026, concedido por el Ministerio de Cultura, está dotado con 30.000 euros. El jurado que ha decidido otorgarlo a Miguel Ángel del Arco estuvo presidido por Jesús González González, subdirector general de Promoción del Libro, la Lectura y las Letras Españolas del Ministerio de Cultura. Como vocales participaron Fernando Marías, a propuesta de la Real Academia de la Historia; Pedro Moleón, por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando; José María Serrano, por la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas; María Dolores Álamo, por la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación; Vicente Liern, por la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras; y Araceli López Serena, por la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE).

También formaron parte del jurado Mayte Antona, en representación de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España; M.ª Dolores Elizalde, por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas; Carme Molinero, por la Asociación de Historia Contemporánea; María Ángeles Lario, por el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales; y Ana Valtierra Lacalle, por el Instituto de Investigaciones Feministas de la Universidad Complutense de Madrid.  Completaron el jurado Joan Romero González, designado por el Ministerio de Cultura, y Juan Francisco Fuentes, historiador distinguido con el Premio Nacional de Historia de España en la convocatoria de 2025.

En anteriores convocatorias fueron galardonados, entre otros, Encarnación Lemus, Ofelia Rey Castelao, Antonio José Díaz Rodríguez, Fernando del Rey Reguillo, Anna Caballé, Santiago Muñoz Machado y Carmen Sanz Ayán.