© Museo Arqueológico Nacional. Fotógrafa: Ariadna González Uribe.

Durante años, estas esculturas permanecieron fuera del circuito legal. Fueron expoliadas de un yacimiento del sur peninsular entre 2007 y 2008, introducidas después en el mercado internacional y subastadas en el extranjero, donde incluso pasaron por instituciones de referencia. Su rastro se diluyó hasta que una investigación coordinada permitió reconstruir su recorrido y activar los mecanismos necesarios para su repatriación.

El proceso de recuperación ha sido largo y complejo. La intervención de la Brigada de Patrimonio Histórico de la Policía Nacional, en colaboración con distintas instituciones nacionales e internacionales, resultó decisiva para localizar las obras y garantizar su regreso a España. El 20 de diciembre de 2025, los bronces ingresaron finalmente en el museo, culminando una operación que evidencia la eficacia de la cooperación institucional frente al tráfico ilícito de bienes culturales.

Más allá de su periplo, las esculturas destacan por su singularidad. Concebidas probablemente para el entorno refinado de una villa romana, reflejan una sensibilidad heredera del mundo helenístico, donde lo cotidiano adquiere protagonismo. Las escenas, de carácter íntimo, muestran figuras infantiles acompañadas de animales, un motivo que revela el gusto por lo doméstico en la élite romana.

© Museo Arqueológico Nacional. Fotógrafo: Alejandro Rubio Grueso.

La calidad de ejecución confirma su carácter excepcional. Realizadas mediante la técnica de la cera perdida, conservan detalles de notable precisión, desde los pliegues de las túnicas hasta la delicadeza de los rostros o el tratamiento minucioso del plumaje. La presencia de ojos de pasta vítrea, en los que aún se intuyen pestañas, refuerza la sensación de naturalismo. A ello se suma un hecho poco habitual, la conservación íntegra del conjunto, incluidas sus peanas, pese a tratarse de un material históricamente muy codiciado.

Tras su llegada, las piezas han sido sometidas a procesos de conservación y análisis que aseguran su estabilidad y abren nuevas vías de investigación. Su exhibición en el patio romano del museo, donde podrán verse hasta el 25 de octubre, no solo permite apreciar su valor estético, sino también reflexionar sobre la fragilidad del patrimonio y la necesidad de protegerlo.

© Museo Arqueológico Nacional. Fotógrafa: Ariadna González Uribe.