El relevo supondrá también un cambio en la estructura directiva. Emilia van Lynden asumirá la dirección general y Catherine Nichols se hará cargo de la dirección artística. Ambas llevan varios años vinculadas a Manifesta y tendrán la responsabilidad de conducir su siguiente etapa, cuya primera gran cita será la edición prevista para 2028 en Coimbra (Portugal).
La salida de Fijen se produce después de la decimosexta edición de la bienal, celebrada en 2026 en la región alemana del Ruhr. Bajo el título This is not a church, la exposición se desarrolló en 12 iglesias construidas después de la Segunda Guerra Mundial, distribuidas en cuatro ciudades. Esta última convocatoria bajo su dirección prolongó una de las características más reconocibles de Manifesta, su voluntad de trabajar con espacios y contextos específicos, incorporando las particularidades históricas y sociales de cada territorio a la concepción de sus proyectos.

Izquierda: Catherine Nichols © Manifesta 14 Prishtina. Foto: Atdhe Mulla. Derecha: Emilia van Lynden © International Foundation Manifesta. Foto: Samira Kafala.
La historia de Fijen al frente de la bienal comenzó con una propuesta que inicialmente rechazó. A principios de los años noventa trabajaba como comisaria en la Oficina Neerlandesa de Bellas Artes (Rijksdienst Beeldende Kunst), en La Haya, cuando recibió la invitación para desarrollar una iniciativa internacional impulsada en 1991 por ocho países europeos. El planteamiento consistía en crear una bienal que cambiara de ciudad cada dos años y que prestara especial atención a los escenarios donde las tensiones geopolíticas y los procesos de transformación cultural adquirían particular relevancia.
Finalmente aceptó el desafío. Aquella iniciativa experimental acabaría convirtiéndose en Manifesta, una plataforma artística que ha recorrido Europa durante más de tres décadas y cuya evolución resulta inseparable de la labor de su directora.
El contexto político en el que surgió fue determinante para definir su orientación. El final de la Guerra Fría y la reorganización del continente abrieron un periodo de profundas transformaciones que encontraron reflejo en el planteamiento de la bienal. Desde entonces, sus sucesivas ediciones han abordado las circunstancias particulares de las ciudades anfitrionas, prestando atención a sus conflictos, su memoria y sus expectativas de futuro.
Adaptación continua
A lo largo de esos años, Fijen ha dirigido una organización sometida a continuos procesos de adaptación. Frente al modelo de bienal asociado a una sede permanente, Manifesta ha mantenido una estructura itinerante que obliga a establecer nuevas relaciones institucionales y culturales en cada convocatoria. Esta condición ha sido una de sus principales singularidades, aunque también ha exigido afrontar dificultades administrativas, políticas y económicas.
La financiación ha constituido precisamente uno de los desafíos recurrentes de su trayectoria. Cada edición ha requerido negociar apoyos públicos y privados, trabajar con estructuras de gobierno locales y desenvolverse en procedimientos burocráticos diferentes. Pero más allá de la gestión, su aportación se ha extendido a la propia concepción de la bienal. Bajo su dirección se han introducido modelos curatoriales colectivos, propuestas de reflexión urbanística, asambleas ciudadanas y fórmulas alternativas de mediación cultural. Estos procedimientos han ampliado progresivamente el campo de actuación de Manifesta y su relación con los territorios donde se instala.
La institución ha desarrollado asimismo una red europea que reúne a miles de artistas emergentes, jóvenes profesionales y productores culturales de más de una docena de países. Para numerosos creadores que posteriormente alcanzaron reconocimiento internacional, su participación en Manifesta representó una primera oportunidad significativa de proyección fuera de sus respectivos ámbitos nacionales.
Esta combinación de experimentación artística, trabajo territorial y atención a los acontecimientos políticos ha definido el proyecto durante la etapa de Fijen. También explica la complejidad de una organización cuya actividad depende de la colaboración entre agentes culturales, administraciones y profesionales procedentes de contextos muy diferentes.
Fijen dedicará los próximos meses a revisar la historia de Manifesta y su propia experiencia en la construcción de una plataforma cultural europea. Su intención es trasladar esas reflexiones a un proyecto escrito que recoja la evolución de la institución a lo largo de las décadas posteriores a la caída del Muro de Berlín.
El próximo capítulo de Manifesta se escribirá en Coimbra, en 2028. Será la primera edición bajo la nueva dirección y marcará el comienzo de una etapa sin la persona que ha encabezado el proyecto desde sus primeros pasos.
















