En 1917, Picasso conoció a Olga, una bailarina de ballet, y desde ese momento se convirtió en la modelo por excelencia de su periodo clásico. De vuelta a un estilo más figurativo, a menudo Olga es representada como melancólica, sentada, leyendo o escribiendo –sin duda aludiendo a la correspondencia que ella mantenía con su familia, que vivía un momento trágico en la historia del imperio ruso.

Después del nacimiento de Paul, el primer hijo de la pareja, el 4 de febrero de 1921, Olga se convierte en la figura inspiradora de numerosas escenas de maternidad y composiciones que transmiten una ternura inédita. Sin embargo, más adelante, en 1927, a raíz del encuentro de Picasso con una joven mujer, Marie-Thérèse Walter, que se convertiría en su amante, la representación de Olga se transformó: su imagen se rompió con expresión violenta, transmitiendo la naturaleza de la profunda crisis de la pareja.

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