Jezabel

William Wyler (1938)

La primera colaboración entre William Wyler y Bette Davis supuso el segundo Óscar para la actriz y la confirmación de la condición de estrella que llevaba dentro. Además, Fay Bainter ganó el correspondiente a actriz secundaria y Henry Fonda dijo que venía para quedarse como intérprete de referencia.

La historia nos acerca a Julie Marsden, una dama de Nueva Orleans de difícil carácter que desaira de continuo a su prometido hasta que este se cansa y decide largarse. Cuando tres años después él regresa y ella arrepentida le pide perdón ya es tarde: él se ha casado. Ella, humillada y sola, recapacita y dispuesta a redimirse se entrega con valentía y generosidad a cuidar a las víctimas de una epidemia de fiebre amarilla.

Hay algo en Jezabel que anuncia la historia que años más tarde reflejaría Lo que el viento se llevó.

Rebecca

Alfred Hitchcock (1940)

Hitchcock y las mujeres, buen tándem para la pantalla. El director titula su excelente intriga basada en una novela de Daphne de Maurier con una mujer que en ningún momento aparece en escena. La que si aparece es Joan Fontaine, encarnando a una joven enamorada que se casa con un Lord (Laurence Olivier) atormentado por el recuerdo de Rebecca, su primera mujer.

La convivencia se tornará imposible en el suntuoso marco de la mansión de Manderley. El fantasma de la desaparecida es avivado por la presencia de un ama de llaves siniestra (descomunal interpretación de Judith Anderson) que precipita un trágico final. 

Hitchcock rodó otras dos películas con nombre de mujer: en 1931, Mary, y en 1964 la magnífica Marnie, que en España se tituló Marnie, la ladrona, pero Rebecca es una inolvidable obra maestra.   

Laura

Otto Preminger (1944)

Otro nombre para la leyenda del cine negro. Preminger adapta la novela del mismo título de Vera Caspari y convierte Laura en una joya del género.

Gene Tierney, en el mejor papel de su carrera, da vida a la mujer de la que un policía se enamora mientras investiga su asesinato. La soberbia puesta en escena, los estudiadísimos diálogos, un ritmo que hipnotiza al espectador y la fotografía con la que Joseph LaShelle ganó el Óscar, fraguan en un producto cinematográfico inolvidable. A destacar las actuaciónes de Clifton Webb y de un joven Vincent Price antes de convertirse en el protagonista de películas de terror.

Gilda

Charles Vidor (1946)

¿Quién no ha visto Gilda? ¿A quién no le ha quedado grabada la escena del guante que va dejando al descubierto el brazo de Rita Hayworth de un modo tan sensual que provocó que la proyección fuera prohibida en muchos países, España entre ellos? Estamos ante una de las más icónicas películas de la edad de oro de Hollywood.  

El relato se sitúa en Buenos Aires, en los años de la Segunda Guerra Mundial. Ballin Mundson (George MacReady) dirige un casino. Su hombre de confianza es Johnny Farrell (Glenn Ford), un jugador de difusa reputación al que Mundson ha sacado de más de un aprieto. Un día, Mundson se presenta acompañado de una atractiva mujer llamada Gilda (Rita Hayworth). Desde el primer momento se establece una compleja relación entre Johnny y ella en la que se mezclan amor y odio, -a recordar otra mítica escena de la película: la bofetada que le propina Ford-.

«Nunca hubo una mujer como Gilda», fue el reclamo de un filme de fuerza sobrada que impactó de tal modo que la primera prueba atómica, la bomba lanzada sobre el atolón Bikini, se llamó Gilda y tenía adosada en su superficie una fotografía de la actriz.

En varios lugares de España pasaron a llamarse Gildas las banderillas con anchoa, aceituna y guindilla porque eran “saladas, verdes y un poco picantes”.

Sabrina

Billy Wilder (1954)

Audrey Hepburn es Sabrina y Sabrina es la Hepburn. Billy Wilder volvió a demostrar, a través de esta ingeniosísima comedia de enredo, que era un maestro del género. Adaptando la pieza teatral de Samuel Taylor, el director saca lo mejor de la protagonista, extraordinariamente acompañada por Humphrey Bogart y Willian Holden.

La imaginación al servicio de una historia de románticos amores encubiertos que tuvo un digno remake en los años 90 firmado por nada menos que Sydney Pollack y protagonizado por Julia Ormond y Harrison Ford. Digno, sin más, porque Sabrina siempre será la Hepburn.

Lolita

Stanley Kubrick (1962)

Kubrick no se andaba con chiquitas y se fijó en una de las grandes novelas de Vladimir Nabokov, que también firma el guion, para llevar a la pantalla la transgresora historia de una joven, casi una niña, que se convierte en la pasión sexual de un maduro profesor. Éste, dispuesto a lo que sea para estar cerca de ella, alquila una habitación en la casa en la que la joven vive y se casa con su madre. 

La arriesgada adaptación se vio dificultada por la censura de la época, con lo que la película no retrata algunos crudos pasajes de la obra literaria. Aún así, el resultado es una turbadora película llena de aciertos en la que Sue Lyon borda su papel de niña promiscua y James Mason realiza una inquietante interpretación de un hombre al que la pasión irrefrenablemente acerca al abismo.

Tras trasladarse al Reino Unido para rodar la película, Kubrick se instaló en Europa. Jamás volvió a rodar en Estados Unidos argumentando que le daba miedo volar, algo difícil de creer porque el realizador era piloto de aviación.

Lolita también tuvo remake. En 1997, Adrian Lyne adaptó de nuevo la historia de la mano de Melanie Griffith y Jeremy Irons. Pero no fue lo mismo.

Cleopatra

Joseph L. Mankiewicz (1963)

La última reina de Egipto famosa por su belleza ha sido objeto de la atención del cine en distintas ocasiones y épocas. Desde los dos minutos del cortometraje rodado por George Mélies en 1899, a la protagonizada por la estrella del cine mudo Theda Bara en 1917, pasando por la dirigida por Enrico Guazzoni (Marco Antonio y Cleopatra) en 1913; la que en 1934 firmó Cecil B. DeMille con Claudette Colbert como protagonista o la que tuvo a Vivian Leigh como reina en 1945 bajo la dirección de Gabriel Pascal con guion nada menos que de George Bernard Shaw.  

Pero ninguna como la megaproducción protagonizada por Elizabeth Taylor. Una Cleopatra que sólo en el proceso de montaje se demoró tres años y que estuvo por distintos motivos y en varias ocasiones a punto de naufragar: ya por la neumonía que padeció y que estuvo a punto de llevarse al otro barrio a su protagonista, ya por la climatología que destruyó la mayor parte de los grandiosos decorados y que llevó a que el primer director, Rouben Mamoulian, abandonase el carro, ya porque la productora se quedó sin fondos, ya…

El caso es que Joseph L. Mankiewicz sustituyó a Mamoulian y Peter Finch y Stephen Boyd, que iban a interpretar a Julio César y Marco Antonio, fueron relevados por Rex Harrison y Richard Burton y la película más cara de la historia hasta entonces, -más de 45 millones de dólares; tres veces lo inicialmente previsto- cerró su claqueta final. El resultado son 220 minutos, -se recortó casi media hora del metraje inicial- que, con todos sus peros, hacen de ésta una de las películas de época más vistas en la historia. No son pocos los que no conciben otro rostro de la reina egipcia que el de la actriz de los ojos violeta.

Tristana

Luis Buñuel (1970)

En 1961, Buñuel había ganado la Palma de Oro en Cannes con Viridiana, la historia de la novicia secuestrada por su tutor en la que con gran riqueza visual se crítica sin miramientos cierta visión de la caridad cristiana y la hipocresía de la doble moral.

Nueve años más tarde, Buñuel rueda Tristana, -tras Nazarín y Viridiana tercera vez que adaptaba una novela de Galdós-, acaso la pelicula más acabada del director aragonés. Todo en la sórdida historia de Tristana (Catherine Deneuve), la joven que al quedarse huérfana se traslada a la casa de su tutor, Don Lope (Fernando Rey), un solterón ocioso que la convierte en su amante, remite a cine de altura.

Tristana fue un empeño de Buñuel que, según propia confesión, puso mucho de sí mismo en el personaje de Don Lope. Tras intentar realizarla en México en 1952 con Silvia Pinal de protagonista, volvió a intentarlo diez años más tarde, esta vez con Rocío Dúrcal en el papel principal. Por fin cumplió su sueño en 1970 magníficamente secundado por los intérpretes elegidos. Aquel año la película obtuvo una nominación al Óscar a la mejor película de habla no inglesa.

Emmanuelle

Just Jaeckin (1974)

Es evidente que Enmanuelle (Sylvia Kristel rodó cuatro filmes con ese nombre en su título), el fenómeno erótico de la segunda mitad de la década de los 70, no es una gran película. Pero la historia la rescata por su capacidad de remover en su momento el mundo de las pantallas. Sus desnudos y explícitas escenas le otorgaron la calificación X en Estados Unidos y la prohibición de ser proyectada en España, donde sólo pudo ser vista tras la muerte de Franco.

Como apunta Eduardo Moyano en su documentado volumen Con nombre de mujer, Enmanuelle nace de la necesidad de dar una respuesta en Europa al auge del porno en Norteamérica que, con títulos como Garganta profunda o Tras la puerta verde, ambas de 1972, había logrado recaudaciones multimillonarias.

Julia

Fred Zinnemann (1977)

El agudo ojo de Zinnemann, demostrado entre otras en Sólo ante el peligro, captó en toda su esencia la excelente obra Pentimento, en la que Lilliam Helman (Jane Fonda) narra los hechos reales de su relación a lo largo de cuatro décadas con Julia (Vanessa Redgrave). Una confianza que se puso críticamente a prueba cuando en la Alemania dominada por Hitler ésta le pide a Lilliam que lleve dinero para financiar la huida de los perseguidos por los nazis.

Impresionantes las interpretaciones no sólo de las dos protagonistas, sino también de secundarios como Jason Robards, que ganó el Óscar a mejor secundario por su extraordinaria caracterización como el compañero de Helman, Julia ganó dos estatuillas más, la de Vanessa Redgrave como mejor actriz y la de mejor guion adaptado para Alvin Sargent. 

Annie Hall

Woody Allen (1977)

Escrita y dirigida por Woody Allen, Annie Hall narra en clave de comedia la relación entre un neurótico guionista y cómico (el propio Allen interpreta a un personaje que tiene rasgos de su propia persona) y una joven cantante (Diane Keaton).  

Entre las mejores cintas del realizador neoyorquino, Annie Hall se nutre de unos estudiados diálogos en los que se diserta sobre los temas fetiche de su obra como el sexo, la religión, el más allá y, por supuesto, el mundo del psicoanálisis.

Annie Hall fue galardonada con cuatro Óscar: mejor película, director, actriz y guion original. Allen no acudió a la ceremonia de entrega alegando que tenía que tocar el clarinete en el club de jazz en el que lo sigue haciendo una vez a la semana.

Frances

Graeme Clifford (1982)

Frances Farmer, la actriz cuya vida retrata esta película, debutó en el cine con sólo 23 años. Era hermosa e inteligente, y todo apuntaba a una brillante carrera. Pero, además, era una persona poco convencional, algo que en el Hollywood de los años 30 no se perdonaba así como así. Tras un fracaso sentimental, Frances se “refugia” en el alcohol e inicia un camino de autodestrucción. En ese punto, su madre, una mujer muy autoritaria, obtuvo su custodia legal y la ingresó  en un hospital psiquiátrico donde fue sometida a electrochoques. Al borde del abismo, su única esperanza es su amigo Harry York.

Drama que gira en torno a la extraordinaria interpretación de Jessica Lange, que logró una nominación al Óscar que no obtuvo pero que muy probablemente mereció (lo ganó Meryl Streep por La decisión de Sophie). Sam Shepard, compañero de reparto y desde ese rodaje también pareja sentimental, logró también una nominación al dar vida al primer marido de la protagonista. Una curiosidad: a lo largo de la película se oye la voz de Kevin Costner, cuyo papel fue eliminado tras una fuerte discusión del actor con el director Graeme Clifford.

Telma & Louise

Ridley Scott (1991)

Dos mujeres, una soltera y liberal, la otra casada y sólo en apariencia conservadora, deciden darle una vuelta a sus vidas a lo largo de un viaje de fin de semana que acabará siendo la aventura decisiva de sus existencias.

Susan Sarandon y Geena Davis hacen un trabajo formidable. Irremisiblemente el espectador sucumbe sin saber al final de la proyección de cual de las dos se siente más cómplice. El siempre preciso y calculador Ridley Scott se se marca un emotivo canto a la libertad en el que también, como siempre, brilla Harvey Keitel y un contenido como pocas veces Brad Pitt.

Se la ha acusado de recordar demasiado a la también excelente Messidor (1979), con guion y dirección del suizo Alain Tanner. Cierto que las historias son similares, pero cierto también que las dos son magníficas propuestas. Disfrutemos de ambas.

Matilda

Danny De Vito (1996)

El cine con nombre de mujer también incluye a las más pequeñas. En 1996, el actor Danny DeVito sorprendió con un ejercicio cinematográfico de altura al adaptar Matilda, el cautivador libro del gran Roald Dahl.

Protagonizado por Mara Wilson y el propio DeVito, cuenta la historia de una niña superdotada amante de la lectura que tiene poderes telequinésicos que utiliza para defenderse de los adultos que, tanto en el colegio como en casa, le hacen la vida imposible. Una delicia que encandila a espectadores de todas las edades.

Amelie

Jean-Pierre Jeunet (2001)

La joven actriz Audry Tatou puso cándida cara a la protagonista de esta película que se coló en el corazón de millones de personas. Y eso que no fue la primera opción para encarnar a Amelie. Emily Watson era la elegida pero su previo compromiso para filmar Gosford Park y su desconocimiento del francés le dieron la oportunidad a una Tatou sin la que la película, que se convirtió en un fenómeno universal, no hubiera sido la misma.

Amelie es una joven que ha tenido una complicada infancia al amparo de unos padres más que raros. Ahora trabaja como camarera en un bar parisino. Pero su vida rutinaria cambiará de la noche a la mañana, cuando una coincidencia despierte en ella un sueño filantrópico que se convertirá en su misión en la vida: hacer felices a los demás.

Las personas de su entorno irán percibiendo su influencia. Desde la estanquera hipocondriaca a la portera llorona o el inocentón empleado de la frutería. Y entre todos, muy especialmente “el hombre de cristal”, un pintor solitario que sólo es capaz de ver la realidad a través de un cuadro de Renoir. Sin embargo, algo también va a trastocar el corazón de Amelie cuando se quede prendada de Nino…

Entre sus premios, el Goya de aquel año como mejor película europea.

Juno

Jason Reitman (2007)

Acaso la oportunidad de poner negro sobre blanco un tema de muchos contrastes y aristas. El caso es que Jason Reitman, basculando entre el drama y la comedia, firmó la historia de Juno, una adolescente de 16 años que tras su primera experiencia sexual se queda embarazada de un amigo y tras sopesar la posibilidad de abortar decide seguir adelante para dar el bebé en adopción.

El debutante como guionista Diablo Cody logró el Óscar en su categoría con un texto que sortea con habilidad el riesgo de la moralina fácil, para hablar del amor y del compromiso, y del respeto, la libertad, y la responsabilidad ante los propios actos. En su papel, la joven Ellen Page da credibilidad a lo que la pantalla relata.

Camille Claudel

Bruno Dumont (2013)

El dramático carteo entre el poeta Paul Claudel y su hermana Camille, amante del escultor Rodin, sustentó el guion de la película, soberbiamente protagonizada por Juliette Binoche, en la que Bruno Dumont rodó en un manicomio real con pacientes allí ingresados. Esta circunstancia dota a Camille Claudel de una verosimilitud desgarradora.

Incomprendida por casi todos y cada vez más obsesionada por la pasión que le despierta Rodin, en el invierno de 1915 Camille Claudel es internada por su familia en un centro para enfermos mentales del sur de Francia. No volverá a abandonar aquellas paredes; nunca volverá a esculpir.

La cámara escarba en el drama y lo hace con tacto. Entre silencios y sollozos, la película nos instala la lucha de Camille por hacerse entender. Por ser comprendida, al menos por su famoso hermano. Inevitablemente nos hacemos partícipes de su terrible, reprimida historia.

Ida

Pawel Pawlikowski (2013)

En el año 2013, el polaco Pawel Pawlikowski, que más tarde rodaría la espléndida Cold War, se presentó con Ida como el gran cineasta que es. Rodada en un profundo blanco y negro y ganadora del Óscar a mejor película de habla no inglesa, la película se centra en una novicia que a punto de asumir sus votos visita a su única pariente viva, una jueza de áspero carácter y beligerancia antifascista que le cuenta el origen judío y el drama vivido por su familia y le hace saber su verdadero nombre: Ida.  

Inmersas en un viaje en el que al tiempo se descubren a sí mismas y su pasado común, tía y sobrina, soberbiamente corporeizadas en las actrices Agata Kulesca y Agata Trzebuschowska, -contrasta la inocencia de la protagonista con la dureza de quien parece abocada a no tener redención-  el filme muestra las cicatrices que en las personas dejan las dictaduras, sean del signo que sean. Reflexionando sobre la soledad del ser humano, Pawlikowski lo remarca en esta inolvidable Ida.

Gloria

Sebastián Lelio (2013)

Gloria (Paulina García se marca una premiada y deliciosa interpretación) es una mujer separada a punto de entrar en la sexta década de su vida. Se siente sola y vacía y, en el intento de superar esa situación, busca el amor en el mundo de las fiestas para solteros adultos, donde solo logra enmarañarse en una serie de aventuras sin sentido.

Pero su realidad se va ver inesperadamente alterada cuando conoce a Rodolfo (otra magnífica actuación, esta vez de Sergio Hernández), un hombre de 65 años, separado también. Inician un romance al que Gloria se entrega, aunque no resulta nada fácil por la enfermiza dependencia de Rodolfo de su exmujer y sus hijas. Así las cosas, Gloria comprobará en propias carnes que la realidad puede ser muy cruel, especialmente cuando la vejez llama a la puerta.  

En Gloria, el chileno Sebastián Lelio construye un drama lleno de matices. Una película en apariencia pequeña que deviene en gran cine.

Carol

Todd Haynes (2015)

Los ojos cautivadores de Cate Blanchett nos miran desde la película que protagoniza bajo la dirección de Todd Haynes. La mirada de Carol busca la de Therese (Rooney Mara) para contarnos una historia de amores prohibidos basada en una novela de juventud de Patricia Highsmith.

Nueva York, primeros años 50. Se acerca la Navidad. Therese Belivet es una joven sin recursos que trabaja como dependienta en la sección de juguetería de unos grandes almacenes. Tiene un novio con el que sigue por rutina y esconde el sueño de convertirse en fotógrafa profesional.

Por su parte, Carol Aird (Cate Blanchett) es una mujer madura, elegante y sofisticada que, envuelta en abrigos de visón, se siente atrapada, con una hija a la que adora y un marido al que aborrece.  

Como dependienta y clienta, Therese y Carol se encontrarán una tarde para que sus vidas cambien para siempre. Ninguna de las dos sabe bien qué hacer con lo que siente mientras, de mirada en mirada, la atracción mutua va tomando forma de modo insoslayable. Ambas acabarán por aventurar sus vidas y, a través de la transgresión en una sociedad rígida como pocas, encontrar su lugar en el mundo.

Todd Haynes utiliza los silencios tanto o más que las palabras para elevar un canto al riesgo como estímulo y a la libertad como antesala de la felicidad. La sutileza que Carol respira tiene una parte de su explicación en el hecho de que buscando tono de luz y textura peculiares y desdeñando el formato digital, Haynes haya rodado en celuloide. La historia lo agradece.