Estos días de forzado recogimiento brindan la oportunidad de visitar o revisitar en casa algunas de esas comedias-joya. Proponemos trece excursiones cinematográficas sin desperdicio. ¡Diviértanse!  

Con faldas y a lo loco

Billy Wilder (1959)

Como uno de los grandes maestros del género, no es fácil elegir una sola de las genialidades firmadas por Billy Wilder. El apartamento lo es, como lo es Uno, dos, tres. Pero puestos a elegir nos quedamos con la poliédrica Con faldas y a lo loco acaso para contradecir la mítica escena que desemboca en la frase “nadie es perfecto”, porque la película protagonizada por Jack Lemmon, en el papel más brillante de su carrera, Tony Curtis y Marilyn Monroe, es una de esas comedias a las que es imposible “pillarle” un solo defecto. Un guion que rebosa sarcasmo provoca en el espectador carcajadas a granel.

La vida de Brian

Monty Python (1979)

Si de carcajadas hablamos, pocas propuestas tan redondas como la sucesión de memorables gags que los Monty Python se marcan en La vida de Brian. Esta anárquica visión de la historia sagrada es, sin duda, y a pesar de ciertas fases deslavazadas, una de las mejores comedias de la historia del cine. Los sinsabores del ingenuo judío Brian, nacido el mismo día que Jesucristo y permanentemente confundido con él, se transforman gracias a la creatividad del grupo de cómicos británicos en un canto al lado positivo de la vida… aunque acaben crucificándote.

Ser o no ser (To be or not to be)

Ernest Lubitsch (1942)

Un icono. Una genialidad convertida (con el permiso del Chaplin de El gran dictador) en la sátira más demoledora que las pantallas hayan dejado sobre Hitler y sus nazis. Nunca ha sido fácil, pero mucho menos en el momento en el que Ser o no ser fue rodada, hacer del tema una comedia. Lubitsch lo logró con una brillantez desbordante gracias a su enorme capacidad para tratar con humor y elegancia situaciones conflictivas. Comedia de situaciones, por lo que cuenta la película emociona e indigna, pero en el cómo lo cuenta radica la estela que nos lleva a la carcajada.

Tiempos modernos

Charles Chaplin (1936)

Chaplin siempre mágico, agridulce siempre o casi siempre. Si es difícil elegir una sola película de Wilder resulta casi imposible hacerlo de quien es uno de los mayores iconos de la historia. Pero Tiempos modernos, y por eso la destacamos, contiene algunas de las escenas más genuinamente chaplinianas de su filmografía. Por ejemplo aquella en la que portando una bandera roja es confundido con un líder revolucionario, lo que en la vida real le costaría serias acusaciones de comunismo. Tiempos modernos. Entre lo cómico y lo que no lo es tanto, esta despiadada sátira de un mundo automatizado se adelantó a su tiempo para entrar en la dimensión de lo que es capaz de vencerlo. No envejece.

¡Bienvenido, Mr. Marshall!

Luis García Berlanga (1953)

Todos la hemos visto. Seguramente más de una vez: y qué. Nunca está de más volver a las entrañas de Villar del Río, escuchar la arenga de un alcalde (Pepe Isbert) que todos sentimos como nuestro y asistir al raudo paso de un coche más negro que un cuervo negro llevándose por delante la infantil ilusión de todos sus habitantes. Entre el neorrealismo y la lúcida crítica a un tiempo oscuro tratado con un humor sutil, inteligentísimo, García Berlanga, con la ayuda de los diálogos escritos por Miguel Mihura, nos disparó una comedia directa al corazón. ¡Bienvenido, Mr. Marshall! es más que una película. Revisitarla es parada obligatoria.

El gran Lebowski

Hermanos Coen (1998)

David y Ethan, los hermanos Cohen, han desplegado cine de todos los colores. La comedia también forma parte de su creatividad y entre sus aciertos en este ámbito El gran Lebowski emerge como una película distinta dentro del género. Jeff Bridges, convincente como nunca, borda el papel de vago que al ser confundido con millonario es perseguido por una panda de matones. Gran Lebowski: Gran cine.

Una noche en la ópera

Sam Wood (1935)  

Otra más que pone en un brete a quien elige. Los Marx, capitaneados por el hermano Groucho, han dejado tal reguero de risas que decantarse por Una noche en la ópera, frente a -por citar solo otra- Sopa de ganso, es arriesgarse. Y mucho. Pero nos atrevemos porque esas caóticas escenas entre el público y los músicos del escenario, o la del abarrotado camarote del barco que viaja a Nueva York y que es ya un dicho que forma parte del ideario popular, se inscriben entre las más brillantes del trío. Por cierto, muy bien dirigido, si era posible hacerlo, porque a duras penas se dejaban, por Sam Wood.

La fiera de mi niña

Howard Hawks (1938)

Hawks es otro de los que logró obras extraordinarias en varios géneros. Pero es en la comedia, rodó nueve y todas de factura impecable, donde se movía como un auténtico maestro. Proponemos La fiera de mi niña porque además de la rigurosa dirección de actores propia de la casa y de un guion que no deja un fleco al aire, estamos ante la más divertida de todas. Una película de la que Harold Lloyd afirmó que era “una comedia perfecta. La mejor construida que se puede concebir”. Y Lloyd sabía de lo que hablaba. El ingenuo paleontólgo David Huxley (Gary Grant) y la impetuosa Susan Vance (Katherine Hepburn) protagonizan una de las más despiadadas sátiras sobre la guerra de los sexos que se hayan filmado. Hawks hace de ella la típica heroína independiente y dominante pero genuinamente femenina propia de su cine y de él, a la indefensa víctima de sus continuas y ocurrentes locuras.

Amanece, que no es poco

José Luis Cuerda (1989)

El surrealismo hecho cine, aunque al director manchego no le gustase que se tildase como tal su propuesta. Prefería hablar de un filme “absurdo, improvisado y demencial”. ¿Qué más da?, porque haciendo doblete como realizador y guionista, Cuerda logró que este disparate forme parte del alma cinéfila de varias generaciones. Paisanos creciendo en las huertas como berzas en un pueblo en el que el cura levita y los habitantes recitan a Faulkner de corrido, por dar solos tres flashes de lo que por la pantalla desfila, hacen de Amanece que no es poco una película diferente a todo lo visto. Y claro, Teodoro (Luis Ciges) y Jimmy (Antonio Resines) filosofando a bordo de una moto con sidecar. Inolvidable.  

Eva al desnudo

Joseph L. Mankiewicz

Bette Davis, Gary Merrill, Marilyn Monroe, Anne Baxter, George Sanders… ¡casi nada! Toda esa constelación de estrellas protagonizan una de las comedias más corrosivas que se hayan rodado. Corrosiva también a la hora de filmarla, pues de todo hubo entre quienes le dieron vida: amores y desamores, complicidades y venganzas, cotilleos, huidas, acusaciones, desprecios… Pero al fin lo que nos llega es una película brillante que encandila a todos, desde los puristas-puristas a los que simplemente buscan un rato de diversión. ¡Y vaya si lo encuentran!

El guateque

Blake Edwards (1968)

Vamos de maestro en maestro, porque Blake Edwards lo es. Volvió a demostrarlo a partir de un guion de doce folios que se convirtió en los felices 99 minutos de El guateque. Peter Sellers protagoniza la historia que sentía como la más entrañable de toda su dilatada carrera. Sentimos cercano a ese pelmazo, desnortado y perseverante bengalí que, dispuesto a convertirse en estrella de Hollywood, no se le ocurre otra que asistir a una fiesta organizada por el productor de la película que el propio aspirante a actor acaba de echar por tierra. Gag tras gag, cada cual más hilarante, logran que el dúo Edwards-Sellers convierta El guateque en una fiesta memorable.

Arsénico por compasión

Frank Capra (1944)

Qué difícil es hablar de Capra, realizador absolutamente imprescindible cuando de comedia se habla, y no elegir ¡Qué bello es vivir!, ese regalo que nos hace saltar las lágrimas cada Navidad. Pero vamos a referirnos a otra de sus genialidades, Arsénico por compasión, porque, rodado mientras caían las bombas de las Segunda Guerra Mundial, asistimos al filme más atípico de su carrera. El mundo necesitaba reírse. Eso que Capra le dio: una gamberrada; una genial gamberrada. Grant, otra vez Gary Grant, dio vida a un sobrado crítico teatral recién casado que descubre la desvergonzada forma que tienen sus ancianas tías para mandar al otro lado de la vida a otros ancianos. Basada en la obra teatral homónima de Joseph Kesserling, Arsénico por compasión, a la que Capra dotó de un ritmo vertiginoso, fue calificada por el mismísimo Hitchcock como la más inteligente muestra de humor negro de la historia del cine.

El jovencito Frankenstein

Mel Brooks (1974)

No podía faltar este desmadre. Brooks se sirvió de un guion del actor Gene Wilder, y de la impactante interpretación de Marty Feldman, para parodiar las andanzas de un descendiente del barón Frankenstein que se siente impelido a emular a su antepasado. El resultado es una divertidísima sarta de escenas en las que también participó con brillantez Gene Hackman, en la inolvidable secuencia del encuentro entre ciego y la insólita criatura. El humor corrosivo al servicio del terror más hilarante. ¡Bendita mezcla!


Trece sugerencias. Trece comedias. Trece joyas: relájense y diviértanse.