A los cuarenta años, Roy Cady (Ben Foster), asesino a sueldo en New Orleans, es diagnosticado de un cáncer de pulmón que pone cerco a su vida. No lo acepta, al tiempo que crecen sus sospechas de que su mafioso jefe se propone eliminarle.

Ante esta situación, sin muchas esperanzas, se propone huir hacia un lugar en el que sus perseguidores no puedan localizarle. Pero accidentalmente, en el camino hacia ese intento, se topará con una joven desamparada, tan vulnerable como él, que le ofrece la oportunidad de dar nuevo sentido a su vida.

Basada en la novela de Nic Pizzolatto, autor de True Detective, Galveston profundiza en las raíces de ese cine negro que tan buenos productos ha dado a la cinematografía ubicada en el sur de los Estados Unidos. Personajes perdidos en encrucijadas vitales y horizontes sin salida.

Lejos de mostrarse como una realizadora primeriza, Laurent mueve la cámara con la destreza de una experta. Magnífico pulso en esos planos demorados, escenas que siembran inquietud, silencios y diálogos que hacen que el espectador se remueva en su butaca.

De forma muy poética, la propia directora se refiere al fondo último de su propuesta: “Somos fragmentos de tejados arrancados por la fuerza de un huracán, y ese huracán es la vida”.

Todo en aras de un escenario habitado por antihéroes en el que Ben Foster y Elle Flaming nos llevan a su terreno y nos hacen partícipes de su desolación; de la lucha de sus personajes por alcanzar una salida, una esperanza que se les escapa.


Galveston

Dirección: Mélanie Laurent
Guion: Jim Hammet y Nic Pizzolatto sobre la novela de éste.
Intérpretes: Ben Foster, Elle Fanning, María Valverde, Robert Aramayo, Beau Brigdes y Lili Reinhart
Fotografía: Arnaud Potier
Música: Marc Chouarain, Eugénie Jacobson
EE.UU. / 2018 / 91 minutos