Diciembre de 1945. Entre el frío y la desolación concluye la Segunda Guerra Mundial. Pero la tragedia no se ha cerrado en un monasterio próximo a la capital de Polonia, en el que las monjas que lo habitan viven amordazadas por un inconfesable secreto que las atormenta.

Mathilde Beaulieu (Lou de Laâge en su primer papel protagonista en la pantalla) es una joven médico enviada desde Francia por la Cruz Roja con el fin de garantizar la repatriación de los prisioneros franceses heridos en la frontera entre Alemania y Polonia. Una tarde recibe en el hospital de campaña la visita desesperada de una monja que le suplica ayuda y que la acompañe a su convento. Tras dudar de si atender a la petición, Mathilde la sigue y allí se encuentra con la sorpresa de que una religiosa, en una situación de extrema precariedad, está a punto de dar a luz.

Poco a poco la doctora se ve inmersa en el mundo extremadamente reservado del convento. Tras aquellos gélidos muros, una tras otra se suceden las sorpresas. Mathilde irá descubriendo que muchas de aquellas monjas fueron violadas por soldados rusos, y varias de ellas están embarazas. Su deseo de ayudar choca con las estrictas normas de la institución y con la cerrazón de alguna de sus responsables. Aunque la joven médico es inexperta, está decidida a sacar adelante la situación y, guiada por su heroica actitud, ayudar a las desbordadas hermanas.

Los hechos reales

Como relata la directora de la película, Anne Fontaine, la historia de estas monjas es increíble. Según las notas que tomó Madeleine Pauliac, la médico de la Cruz Roja en quien se inspira muy fielmente la película, los soldados soviéticos violaron a 25 monjas en su convento y a algunas de ellas hasta 40 veces seguidas. Veinte murieron asesinadas y cinco se quedaron embarazadas. “Este hecho histórico no habla muy bien de los soldados soviéticos, pero es la verdad; una verdad que las autoridades se niegan a hacer pública, aunque varios historiadores saben con certeza lo que en realidad ocurrió”.

Toda la historia se cuenta desde el punto de vista de Mathilde. Ella es la que nos introduce en el mundo de las monjas y ella es testigo de los acontecimientos vividos.

Gracias al testimonio directo de su sobrino, Philippe Maynial, sabemos que a los 27 años, Madeleine Pauliac, una médico de un hospital de París, se unió a la Resistencia francesa, proporcionando suministros y prestando apoyo a los paracaidistas aliados.

A principios de 1945, como médico teniente de las fuerzas francesas del Interior, fue a Moscú a las órdenes del general Cartroux, embajador de Francia en Moscú, para dirigir la misión de repatriación de los soldados franceses.

“En Polonia, la situación era dramática. Varsovia, una ciudad mártir después de dos meses de insurrección contra el ocupante alemán (entre agosto y octubre de 1944) había sido arrasada, provocando la muerte de 20.000 combatientes y 180.000 civiles. Durante ese tiempo, el ejército ruso, presente en Polonia desde enero de 1944 bajo las órdenes de Stalin, esperaba armado en la otra orilla del río Vístula. Después de un retroceso del ejército germano y tras descubrir los actos de violencia cometidos por los alemanes, el Ejército Rojo y su administración provisional se apoderaron del control de los territorios liberados”.

En este contexto, Madeleine Pauliac fue nombrada en abril de 1945 jefe Médico del Hospital Francés de Varsovia, que estaba en ruinas. Se encargó de la repatriación dentro de la Cruz Roja Francesa. Llevó a cabo esta misión en toda Polonia y en algunas zonas de la Unión Soviética a través de más de 200 misiones con el Escuadrón Azul integrado por mujeres voluntarias que conducían ambulancias para la Cruz Roja atendiendo y repatriando a soldados franceses que habían quedado atrapados en Polonia.

“Estas son las circunstancias en las que descubre el horror de las salas de maternidad donde había mujeres que acababan de dar a luz o que iban a hacerlo y cuyos hijos eran fruto de las violaciones de los soldados soviéticos. En los conventos se perpetraron muchísimas violaciones. Ella prestó asistencia médica a esas mujeres, ayudándolas a sobrellevar la carga y a variar su trágico destino”.

Pauliac murió accidentalmente en febrero de 1946 durante una misión en las afueras de Varsovia.

Verosimilitud

Las inocentes rescata este episodio de la lucha de una mujer que salva a otras mujeres. Lo hace con unas altísimas dosis de verosimilitud. Todo en la película nos instala en el frío y la conmoción. Se nos mete en los huesos aquel ambiente mortal gracias a una planificación de planos magistralmente estructurada.

Hacemos propio lo terrible de lo que vemos. Aquellas circunstancias sin salida. La tragedia que se apodera de seres inocentes común a cualquier guerra. El terror, la indignidad, lo absurdo… Todo lo hace suyo el espectador gracias a unas interpretaciones que nos hacen sentir el aliento y la angustia de aquellas víctimas a las que, porque así lo hace ver esta interesantísima propuesta, de la forma más inesperada les roza el ala de la esperanza.

Conmuévanse, incomódense… Sientan con Las inocentes el milagro del cine; descubran la verdad que, a menudo, la historia esconde.

Las inocentesLas inocentes
Dirección: Anne Fontaine
Guion: Sabrina B. Karine, Pascal Bonitzer, Anne Fontaine, Alice Vial
Intérpretes: Lou de LaÂge, Agata Buzek, Agata Zulesza, Vincent Macaigne, Joanna Kulig, Eliza Rycembel, Anna Próchniak, KatarZyna Dabrowska
Fotografía: Caroline Champetier
Música: Grégoire Hetzel
Francia, Polonia / 2015 / 115 minutos