“Quiero pintar como hombre libre en un entorno salvaje, lejos de los códigos morales, políticos y estéticos de la Europa civilizada y de su pintura clásica y artificial”. En esa idea repetidamente expresada germina el deseo que tomará forma en 1891, cuando emprende un viaje que le llevará a la aldea de Mataiea. Allí, al borde de la jungla, se instalará Gauguin durante dos años viviendo al tiempo el encuentro con una forma distinta de afrontar el arte y otra realidad marcada por la enfermedad y una situación económica muy difícil. Sin embargo, como la película refleja, el pintor resiste, porque en este primer viaje conocerá a Tehura, una joven nativa que se convertirá en protagonista de algunas de sus obras más memorables.

Origen español

Gauguin nació en París, hijo del periodista Clovis Gauguin y de Alina María Chazal, hija de la socialista y feminista Flora Tristán, cuyo padre formaba parte de una influyente familia peruana. En 1850, la familia​ dejó París y partió hacia Perú, motivados por el clima político del período. Clovis muere durante el viaje, dejando a un Paul de 18 meses de edad, su madre y su hermana para arreglárselas por cuenta propia.

Vivieron en Lima durante cuatro años con el tío de Paul y su familia. Las imágenes de Perú terminarían siendo gran influencia en su arte. A la edad de siete años, Gauguin y su familia regresaron a Francia, llegando a Orléans para vivir con su abuelo. Gauguin pronto aprendió francés, sin embargo su lengua principal y preferida continuaba siendo el español.

Gauguin, uno de los referentes del postimpresionismo, inicialmente desarrolló su carrera artística en París a través de un estilo que rechazaba las limitaciones del impresionismo, aunque seguía explorando la fuerza del color y del trazo para llevarlo al extremo.

Descontento con su situación y con el entorno, en 1891, tras unas breves estancias en Panamá y Martinica, decidió que Tahití sería su destino artístico. Allí se instaló en una casa de bambú y comenzó a realizar pinturas que constituyen la parte más distintiva de su producción. Lienzos centrados en la vida, los coloridos paisajes y en los cuerpos voluptuosos de las gentes del lugar.

Aunque el poder evocador, los colores audaces y el valor simbólico de sus líneas le dan a su obra una modernidad aún vigente, en el fondo la película narra una derrota. Con el encuentro de Tehura, –su papel es interpretado por la debutante tahitiana de 17 años Tuheï Adams–, la Eva que tanto anhelaba, su creación cobra vida. Pero desaparece a medida que su amor se desvanece.

Gauguin manifiesta y aspira a convertirse en un bárbaro, un salvaje. Pero el mundo capitalista irrumpe sobre estas pequeñas islas del Pacífico e infecta la cultura tahitiana. Para sobrevivir comienza a hacer esculturas de ídolos maoríes que vende en el puerto. Su situación es más que difícil.

Pero el tiempo casi siempre pone las cosas en su sitio y hoy nadie discute su inmenso genio y se hace obvio recordar que el uso experimental del color, el simbolismo y el primitivismo comunes en su obra influyó fuertemente en el estilo de artistas posteriores de la talla de Picasso o Matisse.

La película

Gauguin, viaje a Tahití surge, como confiesa el director y guionista Eduard Deluc, de la fascinación que le produjo Noa Noa, el diario de viaje escrito por el propio artista: “Gauguin es un personaje extraordinario a la búsqueda de un sueño hedonista, que quiere deshacerse de todas las convenciones, volver a conectar con la naturaleza salvaje. Deja París por la Polinesia, allí desembarcó en el momento en que una cultura primitiva de 2.000 años de antigüedad murió bajo los dictados de los misioneros y se rindió a las armas de la República Francesa. Allí pintará, con furia pero ante una indiferencia general, 66 obras que serán un punto de inflexión en su obra, influirán en los fauvistas y los cubistas, y marcarán la llegada del arte moderno. Dos frases suyas han guiado constantemente mi trabajo: ‘No puedo ser ridículo porque soy dos cosas que nunca lo son: un niño y un salvaje’. Y ‘regresaré al bosque para vivir la calma, el éxtasis y arte’. Ambas representan totalmente mi proyecto”.

Respecto a la elección de Vincent Cassel para interpretar al pintor, el cineasta lo tuvo claro desde el principio: “¿Qué cuerpo, qué cara, qué sensibilidad quería filmar? En la única entrevista concedida por Gauguin, para Le Figaro en 1890, fue descrito como un hombre robusto con ojos brillantes, que hablaba con franqueza. Vincent, un iconoclasta, curioso por los demás y también obsesivo, con un interés por lo lejano, fue una elección obvia. Al igual que Gauguin, va más allá de las convenciones, se revela a sí mismo plenamente, incluso aunque en ocasiones no resulte agradable en su papel”.

Por su parte, el actor revela que sólo conocía la obra y vida de Gauguin a grandes rasgos pero que se implicó a fondo en el personaje y su historia: “Sabía un poco de su trabajo en Tahití, pero sentí que era una persona problemática, y eso conectaba conmigo. Siguiendo el consejo de Édouard, empecé leyendo Noa Noa. Luego, fui y vi exposiciones y me reuní con los conservadores del Musée d’Orsay, quienes me explicaron cómo era de revolucionario. También trabajé con un maestro de pintura. No quería parecer un idiota en el set, pintando colores sin saber cómo. Empezamos con la parte práctica rápidamente y empecé a pintar, algo de lo que nunca creí que fuera capaz. Gracias a esta película he aprendido a apreciar la pintura.

Warren Ellis, miembro del grupo The Bad Seeds y compositor de las bandas sonoras de El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford, Comancheria (ambas en colaboración con Nick Cave) y Mustang, ha sido el encargado de componer la música de la cinta. Con su enigmático y característico estilo define la película como “una historia poética sobre el sueño de una vida en el momento en que esa vida parece hundirse”.

Gauguin, viaje a Tahití es una interesantísima aproximación a unos años esenciales en la vida de un genio que dejó escrito, como corolario de su modo de sentir y de vivir: “Solo es feliz el que es libre, pero solo es libre el que es lo que puede ser, es decir, el que lucha por lo que debe ser”. Él, esta película es una muestra más, lo intentó como un salvaje hasta el último aliento.

Gauguin, viaje a Tahití
Dirección y guion: Edouard Deluc
Intérpretes: Vincent Cassel, Tuheï Adams, Malik Zidi, Pua-Taï Hikutini, Pernille Bergendorff, Marc Barbé y Samuel Jouy
Fotografía: Pierre Cotteareau
Música: Warren Ellis
Francia / 2018 / 102 minutos