Entramos en el mundo de Adèle casi sin enterarnos. La pantalla se enciende y vemos, desde la acera de enfrente, cómo sale de casa. La cámara sigue sus pasos cuando camina por la calzada hacia la parada del autobús que la llevará al colegio. Comienza así, desde la distancia, nuestro viaje con ella, que es su viaje de descubrimiento personal, de amor y de dolor.

Abdellatif Kechiche dirige la historia de la joven Adèle, una adolescente que empieza a entenderse gracias a su relación con una extravagante estudiante de Bellas Artes de pelo azul llamada Emma. Juntas se sumergirán en una preciosa aventura marcada por la pasión, el cariño y el sufrimiento.

Público y voyeurs

La piedra angular de la realización de Kechiche son los primeros planos de la actriz protagonista, Adèle Exarchopoulos. A través de ellos, de su poderosa presencia, de su mirada, de los labios que se curvan tanto en sonrisas como en gestos tristes, nos sumergimos en su mar de dudas, de felicidad, de frustraciones, de alegrías, de éxtasis y de desamparo.

Sin embargo, a lo largo de la película, el público volverá a meter las narices en la vida de la protagonista cual voyeur, como en ese primer plano donde veíamos desde lejos cómo Adèle se iba a clase. El ojo de la cámara observa también a la chica mientras duerme, deteniéndose en sus labios entreabiertos, en su rostro en calma y, finalmente, en la totalidad de su cuerpo extendido sobre la cama.

En las fogosas escenas de sexo entre Adèle y Emma también se aprecia esa tendencia al voyeurismo. Además de meterse hasta el fondo de la acción con planos cortos, a la cámara de Kechiche le gusta abarcar la totalidad de los cuerpos desnudos de ambas mujeres desde cierta distancia mientras ellas se encuentran en pleno (y largo) acto sexual.

Llegados a este punto, sentirse como un mirón parece una reacción lógica.

Historia de amor y nada más

La vida que nos cuentan de Adèle, los primeros capítulos de la misma, tiene una estructura fragmentada donde el espectador entra precipitadamente, aquí y allá, en momentos clave que definirán la personalidad y las acciones de la chica, todos ellos marcados por la relación sentimental que mantiene con Emma.

Algunos de esos momentos tocan temas que quedan diluidos en favor de la historia de sus emociones. El acoso escolar que sufre cuando sus compañeras de clase descubren que podría sentirse atraída por otras chicas, o el hecho de que lleve a Emma a casa y la presente ante sus padres como su profesora particular y no su amante, son escenas que plantean una serie de cuestiones que se intuyen interesantes pero que rápidamente se olvidan en favor del romance.

Al margen de encuadres e ideas sin explotar, son sin duda Léa Seydoux y sobre todo Adèle Exarchopoulos (al fin y al cabo tiene mucho más tiempo en pantalla) sobre quienes verdaderamente cae el peso de la película. Si hay algo que marca la diferencia y que justifica todas las alabanzas que la cinta está recibiendo son ellas y solamente ellas.

 

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La vida de Adèle
Dirección: Abdellatif Kechiche
Intérpretes: Adèle Exarchopoulos, Léa Seydox
Guión: Abdellatif Kechiche, Ghalia Lacroix
Historia original: Julie Maroh
Fotografía: Sofian El Fani
Francia / 2013 / 175 minutos