Finales de 1944. Japón está siendo derrotado. Siguiendo las órdenes del torvo mayor Taniguchi, el joven teniente Hiroo Onoda, tras haber recibido una formación especial encaminada a la guerra de guerrillas en la escuela militar de Nakano, en Futamata, es enviado a la remota isla de Lubang poco antes de que se produzca el desembarco estadounidense.

En la jungla

Cuando finalmente el ejército americano toma el lugar, en febrero de 1945, Onoda y sus hombres se esconden en la jungla dispuestos a proseguir la lucha. Allí, en las profundidades de la selva, al mando de un minúsculo puñado de soldados, emprende su batalla secreta; una misión delirante. Le acompañan el cabo Shimada y los soldados de primera Akatsu y Kozuka. El principal objetivo: no morir. A punto de capitular, lo que finalmente se produciría a principios de septiembre de 1945, para el imperio nipón la guerra vive sus últimos días. Pero para Onoda, su personal contienda no acabará hasta 10.000 noches más tarde.

Así es. Aunque resulte difícil de creer, los hechos acaecidos constatan que finalmente el teniente entregará las armas, ya completamente sólo tras la muerte de sus compañeros, en marzo de 1974. El hombre que durante treinta años se negó a rendirse se hizo célebre no solo en Japón, donde fue acogido como un héroe, sino también en muchos otros lugares del mundo.

Para ser fiel a la historia real en la que se basa y sin conocer el idioma, Arthur Harari rodó la película en Camboya utilizando a actores japoneses que hablaban únicamente en su lengua natal. El resultado es una fascinante odisea quijotesca que recuerda a las de Werner Herzog quien, saltándose todas las normas que establece el protocolo, en su primera visita a Japón decidió cancelar la invitación a una audiencia del emperador para conocer al propio Onoda en persona. “Su historia tiene todos los ingredientes de lo que la razón sitúa como imposible. Pero sucedió. Eso la convierte en apasionante”, comentó el realizador alemán.

Con una cuidada e impactante puesta en escena, y unos intérpretes que reflejan verdad en cada plano, Onoda. 10.000 noches en la jungla ofrece varias lecturas: la que presenta las consecuencias psicológicas derivadas de la crueldad de la guerra y la disciplina militar llevada a sus extremos; la de filme profundamente antibélico; la de excelente película de aventuras y la de largometraje que ahonda en la capacidad del ser humano para sobrevivir en las más adversas circunstancias.

La película inauguró la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes y recibió el Giraldillo de Plata, Gran Premio del Jurado y el premio al mejor guion en el de Sevilla. También ganó el César al mejor guion original y el Premio de la Crítica francesa a la mejor película de 2021.

Controversia

Aún hoy, la figura de Hiroo Onoda sigue siendo objeto de controversia. A lo largo de la película se muestra su violencia a la hora de vengar al hermano de armas atacado. Su desprecio hacia aquellos a los que llama donkos, término peyorativo con el que designa a los indígenas filipinos. Lo vemos actuar con sus camaradas, quemar cosechas, robar y utilizar su arma contra los habitantes. Estos son hechos probados, así lo confirma la historia.

Pero, esperado y anunciado, el regreso de Onoda a su país constituyó un acontecimiento mediático. También fue tratado como un militar ejemplar por las autoridades filipinas y por el propio presidente Marcos, que le concedió el perdón por todas sus acciones en Lubang. Su postura firme, su sobrio saludo militar y su mirada vivaz en el momento de su rendición impresionaron enormemente.

El 12 de marzo de 1974, a su llegada al aeropuerto de Narita, en Tokio, la multitud lo aclamó. Para muchos, encarnaba valores como la valentía, el orgullo o la fidelidad a una misión. Sus memorias, Luché y sobreviví: mi guerra de treinta años, publicadas en agosto de 1974, se convirtieron en un bestseller que se tradujo a varias lenguas. Sin embargo, aunque llegó a haber una auténtica “moda Onoda” en Japón, también se alzaron voces discordantes.

El escritor Shohei Ooka, autor de libros como Hogueras en la llanura o Diario de un prisionero de guerra, subraya la responsabilidad del Estado japonés, tanto por la ausencia de una operación de salvamento como por los errores de una educación militar engañosa. También se pregunta por la orden recibida por Onoda de “quedarse en la isla y ejecutar su misión en todo momento y para siempre”.

Por su parte, Akiyuki Nosaka, autor de La tumba de las luciérnagas y de Las algas americanas, también se muestra crítico. Según él, el malestar que pudo sentir Onoda en su propia familia, sobre todo en relación con sus hermanos, soldados brillantes, y con su padre, ayuda a comprender por qué decidió llevar su misión de guerrilla hasta el último extremo. Sostiene que las memorias de Onoda no son de su autoría y lamenta no encontrar en ellas ninguna mención a la responsabilidad del emperador. En 1977, Noboru Tsuda, periodista y, como se ha confirmado, autor en la sombra de las memorias de Onoda, escribe Héroe de la ilusión para revelar el proceso de fabricación de la autobiografía del soldado.  

El revuelo mediático a propósito de Onoda se calmó en parte tras su partida hacia Brasil en 1975, de donde retornó a Japón en 1984 para fundar la Onoda Nature School, con el fin de iniciar a los niños en el arte de vivir en la naturaleza. En los años 2000, Onoda vuelve a dar que hablar como líder de un movimiento nacionalista que exhorta a los jóvenes a ir al templo Yasukuni, santuario erigido para honrar a los soldados muertos, criminales de guerra incluidos.

Tras su muerte en 2014, a los 91 años, la memoria de Hiroo Onoda se mece entre quienes no acaban de aceptarlo como ejemplo y como el símbolo admirable a ojos de los conservadores nacionalistas y de ese Japón que defiende su pasado colonialista.

En cualquier caso, y por encima de las voces discordantes, Onoda. 10.000 noches en la jungla sumerge al espectador en una historia fascinante a través de cine de gran altura.

Onoda. 10.000 noches en la jungla

Dirección: Arthur Harari

Guion: A. Harari, Vincent Poymiro

Intérpretes: Yuya Endo, Kanji Tsuda, Yûya Matsuura, Tetsuya Chiba, Shinshuke Kato

Fotografía: Tom Harari

Música: Olivier Marguerit, Enrico Gabriellli

Francia, Japón, Alemania, Bélgica, Italia / 2021 / 172 minutos

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