Salvador Mallo (Antonio Banderas) álter ego del cineasta, en otro tiempo aclamado director, no pasa por sus mejores momentos. Cercado por sus dolores físicos y emocionales, se refugia en los recuerdos que lo transportan a una infancia, allá en los años 60, en la que siguiendo a unos padres que buscaban prosperidad tuvo que trasladarse a Paterna.

Por la cabeza del director se suceden las imágenes que vemos en pantalla y que corporeizan los primeros deseos, las tentaciones iniciales… ya en Madrid veinte años más tarde aquel primer, entregado, amor. Y el dolor de la ruptura cuando la pasión todavía palpitaba. Y la escritura como única terapia para olvidar lo inolvidable, el temprano descubrimiento del cine y el vacío, el inconmensurable vacío, ante la imposibilidad de seguir rodando.

Dolor y Gloria, con toda la carga de la liturgia y la tramoya almodovariana, transmite sinceridad y se agradece. Si afinamos el oído se percibe lo que “hablan” los silencios del personaje y en eso las sutiles miradas de Banderas hacen más grande la propuesta. Desfila por la pantalla el dolor del protagonista, claro, y el asidero de la creatividad y la dificultad de separarla de la propia vida y de las pasiones que le dan sentido y esperanza.

Como ha señalado el propio director, en la recuperación de su pasado, al pasar revista a su existencia, Salvador Mallo intenta salvarse al tiempo que se siente en la necesidad de narrar lo sucedido y, al hacerlo, se le abre la puerta de la salvación.

No es Dolor y gloria una película fácil. Su piel es tan la piel de su guionista y director que apasionará a unos y devendrá excesiva a quienes no acaban de encajar en lo que el cineasta viene expresando desde entonces, cuando hace ya casi cuarenta años estrenase Pepi, Luci Bom y otras chicas del montón.

Como queda apuntado, Banderas logra que hagamos nuestro lo narrado en una interpretación sin un solo fleco. Como señaló Almodóvar en la presentación de su historia: “Es el mejor trabajo que Antonio ha hecho en su vida y me alegra que sea representando a un personaje que tiene 60 años”. En efecto, ahí está el actor comiéndose una pantalla por la que desfilan sin desmerecer Axier Etxeandia, Leonardo Sbaraglia, Nora Navas, Cecilia Roth, Julián López, Raúl Arévalo, Eva Martín, Susi Sánchez, la cantante Rosalía y Penélope Cruz y Julieta Serrano prestando ambas cara, en distintas fases de la vida, a la madre del protagonista.

Dolor y gloria para y por Almodóvar. Merece la pena que asistamos a la representación de sus complejas andanzas.

Dolor y gloria

Dirección y guion: Pedro Almodóvar
Intérpretes: Antonio Banderas, Penélope Cruz, Axier Etxeandia, Leonardo Sbaraglia, Nora Navas
Fotografía: José Luis Alcaine
Música: Alberto Iglesias
Producción: El Deseo
España/2019/113 minutos
Distribución: Sony Pictures