Tras tres películas de aura perturbadora (Tesis, Abre los ojos y Los otros), Amenábar parecía haber dejado de lado la oscuridad para lanzar un poco de luz sobre su cine. Su primer intento (Mar adentro) tuvo un éxito arrollador traducido en 14 Goyas, un Óscar, un Globo de Oro, un León de Plata en Venecia y otros tantos premios. Su segunda tentativa (Ágora), en fin, digamos que no tuvo tan buena acogida.

Quizá el mal trago de la cinta protagonizada por Rachel Weisz hizo a Amenábar abrir los ojos (el chiste era obligado) y regresar a sus raíces, esas que consiguieron que José Luis Cuerda se fijara en él cuando aún era un estudiante en la Facultad de Ciencias de la Información de Madrid. Tocaba volver a la intriga, al suspense.

En este caso ha variado ligeramente la que parecía su fórmula maestra de colocar al frente a una mujer confusa y fuerte que hace frente a escalofriantes sucesos. Emma Watson cumple con ese rol en un papel menos protagonista (por presencia en pantalla) de lo que puede parecer en un principio, si bien absolutamente todo gira en torno a ella. Es Ethan Hawke quien carga con un protagonista que no abandona en ningún momento la pantalla.

Ambientes aterradores

Tras catorce años (cuando estrenó Los otros) volvemos a encontrarnos con esos ambientes tensos y aterradores que tan bien sabe construir Amenábar. No por nada logró hacerse un nombre en la industria. La fotografía de Daniel Aranyó, la música de Roque Baños y el arte de Elinor Rose Galbraith son en esta ocasión sus aliados para crear atmósferas dignas de maestros del nuevo cine de terror como James Wan.

El guión de Regresión, que nos lleva hasta la Minnesota de los años noventa, envuelta en el pánico social de los ritos satánicos, se cuestiona acerca de hasta dónde somos capaces de creer, si existe un punto en el que la razón agota todas sus armas y debemos abrazar lo sobrenatural como única explicación. Ciencia contra fe, el viejo e inextinguible debate.

Esa suspensión de incredulidad que propone Amenábar juega de manera inteligente con el bombardeo apocalíptico de los medios y las mentes tan dadas al pánico a lo diferente, sea terrenal o espiritual, de los pueblos pequeños. Sin embargo, y aunque el abordar tales temas es muy loable, la cinta se resiente al apostar tanto a esa carta que tanto daño ha hecho al cine de suspense: el giro sorprendente.

El giro traicionero

El giro es muy traicionero. Público y crítica ya crucificaron a M. Night Shyamalan por no ofrecer nunca más un giro a la altura del de El sexto sentido (algunos no entendieron que el indio no tenía por qué hacer una carrera basada en ello). A Amenábar le ha funcionado normalmente, especialmente en Los otros. Sin embargo, el giro de Regresión se intuye a poco que se ha presentado a los personajes. No importaría si la película no le diera tanta importancia, pero aquí todo está enfocado en saber qué está pasando, y el qué, ese giro que debería golpearnos, no resulta sorprendente.

El resultado final acaba por decaer al descubrirnos esa gran revelación. Todos esos ambientes tan logrados, esas escenas que generan una tensión infartante, deslucen ante un desenlace que no está a la altura, no por su poco atractivo (que lo tiene y daría para una película distinta), sino por el hecho de haberlo planteado como una gran sorpresa.

Amenábar ha vuelto con la oscuridad de la mano, una buena noticia que, esperemos, quizá auguren nuevos y mejores trabajos en esta línea. Hasta que eso suceda, quédense con las espeluznantes escenas que regala Regresión y tiemblen con la moraleja más aterradora de la película, esa que cantaban los argentinos Attaque 77: «pueblo chico, infierno grande».

RegresionRegresión
Dirección y guión: Alejandro Amenábar
Intérpretes: Ethan Hawke, Emma Watson, David Thewlis, Lothaire Bluteau, Dale Dickey, David Dencik, Peter MacNeill, Devon Bostick, Aaron Ashmore
Música: Roque Baños
Fotografía: Daniel Aranyó
Montaje: Carolina Martínez Urbina
España-Canadá / 2015 / 106 minutos