Si a quienes leen por ocio se suman los lectores por motivos laborales o académicos, el porcentaje asciende hasta el 69,8%. Y si se incorporan también quienes leen exclusivamente cómic, la comunidad lectora alcanza ya al 71,2% de la población. Leer, en definitiva, se ha convertido en una práctica ampliamente compartida.

Lejos de tratarse de un fenómeno coyuntural, el repunte iniciado durante la pandemia ha ganado solidez con el paso de los años. La lectura se consolida como una actividad de ocio reconocida y transversal, presente en todos los tramos de edad y cada vez menos ligada a perfiles culturales cerrados.

Este avance no es homogéneo, pero sí elocuente. Un 33,8% de la población reconoce no leer nunca o casi nunca en su tiempo libre. La principal barrera sigue siendo la falta de tiempo, señalada por el 42% de quienes no leen, especialmente entre mujeres de entre 25 y 65 años. Entre los hombres jóvenes pesan más otras razones: la preferencia por distintos entretenimientos (32,6%) o el desinterés directo por la lectura (20%). Aun así, el balance general es positivo.

Uno de los movimientos más significativos es el del cómic. Hoy, el 14,3% de los españoles lee este formato, un 38% más que en 2020. Su crecimiento confirma su papel como vía de acceso a la lectura y como complemento natural al libro tradicional, especialmente entre los públicos más jóvenes.

El retrato del lector español mantiene algunos rasgos reconocibles. Sigue siendo mayoritariamente mujer: el 72,3% de las mujeres se declara lectora, frente al 59,8% de los hombres. Sin embargo, las diferencias por edad comienzan a estrecharse. El grupo de entre 14 y 24 años encabeza los índices de lectura por ocio, con un 76,9%, lo que supone 1,6 puntos más que en 2024 y más de seis puntos por encima de 2017. De forma paralela, el crecimiento más intenso se da entre los mayores de 65 años, donde el 58% lee en su tiempo libre, trece puntos más que hace ocho años.

También el nivel educativo ofrece claves reveladoras. Aunque la lectura sigue siendo más frecuente entre quienes cuentan con estudios universitarios, el hábito lector crece con mayor fuerza entre la población con estudios secundarios, que alcanza ya el 63,1%, y entre quienes tienen estudios primarios, donde el porcentaje se sitúa en el 41,9%. La lectura se expande así como práctica cultural más abierta y menos dependiente del capital académico.

El territorio refuerza esta lectura optimista. Todas las comunidades mejoran sus datos respecto a años anteriores. Madrid (72,8%), País Vasco (70,1%), Cataluña (69,5%), Navarra (68,5%) y La Rioja (68%) se sitúan por encima de la media nacional, pero destacan también los avances de regiones como Extremadura, Galicia o Andalucía, que han logrado incrementos superiores a los cuatro puntos desde 2020. La brecha territorial se reduce.

A esta transformación contribuyen los cambios de formato. El 33,2% de los lectores utiliza soportes digitales, con el lector electrónico como dispositivo principal (16%), seguido del móvil (11,8%) y el ordenador (11,1%). El audiolibro, por su parte, continúa su expansión: el 9% de la población ya lo consume, frente al 7,9% del año anterior, con especial incidencia entre los más jóvenes.

En paralelo, la compra de libros no escolares sigue creciendo. El 54,1% de los españoles adquirió algún libro en el último año, y las librerías mantienen su liderazgo como principal canal de compra, elegidas por el 40% de los lectores, por delante de Internet y de las grandes cadenas. Las bibliotecas, además, consolidan su recuperación tras la pandemia, con una asistencia del 29,8% y una valoración media sobresaliente: 8,1 sobre 10.

Leer en España ya no es una excepción ilustrada. Es un gesto cotidiano, medible y en expansión. Un hábito que se afianza con datos, se diversifica en formatos y sigue ocupando un lugar central en la vida cultural del país.

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