Tras la desolación que trajo consigo la Gran Guerra, un grupo de artistas italianos volvió la mirada al pasado “para construir un futuro distinto”, destacan las comisarias de la exposición, Daniela Ferrari, conservadora del Mart, Museo di Arte Moderna e Contemporanea di Trento e Rovereto, y Beatrice Avanzi, conservadora del Musée d’Orsay. Así, retornaron a los valores del Renacimiento para hacer resurgir la gran tradición artística mediterránea y acallar a las vanguardias.

En palabras de Pablo Jiménez Burillo, director de Cultura de Fundación MAPFRE, “en ese momento se pone en cuestión que lo moderno sea bueno simplemente por ser moderno. Por eso hay un afán por volver hacia atrás y recoger cosas del pasado, pero sin perder de vista el futuro”. En esa búsqueda de la belleza no solo retomaron la temática y el sentido de la composición propio de la Antigüedad y del Renacimiento, también incluyeron la atmósfera de misterio, la solemnidad del gesto y el idilio con la naturaleza.

Estos artistas apuestan por “unas composiciones muy sencillas, un dibujo muy definido y van en contra de todo lo que sea violencia, todo lo que sea extravagancia. Buscan algo tranquilo, clásico, confortable”. Giorgio de Chirico, Giorgio Morandi o Felice Casorati fueron los impulsores de esta mirada a la tradición en la que se produce también “una vuelta a los géneros clásicos: el paisaje, el desnudo, el bodegón… y añaden una reflexión especial sobre las edades de la vida, en la que ponen al hombre en el centro a través del retrato”, explica Jiménez Burillo.

La exposición reúne, en siete secciones, más de un centenar de obras de autores clave de la pintura metafísica, Chirico, Savinio, Carrà, Pisis o Morandi, como de los artistas del grupo Novecento, Mario Sironi, Leonardo Dudreville, Achille Funi, Anselmo Bucci, Ubaldo Oppi, Piero Marussig o Gian Emilio Malerba, y de aquellos que no dudaron en caminar hacia lo que conocemos como realismo mágico, entre los que destacan Felice Casorati, Antonio Donghi, Ubaldo Oppi y Cagnaccio di San Pietro. Junto a sus obras se presentan las de Pompeo Borra, Massimo Campigli, Gisberto Ceracchini o Marino Marini, que aunque no se adscriben a ninguno de estos movimientos, se mueven en la misma poética.

El recorrido temático de la muestra comienza con Metafísica del tiempo y del espacio, en la que se recogen obras del padre de la pintura metafísica y defensor de un arte evocador de la gran tradición clásica y renacentista, Giorgio de Chirico, y de Carlo Carrà, que plantea su interpretación metafísica del tema del bodegón en una composición de objetos cotidianos aparentemente incongruentes.

Después, el visitante se encontrará con Evocaciones de lo antiguo, que incluye al grupo de pintores conocido bajo el nombre de Novecento y que nació en 1922. Estos artistas realizan un clasicismo moderno a partir de la contemplación de los viejos maestros: pulcritud, linealidad y acabado en el dibujo, sencillez en las composiciones y la huida de todo aquello que pueda resultar oscuro o apasionado son algunos de los principios que les mueven. Así, con un ojo puesto en el cubismo y otro en los primitivos, crearán un arte que se basa en el mundo de las ideas frente al mundo de los sentimientos y las sensaciones.

Realidad objetiva

En tercer lugar, Regreso a la figura. El retrato hace referencia al interés por la realidad objetiva de los artistas italianos, que se tradujo, entre otros aspectos, en una “vuelta al oficio”. El desnudo como modelo acerca al espectador a un tema que tuvo una amplia difusión. “Volver a situar al hombre en el centro del mundo, volver a hacer del cuerpo humano la medida del mundo, tal es el primer deber del arte moderno si se quieren recuperar sus leyes, ritmos y razones”, señalaba Ugo Ojetti en la presentación de la exposición Venti artisti italiani en 1924.

Pero el Paisaje, ya sea urbano o industrial, también adquirió gran relevancia. Las calles de las ciudades, los edificios, los peatones, los puentes y la naturaleza son temas recurrentes de la nueva figuración, en una especie de alegoría de lo real que termina produciendo un sentimiento de inquietud y, en muchas ocasiones, de melancolía. Melancolía no por lo que se ha perdido, sino por lo que parece que no va a poder ser.

En La poesía de los objetos se vuelve a otro género tradicional, la naturaleza muerta, pues el bodegón ofrecía la posibilidad de un dibujo mesurado y un equilibrio entre los elementos, que, trabajados con esfuerzo, revelarían sus formas geométricas y sus volúmenes, principales objetivos de esa vuelta al clasicismo moderno.  Finalmente, en Las edades de la vida, los protagonistas son las maternidades, ancianos, la infancia…, motivos comunes en la pintura italiana de estos años.