Para Madoz, el punto de partida habitual es la manipulación de las imágenes y los objetos cotidianos con la intención de descubrir nuevos aspectos de sus capacidades simbólicas. Sin embargo, en El viajero inmóvil ha tenido que realizar el trayecto inverso en su proceso de trabajo: esta vez no son los objetos y sus significantes libres los que tienen la palabra, sino que es la propia idea de Asturias la que se convierte en el objeto a observar y definir.

Como explica el propio artista, «en un primer momento, este proyecto se me hizo cuesta arriba porque no tenía claro cómo abordarlo. Lo entendía como otro estilo de fotografía, de esa que tiene que ver con ir al lugar. Pero desde la Fundación me dieron la libertad para encararlo desde el punto de vista que yo creyera oportuno. Empecé a trabajar desde mi propio estudio con una Asturias imaginaria que tiene mucho de real».

Utilizando la representación icónica, el artista consigue conectar la observación del pequeño territorio con sus representaciones poéticas que van y vuelven de la pura abstracción a lo concreto, empleando para ello, como es consustancial a su trabajo, el sentido del humor. En palabras del comisario del proyecto, Borja Casani, «el mirar Asturias requiere, desde la perspectiva y los modos de hacer de Madoz, convertir la realidad de su espacio geográfico, sus costumbres y sus gentes, en una abstracción».

Viaje inmóvil

Para ello, Madoz «nos propone un viaje inmóvil, pues para la realización del trabajo no necesita desplazarse al lugar concreto, se trata de viajar por la imaginación para descubrir los elementos conceptuales que conforman la idea de una Asturias de la mente», asegura el comisario. Utilizando la capacidad de síntesis de la representación icónica, acerca al visitante al paisaje y a la naturaleza salvaje, al mar y sus habitantes, al clima lluvioso y a la montaña y, por medio de la colisión de los sentidos, habla de sus tradiciones y sus formas de ser.

Es, en palabras del fotógrafo, «trabajar con conceptos e ideas que todos somos conscientes de que están ahí, aunque no lo sepamos». El resultado «son imágenes simples, muy elementales en las que se parte de la naturaleza dejando a un lado el objeto». Para Casani, «ésta es la Asturias de Chema Madoz y sabemos que el viajero ha estado realmente inmóvil. Podemos acompañarle en su viaje asturiano a través de las fotografías que componen esta exposición, que demuestran con naturalidad, elegancia y precisión que durante la realización de este trabajo nunca se ha movido de allí”.

Con motivo de la exposición, la Fundación María Cristina Masaveu Peterson, cuyo propósito es crear un fondo de obra inédita inspirado en Asturias y sus gentes a través de la mirada de fotógrafos galardonados con el Premio Nacional de Fotografía, editará un catálogo con textos de Borja Casani y Juan Bonilla, en el que se incluirá la serie completa de fotografías, así como un cuadernillo de dibujos con algunos de los bocetos preliminares realizados por Chema Madoz durante la preparación del proyecto.

  • Tras su paso por Madrid, Chema Madoz. El viajero inmóvil viajará al Museo de Bellas Artes de Asturias (Oviedo) a partir de mayo de 2017.

Metáforas fotográficas

Chema Madoz desarrolló a principios de la década de los 80 estudios de Historia en la Universidad Complutense, que compaginó con su formación fotográfica en diferentes cursos y escuelas de Madrid. Realizó su primera exposición en 1985 y a comienzos de los años 90 sus imágenes ya poseían un lenguaje definido y personal. Su mundo se centra en la presencia insólita y poética de los objetos que selecciona y dispone en escenarios íntimos, construidos por él mismo.

En su obra, próxima a la poesía visual, la pintura y la escultura, los objetos descontextualizados se trascienden a sí mismos y enseñan algo que se oculta a una mirada ordinaria. Son metáforas fotográficas, juegos visuales, objetos dispuestos a sorprender y provocar al espectador pues, tras su apariencia habitual, revelan una singularidad que nos remite a una asociación inesperada.

En sus imágenes la realidad resulta cuestionada e invita al espectador a la observación, la reflexión y a descubrir la poesía oculta de los objetos. A lo largo de su trayectoria ha recibido diversos galardones como el Premio Kodak (1991), el Premio Nacional de Fotografía (2000), el Premio PHotoEspaña (2000), el Premio Bartolomé Ros (2010) o el Premio “Overseas” Higasikawa, Japón (2000).