Tripier, considerada una “artista marginal”, desarrolló una amplia obra plástica, bordados y escritos durante los 10 años que estuvo ingresada en un sanatorio psiquiátrico.

La muestra Creación y delirio gira en torno a su figura y a su obra. Enferma mental, excluida, autodidacta y “médium de primera necesidad”, como gustaba autodenominarse, hoy está considerada como una de las grandes artistas del Art Brut.

Integrada por piezas de la Collection de l’Art Brut de Lausanne, la muestra incluye una selección de obras realizadas entre 1934 y 1939, correspondientes a los primeros años que estuvo ingresada en el Hospital de Neuilly sur Marne, donde falleció.

Su obra fascina por la relación de ésta con su enfermedad mental -“psicosis crónica”-, con sus crisis psicóticas-melomaníacas o con la reencarnación en otras personas, como Juana de Arco, llegando a firmar sus obras como “MM J.T. Juana de Arco”.

Escritos, dibujos y tejidos

La exposición, comisariada por Aurora Herrera, se agrupa en tres bloques: escritos, dibujos y tejidos y bordados. “Paisajes coloreados, cabezas de animales, secciones del córtex cerebral, objetos de uso común, talismanes, tablas de videncia, pájaros, peces, flores, personajes… su obra está creada de manera convulsa, sin patrones formales y guiados únicamente por la intuición, dando como resultado unas piezas de gran expresividad”, explica Herrera.

Es fundamental el papel que juegan, para Tripier, sus creaciones como tablas de vidente, llenas de mensajes que permiten en su caso visibilizar su mundo interior, expresión intrínseca de su yo. También el que juegan como “revelaciones” directas de visiones desafiando las convenciones artísticas, que como autodidacta ella no conocía, y que le permitieron transgredir los límites de la representación.

Las diferentes pulsiones que encierran sus obras nos permiten hacer un recorrido por la expresión, la transgresión, el juego o la repetición obsesiva como presencia constante de la vida, aunque sea esta como imposible.

Otro de los factores de la fascinación que despierta su obra es la utilización del bordado como expresión y terapia, la repetición que conlleva el bordado y el papel que juega como generador de un estado mental, que tanto acerca al mundo cotidiano de las mujeres que históricamente lo utilizan como escape de la realidad y descanso de la mente.

Creación y delirio presenta un aspecto de la creación artística relacionado con los estados alterados de la consciencia. Forma parte de una línea de investigación, abierta desde hace 10 años en La Casa Encendida, que pretende reflejar una aproximación a las relaciones y pulsiones creativas de artistas, calificados desde diferentes puntos de vista como marginales, y las vanguardias artísticas del siglo XX.

Ejemplo de ello han sido las muestras dedicadas a Antonin Artaud (2009), a Edward Gordon Craig (2010) o a Loïe Fuller (2014), recuerda Lucía Casani, directora de La Casa.

Art Brut y espiritismo

El artista francés Jean Dubuffet definió Art Brut como aquel creado fuera de los límites de la cultura oficial, un término que en 1972 Roger Cardinal traduciría como Arte Marginal. El interés de Dubuffet se dirigía hacia las manifestaciones artísticas llevadas a cabo por pacientes de hospitales psiquiátricos, artistas marginales que desarrollaban su creación sin ningún contacto con las instituciones artísticas establecidas.

Dubuffet escribió una breve biografía para la presentación de las obras de Tripier: “La señora Jeanne Tripier falleció en 1944 a la edad de 75 años y ejecutó sus trabajos durante los últimos años de su vida. Debido a una grave enfermedad del corazón pasaba la mayor parte del tiempo postrada en la cama, donde trabajaba rodeada de frascos de tintas de colores”.

Según expresan sus escritos, Tripier siempre se mostró sensible hacia los acontecimientos que permitían comprender o intuir los mundos no materiales que la rodeaban, llegando a adscribirse a sesiones “mediúmnicas”.

Esta conciencia de sí misma como “médium” está presente en toda su obra. Ella se consideraba un mero “reproductor” de las voces que oía en su interior, la de poderosos espíritus que le dictaban mensajes para salvar a la humanidad.

Tripier no ha sido la única creadora en vincularse a sesiones “mediúmnicas”. Artistas como Hilma af Klint, Emma Kunz o Josefa Tolrà, entre otras, también estuvieron estrechamente ligadas a los círculos espiritistas.