En la primera planta de la sala, la muestra reúne una serie de cerca de mil dibujos («dibujos que piensan») que hacen visible el pensamiento de la artista, y también informan y sustentan la instalación a casi oscuras de la planta baja -en la que se puede ver cómo ciertos minerales y sustancias entran en resonancia con la luz ultravioleta- como una especie de red filosófica en la que se aúnan sociología, antropología y filosofía y así trascender la brecha que separa cultura y naturaleza.

Lootz lleva décadas pensando y actuando sobre la materia y el lenguaje. En su obra, las propiedades de ambos se despliegan y visibilizan, al mismo tiempo que el lenguaje se convierte en materia y la materia en lenguaje. A lo largo de su carrera, ha trabajado con mercurio, agua, electricidad, parafina, lacre, estopa, fieltro, arena, pez, pigmentos, minerales, árboles, el canto de los pájaros e, incluso, con lenguas en peligro de extinción.

En esta muestra, recuerda su comisaria, Claudia Rodríguez-Ponga, lo hace con materiales luminiscentes y con la idea de la resonancia. «Aunque, a decir verdad, la luminiscencia también podría englobarse en su interés por la resonancia, puesto que, en este fenómeno, ciertas sustancias resuenan con una luz cuya longitud de onda está más allá de nuestro rango perceptivo (la luz ultravioleta). Es decir, el interés de Lootz por la luminiscencia radica, también, en que esta permite que la materia se muestre, mostrándonos, de paso, que todo está conectado».

Para la artista, el arte es un medio privilegiado para atar cabos y, en sus propias palabras, «desplegar todo lo que ha sido reprimido, olvidado, soslayado, enterrado». La experiencia del arte, además, «implica vibración, eco y resonancia», por lo que casi redunda en la vida.

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Múltiples registros

La producción de Eva Lootz se encuadra en el contexto de las tendencias experimentales del arte español desde los años setenta. Ha trabajado con múltiples registros y entre los elementos constantes en su obra cabe mencionar la memoria, el tiempo, el silencio y algunos de los problemas esenciales del ser humano.

Entre múltiples galardones, en 1994 obtuvo el Premio Nacional de Artes Plásticas. Entre sus exposiciones más recientes cabe destacar La canción de la tierra (Tabacalera, Madrid, 2016), Cut Through the Fog (CGAC, Santiago de Compostela, 2016), El reverso de los monumentos y la agonía de las lenguas en el Museo Patio Herreriano y Museo Nacional de Escultura de Valladolid (Valladolid, 2020), y Entrelazar, arrugar y seguir el hilo en la Sala Kubo Kutxa (San Sebastián, 2024).

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