La exposición nace de una pregunta esencial: ¿qué huellas dejamos y qué huellas nos conforman? La comisaria Queca Levenfeld propone un recorrido «donde cada pieza funciona como fragmento de tiempo que revela presencia, ausencia o tránsito. Toda persona, todo objeto, todo espacio —incluso aquello aparentemente neutro— lleva adherida una historia que va configurando la nuestra propia. Esta muestra invita a participar en un diálogo plural donde la intimidad de lo cotidiano, la relectura del paisaje o la materialidad del recuerdo pertenecen a un territorio común donde otras memorias encuentran resonancias».

El objetivo de Espacio Mados es apoyar a los artistas emergentes que encuentran dificultades a la hora de acceder al circuito artístico.

Los 11 protagonistas

Eduardo Alonso Rico investiga el territorio del cielo desde su estatus de piloto. En sus propias palabras: “Traduzco mis horas de vuelo en lenguaje plástico que registro como itinerario de mi proceso creativo”.

Muy distinta es la postura de Óscar Beade Pereda, que trabaja con los pies bien anclados a la tierra. Su obra en madera nace del contacto directo con el material, sin maquetas ni previsiones. El prototipo coincide con la pieza final y, en ese camino, cuestiona los principios clásicos del diseño.

El trabajo de Laura Pilar Delgado se encuentra entre la gráfica y el entorno, entendiendo como gráfica el dibujo, la huella, la imagen impresa o, incluso, el libro; y el entorno como espacio donde los procesos creativos son transformados en experiencia emocional.

Arles Iglesias es fotógrafo y sus proyectos partieron siempre del uso de la imagen fotográfica. En la actualidad ha ampliado su práctica hacia técnicas como la escultura y la instalación, empleando la fotografía principalmente como medio de registro.

Nathalia Lasso explora los conceptos de memoria —tanto individual como colectiva—, identidad y territorio, a menudo desde una mirada autorreferencial.

Alva Martín trabaja la memoria material y social de lo tecnológico, desvelando las tensiones entre la imagen, el código y las emociones que se inscriben en nuestras interfaces cotidianas.

El trabajo de Javier Martínez Bueno se ha caracterizado, desde sus inicios, por la creación de pequeñas reconstrucciones escenográficas donde explorar la capacidad de la fotografía para transformar lo cotidiano en un universo propio. En la actualidad está llevando a cabo una revisión profunda del medio, recuperando su valor documental.

Merry es escultor cerámico y diseñador. La arcilla se ha convertido en el principal lenguaje de sus obras. En cada pieza, la intuición, el accidente y el tiempo se convierten en aliados, generando formas que priorizan la presencia sobre la función.

En la obra de Alina Muressan convergen la pintura, la ilustración y el dibujo para construir un mundo visual tan exuberante y caótico como poético y ocurrente.

La práctica de Anto Rabzas pertenece a la abstracción geométrica. Desde hace más de diez años, sus proyectos están íntimamente relacionados con la inmersión en el paisaje y derivas que traduce plásticamente en sutiles trazos donde alternan presencia y ausencia.

Las piezas de Guillermo Summers desprenden un aura poética y serena. Imágenes evocadoras que comparten una intención estética centrada en la reducción y la sobriedad. Lo orgánico, la memoria y el concepto de huella, así como la propia voz de los materiales, son el cimiento sobre el que construye un mundo propio.

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