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La muestra reúne 45 obras de 35 artistas y traza un mapa abierto de la creación entre los años sesenta y ochenta, un periodo decisivo que atraviesa el final de la dictadura y los primeros compases de la democracia. En ese contexto, el coleccionista Josep Suñol Soler no solo atesoró obras, sino que configuró una mirada propia sobre su tiempo. Empresario, abogado y filántropo, su colección refleja tanto una intuición estética como una implicación directa con el arte emergente, especialmente en el ámbito catalán, donde encontró un terreno fértil para su sensibilidad.

Lejos de plantear una lectura lineal o cronológica, el proyecto curatorial de Bárbara García Menéndez y Alberto Gil opta por una estructura fragmentada que recuerda a los grandes modelos de pensamiento con imágenes del siglo XX. Como en el Atlas Mnemosyne de Aby Warburg (1924-1929) o el Musée Imaginaire de André Malraux (1947), las obras se presentan como constelaciones que invitan al espectador a establecer conexiones. La metáfora del archipiélago define con precisión esa lógica. Cada conjunto funciona como una isla autónoma, pero todas juntas construyen un territorio común donde la diversidad se convierte en sentido.

Imagen de la exposición «Cartografía imaginaria de la Colección Suñol Soler (1960-1980)». Museo Carmen Thyssen Málaga.

Esa diversidad constituye uno de los rasgos más elocuentes de la colección. En las salas conviven figuras esenciales de la modernidad internacional con nombres clave del arte español, desde Pablo Picasso o Joan Miró hasta Andy Warhol, Antoni Tàpies o Luis Gordillo. La presencia de Mao de Warhol, pieza central del conjunto, introduce una dimensión icónica que conecta la escena española con los lenguajes globales del pop. Junto a ella, obras como Busto de mujer con blusa amarilla de Picasso o Piscina azul de Gordillo subrayan la amplitud de registros que maneja la exposición.

El recorrido incorpora además obras inéditas procedentes de artistas como Chillida, Ràfols-Casamada o José María Sicilia, lo que añade un componente de descubrimiento a una colección ya consolidada. Esa combinación entre lo conocido y lo revelado permite comprender mejor el carácter abierto y en constante evolución del legado de Suñol.

El discurso se articula en torno a cinco núcleos temáticos que atraviesan el arte del siglo XX y funcionan como ejes de lectura. La identidad del individuo, sometida a tensiones y transformaciones, aparece como uno de los grandes interrogantes del periodo. Frente a ella, la naturaleza emerge como un espacio persistente, reinterpretado desde nuevos lenguajes. La búsqueda de lo esencial plantea una reducción formal que aspira a reiniciar la mirada, mientras que el uso de signos introduce sistemas de comunicación visual que a menudo rozan lo indescifrable. Finalmente, la materia adquiere protagonismo como origen y sustancia de la obra.

Estos cinco vectores no actúan como compartimentos cerrados, sino como líneas de fuerza que atraviesan las piezas y las conectan entre sí. El visitante transita así por un territorio donde la abstracción convive con la figuración, la geometría con la expresión gestual, el minimalismo con lo matérico… Cada obra encuentra su lugar en ese entramado sin perder su singularidad.

Montaje de la exposición «Cartografía imaginaria de la Colección Suñol Soler (1960-1980)». Museo Carmen Thyssen Málaga.

Más allá de su valor artístico, la exposición funciona también como retrato indirecto de su coleccionista. Las elecciones, las ausencias y los énfasis dibujan una biografía estética que revela el compromiso de Suñol con su tiempo. Su relación con el galerista Fernando Vijande resultó decisiva en la consolidación de un conjunto que apostó por lo emergente y lo experimental en un momento de transición cultural en España.

El Museo Carmen Thyssen Málaga refuerza con este proyecto su línea de investigación sobre el arte español del siglo XX, ampliando el foco hacia un periodo especialmente complejo y fértil. La colaboración con la Fundació Suñol y el respaldo de la Fundación “la Caixa” han permitido articular una exposición que no solo revisa una colección, sino que la reinterpreta desde el presente.