Nacida en octubre de 1948, desde muy temprana edad, Blanca Sánchez dio muestras de una personalidad y carácter absolutamente libres. Su casa madrileña fue templo de peregrinación para los primeros pobladores de la movida madrileña. Por ella pasaban habitualmente Pedro Almodóvar –quien compartió vida y casa con ella durante años–, Costus, Miguel Ordóñez, Alaska, Fabio McNamara, Carlos Berlanga y Bernardo Bonezzi. Su vida estaba ya, por aquel entonces, enraizada en el territorio de las galerías y el arte emergente. Fue, de hecho, la mano derecha del galerista Fernando Vijande hasta su fallecimiento.

Una visión del arte

Tal y como explica el comisario de esta muestra, Pablo Sycet, “el mundo de Blanca y su visión del arte contemporáneo tenían mucho de particular: no solo le interesaba el arte de riesgo –y fichar a Costus para la galería Vijande en su día ya fue de por sí un triple salto mortal– , sino que tenía un gusto muy particular, alejado de cualquier estereotipo: su forma de vestir o de gestionar su trabajo, su apuesta por lo especial o marginal que denotaba la decoración de su casa en la madrileña calle Lope de Vega, su compromiso con artistas alejados de los clichés establecidos –la estética de Almodóvar, Costus y McNamara son ejemplos bien determinantes– y su reivindicación de la baja cultura como alternativa o verdadero flujo alimenticio de la ya institucionalizada, y su gusto por elementos decorativos a caballo entre lo naif y lo kistch, dejan muy a las claras que su influencia natural en el mundo que la rodeaba fue determinante”.

Son numerosas las colaboraciones artísticas que protagonizó. Cabe citar, entre ellas, sus participaciones en las películas de Almodóvar Historia de amor que termina en boda (1974), Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón (1980), Laberinto de pasiones (1982), ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (1981) y Trailer para amantes de lo prohibido (1985). También trabajó en todos los cortos que Iván Zulueta produjo entre 1973 y 1976, y en los de Jesús Ferrero durante su primera estancia en Madrid.

Su actividad fue siempre inagotable: trabajó en televisión, comisarió exposiciones, publicó textos en catálogos y artículos de prensa y, desde 1992, fue coordinadora de Artes Plásticas, Arquitectura y Diseño en el CBA hasta finales de 2006. Su último gran reto profesional fue el comisariado de los actos conmemorativos del vigésimo quinto aniversario de la movida, por encargo de la Comunidad de Madrid (2006).

Proyectando el arte español

Pero más allá de su labor como galerista e impulsora de artistas vinculados a la nueva figuración madrileña, Sánchez Berciano tuvo una influencia capital en la proyección del arte español en el exterior, con exposiciones como News images from Spain en el Solomon R. Guggenheim Museum de Nueva York, y en la normalización de relaciones de la cultura española con el mundo: las exposiciones madrileñas de Warhol, Kounellis y Mapplethorpe de principios de los 80 son determinantes en ese sentido.

Además, alentó y promocionó el trabajo de creadores llamados a tener una gran influencia en el arte español del cambio de siglo, desde Pérez Villalta a Fabio McNamara, pasando por Gordillo, Costus, Chema Cobo, Alberto García-Alix, Miquel Navarro, Sergi Aguilar, etc. “Por todo ello –explica Pablo Sycet– el arte español está en deuda con Blanca Sánchez y de ahí la oportunidad de esta exposición, tan justa como necesaria”.

  • Esta exposición viajará en enero a Pozuelo de Alarcón (Madrid).

Tan particular como irrepetible

La de Blanca Sánchez no es una colección al uso. Si está acotada en un tiempo es porque remite a su tiempo profesional y vital. Y si –con contadas excepciones– se ajusta al listado de artistas con los que tuvo contacto directo por razones de trabajo eso la convierte, de forma heterodoxa, en una colección tan particular como irrepetible: entre tantas otras conformadas en esos mismos años según los patrones establecidos, la colección brilla como única en su particularidad porque puede que no explicite del todo el arte de esas tres décadas que recorre, pero sí explica, abarca e integra “su” tiempo y sus grandes devociones: nadie atesoró tantas pinturas de Carlos Berlanga, Dis Berlin, Pedro Almodóvar y Fabio McNamara. A estas hay que añadir obras muy especiales de otros grandes creadores que dejaron rastro en su vida: Luis Gordillo, Guillermo Pérez Villalta, Carlos Franco, Miguel Ángel Campano, Carmen Calvo, Alberto García-Alix, Chema Cobo, Carlos Franco, Zush, y un largo etcétera cargado de sorpresas, sin olvidar presencias foráneas de peso como las fotos de Christopher Makos –con Warhol como modelo–, pinturas de Bob Smith y de Michael Buthe. Pero esta exposición no sólo muestra su personal colección artística sino que alberga también una selección de sus propias pinturas, algunos de sus trajes y diversos elementos docorativos de su mítica casa.