Desde los cuadros abstractos de la década de los sesenta a las series temáticas de los ochenta, o sus inconfundibles dragones chinos o los paisajes que realiza en los últimos años, la pintura de Navarro Baldeweg refleja esa constancia investigadora con referencias claras a la historia del arte y, sobre todo, a la cultura entendida como una fuente de inspiración.

En palabras del propio artista, “en estos últimos trabajos he utilizado un mismo formato cuadrado (2 x 2 m) y similares procesos, pero sobre una sencilla base común la apariencia de cada una de ellas difiere y eso es algo que he perseguido con deliberación. El interés por la creación de una serie de obras heterogéneas, dentro, sin embargo, de una horma constitutiva compartida, me ha hecho volver a un programa productivo parecido al que desarrollé hace ya muchos años”.

Las obras de esta exposición están conformadas por “una combinación de procesos azarosos y deliberados. Lo azaroso, lo incontrolado, tiene un valor figurativo extremo: pocas cosas tan ostentosamente concretas, únicas, como las manchas provocadas por los vuelcos directos de la pintura sobre el lienzo. Junto a lo azaroso está lo deliberado de unos esquemas abstractos que se repiten en la serie y que, en general, fijan un margen más estrecho de libertad en su posible combinatoria”.

Pintura acumulativa

Cada capa de pintura tiene una génesis formal propia y esas capas se presentan superpuestas en puridad, sin mezclarse. La imagen final es, sobre todo, acumulativa: un nivel cubre a otro anterior y, como si se tratara de una formación geológica, se visualiza una variedad de estratos y también el orden temporal en el que se realizaron los depósitos. “Lo que se exhibe son las huellas de unas acciones en el interior del cuadro y también en torno a él. Son apreciables los sedimentos y el ritual de su realización: un antes y un después. Sucede algo similar a las formaciones pétreas, en las que se acusan vetas y señales indicativas de procesos de compactación o solidificación”.

El artista afirma que en las obras que ahora se exponen, “los vertidos de pintura suponen también una actividad externa indicativa de las posiciones del cuadro en el espacio del estudio durante el proceso de su realización. Al contar las imágenes obtenidas con los efectos de la gravedad se puede deducir lo que fue arrojado desde lo alto, como lluvia de pintura sobre el lienzo en el suelo, o también los sucesivos volteos del cuadro que, al alterar lo que es arriba y abajo, quedan registrados en las huellas de los caminos de los hilos y cintas de la pintura al deslizarse por el lienzo así como el orden de las superposiciones”.

En definitiva, esto supone unas manipulaciones del objeto-cuadro y un correlativo programa de situaciones del pintor en su trabajo ante el lienzo. Dos por dos se refiere al tamaño invariable de los cuadros de la exposición. Este encabezamiento pone énfasis en su formato, en su naturaleza geométrica como una constante, en la simetría obvia de su perímetro, así como en la simetría de las imágenes, pinceladas, velos y salpicaduras contenidos en él.