Inconformista, buen inconformista por naturaleza, saltó de una a otra actividad creativa sin considerar el éxito que dejaba a sus espaldas en cada una de ellas. Esa autoexigencia y el desencanto con la industria discográfica le llevó en 1968, en plena eclosión de su música, a anunciar su retirada con la publicación de 24 Canciones Breves. Por suerte reconsideró su postura y puso en los años 70 a girar en los tocadiscos de la época la magnífica trilogía Canciones de amor y muerte, integrada por Rito, Espuma y Sarcófago. Bastan esos tres discos para situar a su autor en el reino de los elegidos.

Entre el erotismo, la sátira, la crítica social, el humor, la dulzura y el sarcasmo, las composiciones de Aute enseñaron a mirar, a escuchar, a soñar y, en definitiva a amar a no pocos españoles. Ahí están, nostálgicamente grabadas en el subconsciente colectivo Aleluya, De alguna manera, A por el mar, Al alba, Las cuatro y diez o La belleza.

En los años siguientes compuso también para el cine. Filmes, entre otros, de Jaime Chávarri  y Fernando Fernán Gómez se enriquecieron con bandas sonoras que crearon escuela. Magisterio que ejerció desde una sencillez que provocaba admiración.

En el año 2000 le rindieron tributo a través de ¡Mira que eres canalla, Aute! colegas como Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, Pedro Guerra, Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, Rosendo o José Mercé.

Más recientemente, el álbum Giralunas sumó a músicos de otra hornada, como Xoel López, Rozalén, Depedro, Leiva, Vanesa Martín, Miguel Poveda o Soleá Morente, y en 2018 se reunieron para rendirle un homenaje multitudinario artistas como Víctor Manuel, Jorge Drexler, Silvio Rodríguez, Sabina o Serrat.

Una vida pintando y exponiendo. Y filmando. Y escribiendo, hasta que rodó en 2016 por los informativos el severo infarto del que nunca llegó a recuperarse. Ahora rueda su momento final envuelto en el unánime respeto por un creador cuya obra ha resistido el paso del tiempo, -lo ha vencido- , de un modo emocionante.

Anda,
quítate el vestido
las flores y las trampas,
ponte la desnuda
violencia que recatas
y ven a mis brazos,
dejemos los datos,
seamos un cuerpo enamorado.

Anda,
deja que descubra
los montes de tu mapa,
la concupiscencia
secreta de tu alma
y ven a mis brazos,
dejemos los datos,

seamos un cuerpo enamorado.

Anda,
pídeme que viole
las leyes que te encarnan,
que no quede intacto
ni un poro en la batalla,
y ven a mis brazos,
dejemos los datos,
seamos un cuerpo enamorado.

Anda,
dime lo que sientes,
no temas si me mata,
que yo sólo entiendo
tus labios como espadas,
y ven a mis brazos,
dejemos los datos,
seamos un cuerpo enamorado.

Que el alba lo acoja cantando, pintando, creando…