Claudio Bravo Camus nació en Valparaíso (Chile) el 8 de noviembre de 1936. Siendo aún niño tomó sus primeras –y a la postre únicas– clases de pintura con el maestro Miguel Venegas. Ahí tuvo su primer contacto con los pigmentos y aprendió la formalidad de la enseñanza académica. En 1954, la crítica se fijó en su obra expuesta en su exposición en el Salón 13 de Santiago. Bravo tenía entonces 17 años.

Siendo un veinteañero viajó a Concepción, se nutrió de la bohemia cultural de la ciudad y comenzó a ganar dinero retratando a la alta sociedad de la época. Llegaron los años 60 y el artista se radicó en Madrid. Su fama de retratista era creciente, tanto así que decide retirarse a vivir a Tánger en 1972, huyendo de la vida social de la capital española.

Vida en Madrid

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En la década del 80 encandiló a la crítica de Nueva York con una exposición de cuadros en los que pintaba papeles arrugados y bolsas de supermercado. Bravo comenzaba a deslumbar con luz propia y sus obras alcazaban elevados precios en las subastas internacionales. Hace apenas unos días su obra Berber Still Life (2001) se subastó por 482.500 dólares (331.217 euros) en Christie´s de Nueva York.

Durante su larga estancia en Marruecos se empapó de la cultura de ese país y los motivos de sus bodegones y retratos reflejaron el ambiente, las sensaciones y los colores orientales.

En el año 2002, el Consejo de Ministros le concedió la nacionalidad española por sus méritos y aportes artísticos. Dos años antes se le había otorgado la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio.

«Estoy preparado para morir, si le viene la gana a Dios. Morir terminará con mi angustia de la creatividad, será acostarme y dormir bien eternamente. Estoy listo porque he cumplido con mis dones», señaló hace tres años en declaraciones a una revista.