Así, Cinco horas con Mario sigue representándose 38 años después de su primera función con Lola Herrera como la viuda protagonista o La guerra de nuestros antepasados, o Señora de rojo sobre fondo gris, que en la actualidad producía y dirigía en el Bellas Artes de Madrid, con José Sacristán en el primer papel.

Sámano había iniciado su carrera profesional en los años 70 como guionista y colaborador de la adaptación al cine de Vera, un cuento cruel, dirigida por Josefina Molina, una de sus directoras fetiche, con la que volvería a trabajar en proyectos tan logrados como el documental Función de Noche, Esquilache, de las que también fue co-guionista, o Lo más natural.

Apenas hace dos semanas, al recoger la directora andaluza el Premio Nacional de Cinematografía, recordó que sus películas se hicieron porque Sámano apostó por ella “y empujó porque se hicieran los filmes en las mejores condiciones posibles. Yo hice cine porque él quiso y me animó de principio a fin”, reconoció una emocionada Molina.

Su segunda incursión en el cine fue Retrato de familia, otro texto de Delibes que dirigió para la pantalla grande Antonio Giménez-Rico. Además, también fue clave a la hora de levantar películas como Operación Ogro de Gillo Pontecorvo; Chatarra de Félix Rotaeta; Magical Girl de Carlos Vermut, que logró en el año 2014 la Concha de Oro en San Sebastián, o Hablar, rodada en 2015 bajo la dirección de Joaquín Oristrell. También fue coguionista del largometraje ¡Arriba Hazaña!, de José María Gutiérrez Santos.

En televisión produjo programas que suscitaron gran audiencia, como Buenas noches; De jueves a jueves; Queremos saber; Como la vida misma o Iñaki, los jueves.

Pero como siempre reconocía, su gran pasión fue el teatro, al que dedicó profesionalidad y aliento, temporada tras temporada, para producir o dirigir decenas de obras, una función que desarrolló hasta que hace sólo unas horas el escenario echó telón a su último acto.