Ahora se cumplen dos años de su muerte y habría que tirar de Big Data para confirmarlo pero da la sensación de que se ha escrito más sobre él en este tiempo que en los veinte años anteriores a su desaparición. ¿Qué estabas haciendo cuando te enteraste de su fallecimiento? Es una de esas preguntas para los elegidos con más (Lennon, Kennedy) o menos méritos (Diana de Gales) y que tiene toda la pinta de seguir vigente para Bowie dentro de muchos años. Si no sucedió algo parecido con otras leyendas de la música o estrellas del cine, puede ser porque realmente no hay tantos en el Show Business como creemos capaces de seducir con su obra a varias generaciones, de tocar tantos palos fuera (actor de cine y teatro, mimo, pintor) y dentro de la música (folk, rock, soul, disco, ambient…), despertar el interés de ámbitos tan diversos (arte, moda, fotografía) y –volvemos al inicio- marcharse en un momento de plena creatividad y por sorpresa, dado que eran muy pocos los que conocían el mordisco del cáncer y su gravedad; circunstancias que ahora sabemos que le hacían trabajar a contrarreloj.

Será preciso que pase tiempo para, con un cierta perspectiva, poder valorar de forma global una obra –29 álbumes en 49 años– todavía recién terminada. Llegará entonces esa gran biografía aún pendiente. Aun así, libros y documentales se han multiplicado en los últimos dos años al tiempo que la impresionante exposición David Bowie is no deja de recorrer mundo tras su paso el año pasado por Barcelona. Un inolvidable trabajo del Victoria and Albert Museum de Londres que repasa toda su trayectoria a través de más 300 objetos del genio. Una maravilla de la que, literalmente, cuesta salir y no precisamente porque no haya puerta al exterior.

Entre la cosecha bibliográfica más reciente, destaca una memoria de Simon Critchley, un filósofo poco traducido en España. Su Bowie es una deliciosa lectura personal de las canciones que le sacudieron desde que era un crío y descubrió en la BBC a aquel extraterrestre de pelo naranja cantando Starman.

https://www.youtube.com/watch?v=4MrP83SqT9E

“Dejadme que empiece con una confesión bastante embarazosa: ninguna persona me ha proporcionado tanto placer como David Bowie a lo largo de toda mi vida. No me malinterpretéis. He vivido momentos buenos, algunos incluso acompañado”. Así arranca un libro breve pero denso, que escudriña versos y sonidos con la lucidez de que sabe que en el caso de Bowie las canciones no son “ventanas a su vida”. Muy al contrario, lo estudia y lo interpreta como un ventrílocuo que cambia de personalidad en cada gira, en cada disco, incluso en cada tema. Adora su habilidad desde el primer día hasta el último para reinventarse sin límites porque eso “nos hizo creer que nuestra propia capacidad para el cambio era ilimitada”.

En Hero: David Bowie, la cronista musical Lesley-Ann Jones también nos cuenta su relación con el artista a quien conoció cuando aún era David Jones y de cuya amistad disfrutó de forma guadianesca a lo largo de cuatro décadas. Aunque aclara que el libro no es más que su visión del personaje, lo cierto es que revisa –por encima, pese a sus 500 páginas– toda su trayectoria: los fracasos iniciales a bordo de un montón de bandas sin suerte, el primer éxito con Space Oddity, el breve giro al rock duro, el estallido glam de Ziggy Stardust, el amor a la música negra, la alienación cocainómana (“vivía en otro planeta; no tengo ni idea de lo que pensaba entre 1975 y 1977”, confesó una vez), la excursión purificadora a Berlín, el picoteo ochentero en la música disco, los años de icono global y la agradable sorpresa de los últimos dos álbumes.

Con mucho chisme de altura (cuesta creer que Bowie encontrara un hueco para grabar tanto en los setenta si tuvo también que acostarse con la relación de hombres y mujeres que consigna la autora), Lesley Ann-Jones describe las relaciones con las personas clave de su vida: su entorno más íntimo, sus managers (especialmente Tony Defries), sus productores (Tony Visconti), sus músicos (sobre todo, Mick Ronson, Carlos Alomar, Nile Rodgers), sus rivales (y amigos: Marc Bolan, Mick Jagger) y sus ídolos/protegidos dentro (con Lou Reed e Iggy Pop a la cabeza) y fuera de la música (Lindsay Kemp, Andy Warhol).

Un repaso similar pero más centrado en los discos y en la imagen cambiante de Bowie es el que despliega el libro de Paolo Hewitt. Un placer y un suplicio para los ojos. Una infinidad de maravillosas fotografías del gran dandi –¿el mayor del siglo XX?– con textos interesantes cuyo cuerpo de letra resulta poco menos que inaccesible sin una buena lupa.

Si hay algo indiscutible en relación a la obra de Bowie, es que dio lo mejor de sí en los setenta. En esa década ejecutó unos cuantos bandazos estilísticos, todos ellos pormenorizados en Como un golpe de rayo. Un libro excepcional de Simon Reynolds que aunque enfocado en el movimiento glam (aquel golpe de mano al rock carente de glamour de finales de los sesenta que protagonizaron Alice Cooper, Roxy Music, T. Rex…), incluye una amplia y atinada mirada sobre los años dorados del creador de Ziggy. Como casi todos los libros recientes, también recoge en primera persona el efecto que trajo la muerte de Bowie como alguien que ha impactado en la imaginación colectiva. Cuando ese impacto se produce de forma tan global y se mantiene en el tiempo a través del arte (por aquí Rafa Cervera ya lo ha convertido en protagonista de su primera novela Lejos de todo, en Jekyl & Jill), podemos entonces hablar de un nuevo mito. Es posible que Bowie acabe en un panteón como un mito de la libertad sexual, de la ambigüedad y la diferencia; como un dios para todos aquellos que alguna vez se han sentido raros y nada acompañados. O se sientan: en ese caso no tendrán más que escuchar Rock’n’Roll Suicide y emocionarse. “Ah no cariño! No estás solo / no importa qué o quién hayas sido / no importa cuándo o dónde hayas visto / todos los cuchillos parecen lacerar tu cerebro / yo he pasado lo mío, te ayudaré a lidiar con el dolor / no estás solo / Emociónate conmigo y no estarás solo”.

Pero antes que mito Bowie, por intuición y valentía, fue héroe. Tuvo además la muerte de un héroe que desata todas las admiraciones posibles; él mismo la convirtió en un réquiem impecable, acorde con la que había sido siempre su línea de trabajo: la sorpresa y el dominio total sobre su obra. La muerte como última obra de arte, la del héroe que nos dijo a todos que, al menos por un día, todos podíamos ser también héroes.

LG00239901Hero: David Bowie
Lesley-Ann Jones
Traductor: Alejandro Tobar Salazar
Editorial Alianza
532 páginas
20 euros

 

 

 

 

bowieBowie
Simon Critchley
Traductor: Inga Pellisa
Editorial Sexto Piso
115 páginas
15 euros

 

 

 

 

bowieBowie. Vida y discografía
Paolo Hewitt
Traductor: Roberto R. Bravo y Remedios Diéguez
Editorial Blume
288 páginas
19,90 euros

 

 

 

 

Reynolds4_alta_0Como un golpe de rayo
Simon Reynolds
Traductor: Hugo Salas
Editorial Caja Negra
704 páginas
31 euros