Narrador de lo misterioso o recóndito, pionero cultural, vividor, gran memorialista y amante, viajero incansable e incansable escritor, la obra de Zamacois es tan diversa y extensa como poco conocida. Una injusticia que se prolonga más de siete décadas.

126 libros

Escribió novela corta, cuentos, teatro, ensayo, artículos periodísticos, libros de viajes y memorias hasta completar 126 títulos. De lo social a lo fantástico, a caballo entre generaciones de dos siglos, sus memorias escritas a los 90 años marcaron un hito en la historia de la autobiografía literaria española. Además, como pionero, llevó a cabo un proyecto de divulgación con los grandes nombres de la literatura y la cultura española único en su tiempo.

“Zamacois trasciende cualquier definición simplista”, afirma Gonzalo Santonja. “Dirigió revistas, fundó editoriales, inventó la novela corta de quiosco, fue un narrador de primera, un memorialista necesario, corresponsal de la I Guerra Mundial y de la Guerra incivil española, republicano sin adscripción partidista, exiliado y renovador del género de las conferencias; un pionero de la unión de la palabra y la imagen”.

Innovador en muchas cosas, desde su proyecto de divulgación hasta la creación de El Cuento Semanal, plataforma que permitió profesionalizar a grandes escritores de las Generaciones del 98 y el 14, Eduardo Zamacois es mucho más, insiste el antólogo: “Es un narrador que inventa formatos, novelista del misterio, de las zonas oscuras y el ámbito de los enigmas, y de los temas sociales”, además de periodista que escribe más de 1.200 artículos y crónicas en medios de tanto prestigio en su momento como El País o Bohemia en Cuba, Mundo Argentino y Clarín, en Argentina o Todo en México.

Maestro de maestros

Francisco Umbral y César González Ruano no dudaron en considerarlo un maestro. “Había recorrido el mundo y traído a la literatura española el naturalismo francés y la novela erótica”, escribe Ruano.

Tras ser corresponsal en la Guerra de España, -en la Sierra de Madrid y posteriormente en Extremadura-, por lo que plasma en La batalla, Crónica de la guerra, Por las trincheras y el Asedio de Madrid, a los 65 años se verá abocado al exilio.

Para entonces ya había cosechado éxitos sonados con un género del que fue máximo exponente, la novela galante: El seductor y Duelo a muerte y en la novela social, con Las raíces, Los vivos muertos y El delito de todos. Además, la ya comentada y vastísima obra periodística, narrativa de viajes y memorialista que dejó en Un hombre que se va, un ejemplo de lucidez e ingenio a sus 90 años.

Regreso y marcha

Zamacois fue invitado a regresar a España desde la Estafeta Literaria en 1969 al incluirse su novela Memorias de un vagón de ferrocarril como una de las mejores obras contemporáneas españolas. Volvió para marcharse, porque en el torbellino de su existencia, viajar fue continuo. No paró de moverse hasta el final de su vida: Argentina, Chile, Cuba, México, Guatemala, Venezuela, Nueva York, etc., lugares en los que impartió múltiples conferencias.

Cultivó también el teatro, con obras como Nochebuena, y fue también un prolífico ensayista científico convencido de que la ciencia explicaría los misterios de las religiones. Realizó, además, traducciones como la Clasificación de las ciencias, de Spencer. Y, por supuesto, sus libros de relatos, para muchos lo mejor de su producción: Cuentos de asesinos ladrones y fantasmas, Europa se va, Postales de Madrid, Los que huyen de la muerte…

De primera mano

“Soy enemigo de inventar”, decía, y por eso procuraba vivir aquello sobre lo que escribía. Como ejemplo, Santonja relata que para redactar Los vivos muertos ingresó como reo en el penal de San Miguel de Valencia, donde se convirtió en un preso de verdad -sólo conocía su situación el director del centro-, para narrar de primera mano el drama carcelario. Por otra parte, tras presenciar la ejecución de los asaltantes del expreso de Andalucía en 1923, escribió un estremecedor texto contra la pena de muerte.

En su epistolario, también amplio, se recoge correspondencia con Nelken, Umbral, Cassou, Gómez de la Serna y un emotivo apartado con su sobrino nieto Ricardo, cuyo epílogo es una última carta en la que con gran humor le comunica que se muere, dos meses después de ser atropellado por un automóvil en Buenos Aires, a los 98 años.

Cineasta de obra perdida

Zamacois fue ante todo un aventurero de la cultura. Su labor incluyó el cine. Entre 1916 y 1920 rodó una serie de películas. Se trató de una rompedora idea al ilustrar sus conferencias con proyecciones cinematográficas “que recogían cómo vivían y trabajaban las grandes figuras españolas de mi época”, contaría en sus memorias muchos años después.

Pérez Galdós y Ramón Cajal apoyaron este proyecto accediendo a ser filmados, poniéndose después a su disposición, entre otros, Valle Inclán, Baroja, Azorín, Villaespesa, Fernández Flórez,  y Julio Romero de Torres. Esos documentales, que duraban en torno a dos horas, se perdieron durante la guerra. Más tarde, ya en Norteamérica, trabajó un tiempo como doblador de películas.

Sus contemporáneos

No se ahorró opinión alguna y de su conocimiento de otros escritores extrajo visiones y opiniones que dejó escritas:

Baroja no conoce América, y yo que le estimo, querría persuadirle de que hablar de América o de Europa desde la Puerta del Sol es una temeridad…El mañana es de América…despreciar América, señor Baroja, es tan arbitrario como despreciar a un niño”. “…Pío Baroja, que confunde deplorablemente la ironía con la bilis…”.

De Benavente: “Las ambiciones, cuando las escudan un entendimiento preclaro, una belleza avasalladora o una gran voluntad, lejos de apagarse como cohetes, crecen”.

De Vicente Blasco Ibáñez: “Como Alonso de Ercilla es un conquistador poeta. Sus designios entusiasman; es un hombre que sabe infundir a la vida la intensidad imaginativa de sus novelas”…. “Le miro atento, maravillado de que en la breve vida de un hombre quepan tantas ambiciones, proyectos y tantas victorias”.

De Unamuno: “Fue la mentalidad más fuerte de su época, le gustaba hablar, y lo hacía sin tasa… era un libro incerrable”. “De Unamuno cabe decir lo que de Diderot dijo Voltaire: es un hombre que ignora el placer de dialogar”. “En sus réplicas solía pecar de cáustico o de injusto”. “Esta egolatría, este altísimo concepto que tenía de su yo, le incapacitaban para crear tipos que no actuasen y hablasen como él…nunca fue un verdadero novelista”.

Y los aforismos…

En 1969, cuando el autor superaba los 90 años, el periodista argentino Rodolfo Schelotto grabó la voz de Zamacois. Este extraordinario testamento literario y humano recoge aforismos y reflexiones inéditas y testimonian el ingenio y la profundidad de quien las formula:

  • No hay esclavitud más terrible que la esclavitud del aburrimiento
  • Sólo lo mudable es eterno
  • Un secreto es una verdad retirada de la circulación
  • El militar si trabaja, destruye
  • El hombre lleva su destino en su voluntad
  • La vida es el único drama que todos representamos sin ensayar
  • Hay muchos atentados que siendo obra de muchos, la sociedad castiga en una sola cabeza
  • En muchas ocasiones, nada puede parecernos menos verosímil que la verdad

Eduardo Zamacois. Cortesanas, bohemios, asesinos y fantasmas se presentará al público el miércoles, 18 de junio, en la sede del Instituto Cervantes en Madrid, con la presencia de su director, Víctor García de la Concha, los escritores Juan Manuel de Prada y Carmen Posadas, el antólogo del mismo, Gonzalo Santonja, y el director de Fundación Banco Santander, Borja Baselga.

 

zamacoisobrafundamental

Cortesanas, bohemios, asesinos y fantasmas
Eduardo Zamacois
Introducción y selección de Gonzalo Santonja
Fundación Banco de Santander. Colección Obra Fundamental
342 p
20 euros
Digital: 5,99 euros