El autor de Palinuro de México, que confesó que de sus obras es con la que se siente más satisfecho, es el sexto escritor mexicano que recibe el Cervantes, “lo que indica, salvo que el jurado se equivoque, que en mi país hay muy buena literatura y autores sumamente capaces para llevarla a cabo”.

Arropado por su familia y acompañado por el secretario de Estado de Cultura, José María Lassalle, que lo definió como un caballero “enérgico y compasivo que nos contempla desde la distancia”, Fernando del Paso justificó su voz queda, a la que hay que estar muy atento, como secuela de los infartos cerebrales que sufrió hace tres años. “Perdí el habla durante un tiempo y la recuperé leyendo en voz alta Noticias del imperio con mi terapeuta, así que se puede decir que mi voz me devolvió mi voz”. A raíz de aquellos episodios no ha vuelto a escribir, “pero estoy en el proceso de volver a hacerlo pronto”.

Los comienzos no fueron fáciles para este renovador de la narrativa en lengua española. “Mi padre, como le ha pasado a tantos otros escritores, me aconsejó que me dedicara a otra tarea. Tenía miedo de que me muriese de hambre, pero la vida ha demostrado el error de su pronóstico y escribir me ha dado para vivir”.

En relación con su país lamentó que ha sido arrasado por los políticos “ineptos”. “Ya no creemos en nuestro país. No en el país en el que antes creíamos. México es un país en decadencia, en el que la violencia se ha instalado. Me preocupa esa inmensa pobreza de mi país. México tiene una mentalidad de país colonizado y es necesario que nos deshagamos de ella. Llevamos varios siglos de independencia, pero seguimos teniendo mentalidad de país colonial. Una vez recupere todas mis facultades estudiaré un poco más todos esos problemas que afectan a México”.

A sangre y fuego

En cuanto al reconocimiento del Cervantes, y tras afirmar entre risas que se ha comprado una pala para recoger todos los premios que “generosamente” le han dado, afirmó con un punto de emoción que el que ahora recibe lo agradece más que ningún otro porque es el más prestigioso de una lengua de la que se siente orgulloso. “El idioma español fue impuesto a sangre y fuego en México, pero de eso hace ya mucho tiempo. Ahora es tan nuestro como de ustedes. Lo siento muy mío. Hoy, en el siglo XXI, nuestro idioma es el español”.

Tras recordar que es sobrino nieto del historiador y defensor de las culturas nativas mexicanas Francisco del Paso Troncoso, el escritor manifestó un enorme respeto por los idiomas aborígenes de su país. “Me preocupa mucho la conservación de los otros idiomas. Me encanta el nahuatl y la mitología azteca. Pero primero, el español”.

En la parte final de su comparecencia, Fernando del Paso confesó que leyó El Quijote por primera vez “siendo muy chiquito, con diez o doce años nada más. Lo he leído después muchas veces y siempre me ha sorprendido la riqueza del lenguaje y que la seriedad del libro, porque es un libro muy serio, se llevase tan bien con el humor. Aprendí que el humor y la literatura no están reñidos”.

También declaró que el escritor que desató su vocación fue Miguel Hernández. “Los sonetos de El rayo que no cesa me inspiraron para atreverme a escribir mis primeros versos. Así comenzó mi carrera literaria. Pero hay otros muchos autores españoles que me interesan desde siempre, como los dos Machado, Gabriel Miró, los hermanos Goytisolo, Cela, Valle-Inclán, Menéndez Pelayo, Gómez de la Serna y, por supuesto, los clásicos del Siglo de Oro, de los que me alimento cada vez que vuelvo a ellos”.

Y con esa declaración de amor y entrega, Fernando del Paso, secándose la frente con su pañuelo de raso y posando ante los fotógrafos como un dandi sabedor de su poderío, se levantó de la sala para dirigirse hacia el Instituto Cervantes, en donde depositó un legado secreto, “nada que no tenga que ver con mi personalidad y mi obra”, que, según propia voluntad, no será abierto hasta dentro de cien años. Figura y genio.