El universo de Ephron tiene precisamente grandes dosis de Nueva York, de humor y de relaciones de pareja. También de confesiones a calzón quitado. Confesiones de su entorno contadas con gracia y en las que por lo general ella suele salir la peor parada. Con una confesión empieza su novela Se acabó el pastel: se acaba de enterar, embarazada de siete meses, que su marido tiene un amante. El libro fue un éxito de ventas cuando se publicó en 1983 (Anagrama lo editó en España al año siguiente y lo ha reeditado ahora) y en dicho éxito tuvo que influir forzosamente que los lectores sabían que detrás de la protagonista desgraciada y el adúltero incorregible estaban la propia Nora Ephron y Carl Bernstein, uno de los reporteros que destapó la trama del escándalo Watergate.

Una obra que nace del dolor pero sin dejar de tomarse todo un poco a guasa. “Me aterraba entonces pensar que iba a ser de mis hijos y de mí”, escribiría muchos años después de su aparición. La narradora / protagonista / autora se declara herida, enfadada, humillada, estúpida e infeliz pero lo dicho: no puede parar de hacer chistes. De la reflexión grave a la ocurrencia cachonda sin cambiar de párrafo. “Intente usted volar con un niño en cualquier avión si quiere experimentar una sensación parecida a la de ser un leproso en el siglo XIV”, dice mientras se declara superada por la pena de coger un vuelo sola con su hijo. La trama es mínima –que viene a ser: le perdono o no le perdono esta infidelidad– y al mismo tiempo es suficiente para mostrarse tremendamente mordaz con las amarguras y miserias de la situación. “Una de las cosas que tengo que decir de las crisis matrimoniales es que la gente te da muchos abrazos cuando las cuentas”.

Casi al final le pregunta una amiga por qué cree que debe convertir todo en un relato. Lo escribe concretamente en esta novela pero lo demuestra también en sus libros de ensayos. “Porque si cuento la historia, domino la versión. Porque si cuento la historia, puedo hacer reír; y prefiero que se rían a que tengan lástima de mí. Porque si cuento la historia, no me duele tanto. Porque si cuento la historia, puedo soportarla”.

Dos años antes de fallecer por una leucemia en 2012, Ephron publicó No me acuerdo de nada. Una vez más dolor y pena entre risas. Textos con la sencillez, honestidad y encanto marca de la casa pero trufados de la nostalgia del que se despide. Con este libro la guionista y directora de Tienes un e-mail y Algo para recordar hizo lo más parecido a un balance de vida. Un destilado de sus temas y pasiones desde la última vuelta del camino: el periodismo, el cine, las recetas de cocina, Manhattan… También el divorcio y la vejez (“tomas tantas pastillas por la mañana que no te queda hueco para desayunar”).

Es imposible no caer rendido a su talento cuando se centra en sus problemas de memoria, en sus fracasos (“Del fracaso se aprende. Ojalá fuera cierto. Yo creo que la enseñanza principal de un fracaso es que es muy posible que vuelvas a tener otro fracaso”) o de la relación con sus padres (“los padres alcohólicos son muy desconcertantes. Son tus padres, y por eso los quieres; pero son unos borrachos, y por eso los odias. Pero los quieres. Pero los odias”).

Es difícil no dejarse seducir por su escritura cuando rememora sus inicios como reportera o cuando se felicita por no heredar una fortuna que parecía segura. O cuando recuerda las alegrías y disgustos que trajo consigo que el pastel de carne de un restaurante llevara su nombre y empezara gustando y luego no tanto. Es una delicia su disección en seis fases de la irrupción en nuestras vidas del correo electrónico y es una pena que no le diera tiempo a hacer algo similar con Twitter o Instagram.

Aquella noche en Nueva York mis hijos se sumaron a la ovación del público después del orgasmo simulado. Ya es inevitable: cuando algún día lean a Ephron o vean alguna de sus películas, la asociarán con un verano y una ciudad inolvidables. Y con un orgasmo.


No me acuerdo de nada

Nora Ephron

Traductor: Catalina Martínez Muñoz

Editorial Libros del Asteroide

176 páginas

18,95 euros

Se acabó el pastel

Nora Ephron

Traductor: Benito Gómez Ibáñez

Editorial Anagrama

208 páginas

18,90 euros