Desde el inicio, el libro se ocupa de despejar un malentendido. El título podría sugerir una esencia americana expresada en verso, una voz común que atravesaría la poesía del continente. Dobry rechaza esa idea. América no es una unidad: es un conjunto de tradiciones dispares que, sin embargo, comparten ciertas preguntas persistentes. Si algo las vincula, no es una identidad previa, sino la experiencia de escribir en lenguas heredadas —inglés, castellano, portugués— llegadas de Europa junto con leyes, instituciones y modelos culturales ajenos. Lenguas que, al enfrentarse con paisajes, cuerpos e historias nuevas, se vieron obligadas a estirarse, «contaminarse», transformarse desde dentro.
Esa transformación es uno de los hilos más fértiles del libro. América en sus poetas puede leerse también como la celebración de una modernidad poética que no podía darse en Europa en esos mismos términos. En el ámbito del español, Rubén Darío ocupa un lugar decisivo: su revolución formal no fue un ejercicio ornamental, sino una operación de calado. Al asimilar influencias múltiples y contradictorias, liberó la versificación castellana de una tradición cerrada sobre sí misma. España —“amurallada de españolismo”, como él mismo dijo— no podía hacerlo; América sí.
El método del libro responde a esa misma lógica. Dobry no construye perfiles exhaustivos ni biografías ejemplares. Prefiere detenerse en libros que abren caminos: la Filosofía de la composición de Edgar Allan Poe, Hojas de hierba de Walt Whitman, Trilce de César Vallejo. La cartografía se organiza a partir de obras que producen un desplazamiento, no de autores entendidos como monumentos. De ahí también las ausencias deliberadas y los énfasis inesperados: no todo lo importante es lo más citado, ni todo lo central ocupa el centro.
Poe y Whitman funcionan como polos inaugurales. En el primero, la poesía se afirma como artefacto autónomo, liberado del mandato moral; en el segundo, el poema se expande hasta convertirse en una forma democrática de decir el mundo. Enumeración, parataxis, acumulación: la igualdad no es solo un tema, es una forma. Esa invención prosódica viaja y reaparece, transformada, en Darío, en Neruda, en poéticas posteriores donde lo lírico y lo político se entrelazan sin convertirse en consigna.
Uno de los aciertos del libro es mostrar que, en América, lo político no entra en el poema como discurso externo, sino como presión interna: en el tono, en el cuerpo, en la memoria. La historia irrumpe como herida, como resto, como exceso. Desde los giros de Darío hasta las escrituras extremas de las últimas décadas, la poesía no se limita a reflejar los acontecimientos: los procesa formalmente, los vuelve experiencia verbal.

Edgardo Dobry. Por Nekane Arcusa – Trabajo propio, CC0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=182198145
Esa red se amplía cuando el libro se adentra en zonas menos transitadas. Junto a nombres canónicos, aparecen poetas cuya obra ha sido decisiva sin haber alcanzado una circulación masiva. La inclusión de figuras como Tamara Kamenszain o Daniel Samoilovich no cumple una función compensatoria, sino estructural. En sus escrituras, la poesía dialoga con la crítica, la biografía, la ciencia, la historia económica o la vida animal, desbordando los límites tradicionales de lo lírico. América se piensa también desde ahí: desde una curiosidad que no reconoce jerarquías estables entre saberes.
En este sentido, América en sus poetas no es solo un ensayo de lectura, sino una herramienta para leer. En un presente marcado por disputas identitarias, por simplificaciones geopolíticas y por una tendencia a reducir la literatura a emblema, propone otra cosa: atención, comparación, paciencia. La tradición no es un museo ni un linaje fijo, sino una selección en disputa permanente.
No resulta casual que ese gesto tenga resonancias actuales. Los viejos debates interamericanos —la relación entre el Norte y el Sur, entre poder, cultura y lengua— reaparecen una y otra vez bajo nuevas formas. Las reflexiones de Darío o Rodó no pertenecen a un archivo muerto: siguen ofreciendo claves para entender cómo poesía, ensayo y política llevan más de un siglo entrelazándose en el continente.
Al cerrar el libro, queda la impresión de haber recorrido un territorio vasto sin haberlo agotado. Esa es, quizá, su mayor virtud. La cartografía que propone Dobry no aspira a la conquista ni al cierre académico, sino a la conversación. Con los muertos y con los vivos. Con los libros que nos preceden y con los que aún no sabemos leer del todo. Un mapa para orientarse, sí, pero también para seguir perdiéndose con provecho.
América en sus poetas. Una cartografía lírica del continente. Edgardo Dobry. Taurus. 272 páginas. 20,90 euros. Disponible en papel y ebook.
Sobre el autor
Edgardo Dobry (Rosario, Argentina, 1962) ha publicado los libros de poesía Cinética (Buenos Aires, Tierra Firme, 1999; Madrid, Dilema, 2004), El lago de los botes (Barcelona, Lumen, 2005), Cosas (Barcelona, Lumen, 2008), Pizza Margarita (México, Mangos de Hacha, 2010), Contratiempo (Buenos Aires, Adriana Hidalgo, 2013; contó con la beca Guggenheim Foundation) y El parasimpático (Barcelona, El Club Editor, 2021; Premio Ciutat de Barcelona).
Como ensayista es autor de Orfeo en el quiosco de diarios; ensayos sobre poesía (Buenos Aires, Adriana Hidalgo, 2007), Una profecía del pasado: Lugones y la invención del «linaje de Hércules» (Buenos Aires, FCE, 2010), Historia universal de Don Juan; creación y vigencia de un mito moderno (Barcelona, Arpa, 2017) y Celebración: a través de la poesía americana (Barcelona, Trampa/Intervenciones, 2022). Ha traducido a Sandro Penna, William Carlos Williams y John Ashbery, entre otros poetas.
Es profesor del Departamento de Filología Hispánica, Teoría de la Literatura y Comunicación de la Facultad de Filología y Comunicación de la Universidad de Barcelona; y enseña también en el Máster en Creación Literaria de la UPF. Dirige, junto a Nora Catelli, la colección Intervenciones de la editorial Trampa.














