Hernán Zin (Buenos Aires, 1971), hijo del exsenador y ministro italiano Claudio Zin, ha focalizado su labor profesional en el ámbito de los derechos humanos, los conflictos armados y el medio ambiente trabajando en más de 80 países de África, América Latina, Europa y Asia.
A los veintidós años se fue a vivir a Calcuta, donde además de escribir su primer libro y debutar como documentalista, creó hogares para niños de la calle. En aquella ciudad surgió «Vida y muerte en la estación de Calcuta» largometraje cuya segunda parte protagonizó Penélope Cruz y en la que participaron los músicos Nacho Cano y Alejandro Sanz.
Autor de libros publicados en veinte países, Zin reside en Madrid desde 1998, aunque en 2002 vivió un año en Camboya para realizar una investigación sobre el abuso de menores que fue punta de lanza de una iniciativa que llevó a decenas de pederastas europeos a prisión.
En 2018 estrenó Morir para contar, película ganadora en el Festival de Montreal, en la que rinde homenaje a otros reporteros de guerra. Entre ellos, compañeros que luego perderían la vida como David Beriain, Roberto Fraile y Ramón Lobo.
Como él mismo señala el documental que ahora presenta, Todos somos Gaza, es una arriesgada apuesta cinematográfica por cuanto al no poder oficialmente entrar y filmar en Gaza (nadie ha podido hacerlo desde 2023), fue un grupo de decididos cineastas palestinos, -por él dirigidos-, los que asumieron el reto y rodaron su propio genocidio. Lo hicieron con un coraje, un compromiso y una poesía visual que emociona y sorprende. «Es como si alguien hubiese tenido una cámara en Auschwitz», señala el cineasta, nominado por cuarta vez a los Goya, como también lo ha sido en los Emmy, Grammy Latino, Forqué y Platino.
«Este reconocimiento llega en un momento durísimo para Gaza, sin que las ONG puedan entrar, con un invierno muy crudo y con el cincuenta por ciento del territorio de la franja aún en manos israelíes”, afirma el director. «Así que no puedo más que agradecer esta nominación que nos ayuda a no dejar de hablar de Gaza, pues ese es uno de los fines de la película. Tenemos que seguir levantando la voz para que Gaza no desaparezca. Si no lo hacemos, en menos de un año la franja podría haber desaparecido».
Antecedentes

Entre los conflictos que ha abordado Hernán Zin (Nacido en Siria, Nacido en Gaza, Morir para contar) ha documentado la masacre y violación de los derechos humanos perpetrada en Gaza durante los últimos años.
Este documental tuvo su génesis en 2014, cuando rodó Nacido en Gaza, que también consiguió la nominación a los Premios Goya en 2015. El largometraje retrataba la vida de diez niños y niñas durante la anterior ofensiva israelí. Desde su estreno aquella propuesta logró un amplio eco internacional y se convirtió en uno de los testimonios más clarividentes sobre la cruel realidad de aquel territorio.
Diez años después, la misión era buscar a aquellos pequeños (ahora adolescentes o adultos) que se convirtieron en una referencia para millones de personas en el mundo y que humanizaron a los habitantes de Gaza. Una vez que el equipo los encontró, pasaron meses a su lado, documentando cada desplazamiento forzoso, cada bombardeo, cada pérdida…
Lo que ahora vemos nos acerca, una década después, a Bisan (una joven de 18 años) que quiere ser periodista y como puede prepara los exámenes para la universidad a pesar del genocidio. A Udai (22 años), que en la primera película había perdido a un hermano, en esta pierde a dos, pero a pesar de la tragedia se quiere casar con una chica que conoció en una escuela de la ONU o Mohamed (también 22 años), que en la primera película recogía basura para sobrevivir y ahora sigue luchando para dar de comer a sus hijos en medio de la hambruna.
«Los tres son un ejemplo de resiliencia, dignidad y coraje como no he visto en los treinta años que llevo rodando en zonas de guerra. Son todo un ejemplo para la humanidad», sentencia Zin.
Cineasta, escritor, periodista, productor… ¿En qué ámbito se mueve más cómodo?
Me siento un contador de historias que intenta responder a determinadas cuestiones. Cuando una pregunta me remueve intento afrontarla, ya sea como libro, como película o como reportaje. Es verdad que me he decantado mucho por el cine porque creo que así logro más impacto, ya sea en el plano social como en el político. El cine documental es una gran herramienta para llegar a millones de personas si logras que confíen en ti. Me encuentro muy cómodo escribiendo libros, de hecho he escrito tres sobre Gaza, pero es evidente que las películas logran mucho mayor impacto.
¿El cine como herramienta de denuncia?
Si, por supuesto. El arte como acto de resistencia. Con lo que hago busco ser fiel a la verdad y humanizar con el objetivo de aportar algo en la búsqueda de un mundo más justo. Me gusta estar sobre el terreno, por muy duro que sea, para contar de primera mano. Además, conociendo a todas esas personas siento que me hago mejor como individuo.
Imposible no salir abochornado de la visión de Todos somos Gaza. Entre el documental de 2014 Nacidos en Gaza a éste, la situación ha ido cuesta abajo…
Creo que es muy acertada la palabra abochornado. Es un término perfecto para describir aquello. Yo llegué a Gaza en 2006 cuando se produjo la primera gran ofensiva israelí. Entonces me sorprendió muchísimo la gran cantidad de niños que llegaban muertos o muy mal heridos a los hospitales. Ni siquiera en el Congo había visto algo así. Comprendí que la infancia era un objetivo claro. Hay que considerar que en Afganistán hubo un cuatro por ciento de civiles muertos. En Ucrania un dos por ciento. En Gaza, según el ejército israelí, el número de fallecidos entre la población civil ronda el ochenta por ciento. ¡El ochenta por ciento! Y esos son datos de los propios israelíes con lo que las cifras reales muy probablemente son mucho más altas. Aunque resulte difícil de asumir, en los dos últimos años han sido asesinados casi cuatrocientos mil niños. Es evidente que la situación ha ido a peor.
No duda usted en definir como genocidio lo que está ocurriendo. ¿Es así?
Por supuesto. Pero querría matizar que este genocidio tiene momentos álgidos y otros más de meseta. Hay picos y valles, pero cuando no están bombardeando la gente sigue muriendo, ya de hambre, por falta de asistencia sanitaria o de agua potable como consecuencia del bloqueo. Estamos ante un genocidio en Gaza que se lleva cociendo a cámara lenta desde hace veinte años pero que ahora, en los últimos dos, se ha acelerado. Han decidido ir a por todas y lo están haciendo. Cualquier persona que pise el terreno asiste con incredulidad a tanta barbarie. Estamos ante un bochorno colectivo. Hablamos, por tanto, de crímenes y criminales de guerra. Creo que los que se quedan en la discusión semántica de si estamos ante un genocidio u otra cosa, no ha visto lo que está ocurriendo o es un mentiroso o un manipulador. Es un genocidio atroz, muy bien planeado y que ha ido subiendo la temperatura hasta que los lamentables atentados de Hamas del 6 de octubre sirvieron de excusa para entrar a saco.
Como la película refleja en sus primeras escenas los propios ministros decían que había que matar hasta el último niño en Gaza. Lo anunciaron y lo están cumpliendo. El objetivo final es que Gaza sea para Israel y después también Cisjordania, el sur del Líbano y, si pueden, también parte de Siria. Lo van a cumplir porque tienen el poder económico y el silencio de una gran parte del mundo. Además, terriblemente, el ochenta por ciento de la población israelí está a favor de esa intención. Los políticos extremistas israelís han logrado construir una sociedad enferma y extremadamente militarizada que manifiesta un odio atávico a quien no es judío. No existe, en la mayor parte de la población, el concepto de estado multicultural donde cada ser humano cuente. Impera una consigna claramente racista. Es terrible que esto esté sucediendo en pleno siglo XXI. Pero es así.
¿Por qué cree usted que una parte importante del mundo civilizado mira hacia otro lado? ¿Cuál es la razón íntima para ese silencio?
Esta es una cuestión muy difícil de responder aunque tengo que decir que mucha gente, especialmente entre la población mundial joven, se ha volcado con la película que ha sido la película más vista en determinadas plataformas. Recibí miles de mensajes en este sentido. Creo que se dan varios factores para el silencio entre los que no hay que olvidar, entre la gente de más edad, el tema de la culpa consecuente a la barbaridad del Holocausto. Por supuesto en primer término hay que hablar del gran poder económico. Diecisiete de los mayores fondos de inversión a nivel internacional están en manos de prosionistas. También gran poder en los medios de comunicación. No tienen ningún reparo a la hora de controlar la narrativa, y un gran loby en Bruselas que se está extendiendo, llegando incluso a España un país en el que el tema era visto con ecuanimidad. Era un ejemplo pues se hablaba claro de la cuestión cuando hay otros muchos países, como Argentina, en el que no se puede mencionar el tema.
Hay otro factor importante que no debe olvidarse y es el apoyo en Estados Unidos de los evangélicos y el movimiento MAGA que tienen allí un enorme poder. Grupos que pagan campañas presidenciales y después presionan y amedrentan. Los políticos que se muestran contrarios al loby israelí saben que tienen los días contados. Esa es la realidad. Tampoco hay que ignorar el enorme poder militar. Todo lo que se está utilizando y probando en Gaza se exporta. Si en la primera guerra en 2006 se probaron los drones, ahora ya forman parte de cualquier conflicto armado. Hoy se está probando la inteligencia artificial, el reconocimiento facial y el de voz para dirigir los bombardeos, etc. Es una tecnología que mueve mucho dinero. Hay tantos factores económicos y políticos que la gente tiene miedo a hablar. Pero la realidad es que la inmensa mayoría de las personas está a favor de la existencia de un estado palestino. Incluso en Estados Unidos hay muchos judíos que ven la cuestión con horror y ecuanimidad y, de alguna forma, están a favor de la creación de un estado palestino. Pero hay una gran desigualdad en la lucha entre los que rechazan lo que está ocurriendo y quienes a través del poder y el dinero, lo sostienen.
Tras todo lo que ha vivido para escribir libros y rodar documentales sobre Gaza, ¿qué le ha provocado más desolación?
Sin duda la tragedia de la infancia. He pasado meses y meses viendo como llegaban a los hospitales y a la morgue niños y niños muertos o terriblemente heridos. Nunca había visto nada así a lo largo de mi experiencia en otros conflictos y guerras. Llevo dentro de mí un trauma que sé que no voy a poder superarlo nunca. Y los pequeños que sobreviven lo hacen conviviendo con el horror y el pánico de sentir las bombas sobre sus cabezas. Niños sin escolaridad, niños abandonados, huérfanos, sin nadie. Parece que exagero, pero es inimaginable lo que allí está sucediendo pues se llega a concluir que la infancia es el primer objetivo de esta tragedia.
¿No le resulta paradójico, como refleja el documental, que las víctimas aludan continuamente a dios?
Es un tema muy interesante sobre el que he reflexionado. En mi opinión hay varias explicaciones. La primera es que en el ámbito de la zona se utiliza casi como coletilla semántica la alusión religiosa. Es verdad que en 2006 aquella Gaza vivía una situación social más liberal, diversa y agnóstica. Pero han recibido tantos golpes que muchas personas se aferran a la religión como una especie de asidero. Es muy comprensible de cara a sobrellevar una situación tan extrema.
En relación con las víctimas se manejan distintas cifras, ¿pero cuales son las que usted considera más ajustadas a lo real?
Están perfectamente documentado el fallecimiento de 320 periodistas. Hay que tener en cuenta que el ministerio de salud de Gaza sólo cuenta la gente que llega a los hospitales por lo que las cifras ‘oficiales’ son muy bajas y no son reales. Además, como señalan los expertos, en este tipo de conflictos por cada muerto hay quince personas con graves problemas colaterales (depresiones, falta de agua potable, asistencia sanitaria y de medicamentos, suicidios, hambre, etc.) la inmensa mayoría de las cuales acaba por morir. Las cifras que manejan quienes tienen gran experiencia en el tema, como Francesca Albanese, relatora de la ONU sobre derechos humanos en los territorios palestinos ocupados, hablan de 680.000 muertos, casi un tercio de la población, y aunque parezca inimaginable, en torno a 400.000 niños. La propia Albanese afirma que no puede hablarse de un conflicto palestino-israelí, como algunos se empeñan en sostener, porque las posiciones de ambos son estructural e históricamente desiguales y cuando hay una parte que ocupa, saquea y oprime, la otra es ocupada, saqueada y oprimida.
Por otra parte, hay zonas absolutamente bombardeadas y cubiertas de unos escombros que no sabemos lo que albergan debajo. Nadie lo sabe, pero seguramente estamos hablando de miles y miles de personas que no están contabilizándose. A esos territorios arrasados no se permite la entrada de la prensa. También se habla de más de 2.500 linajes familiares que han desaparecido, han sido totalmente borrados de la tierra, y las familias palestinas suelen estar formadas por muchas personas. Por eso considero que, aunque parezca una cifra monstruosa, creo que tenemos que hablar, de momento y ls cifras siguen aumentando cada día, de 680.000 muertos.
Finalmente, cuando se le pregunta a Hernán Zin las razones que hacen más que aconsejable la visión de su documental el cineasta alude lacónico que conviene verla “porque esto a lo que estamos asistiendo es lo que nos va a tocar a nosotros en el futuro”. Y añade: “Gaza es la punta de un iceberg que ratifica que con dinero se puede hacer lo que se quiera y sin consecuencias. Hablamos de un genocidio como el que estamos viendo, pero después, si no actuamos, tendrá que ver con la vivienda, con la sanidad, con la educación… Se está construyendo un mundo en el que el capital vale más, mucho más que las personas. Hay cien mil individuos que acaparan el noventa por ciento del dinero del mundo. Esa concentración hace que puedan hacer lo que quieran. Por eso todo somos Gaza. Hay que luchar contra la impunidad que allí se ha establecido y hay que hacerlo por el bien de la humanidad”.















