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“En la época del Imperio los tapices fueron más importantes que la pintura”

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Fernando Checa (Madrid, 1952), director del Museo del Prado entre 1996 y 2001 y profesor de Historia del Arte en Universidad Complutense de Madrid, es el comisario de la exposición Tapices Flamencos para los Duques de Borgoña, Carlos V y Felipe II que tiene lugar en Gante (Bélgica). Checa recibe a hoyesarte.com en la Abadía de San Pedro de Gante donde, hasta el 29 de marzo de 2009, se exhibirá esta muestra, la más importante realizada hasta la fecha sobre la historia de los tapices.

¿Cuál es la época dorada del género?

Creo que hay dos épocas doradas del tapiz, que se pueden ver en esta exposición: la de finales del siglo XV y primera mitad del XVI, que luego decae porque numerosos talleres sufren las consecuencias de las terribles guerras de Flandes. En esa época de crisis desaparecen muchos talleres, no se compra tanto y la producción decae, perdiéndose en gran medida esa tradición artística. Una segunda época, completamente distinta, tiene lugar en Francia durante el reinado de Luis XIV. En ésta triunfa el estilo barroco y los talleres son totalmente distintos. Después, hay un tercer momento, ya en el siglo XVIII, con la Real Fábrica de Tapices de Madrid y Goya, con los cartones del Prado y todos los palacios borbónicos decorados con tapices del aragonés. La primera época es la que considero más espectacular.

¿Cómo es su proceso de creación?

Primero se hace el petit patron, que es un esbozo, esto es lo más importante porque es la idea. Sobre el petit patron se hace el cartón, que realiza el artista o su taller a escala 1/1. Después, sobre este cartón, el tapicero va tejiendo.

¿Qué prototipo de artista realizaba los cartones?

Son autores que a veces pintan y hacen tapices y otras casi solamente hacen tapices. Los más importantes son van Orley, pintor muy importante del Renacimiento de Bélgica y pintor de cámara de Margarita de Austria que además de pintar, género por el que es más conocido, hace muchísimos cartones para tapices. El segundo a destacar sería Vermeyen por los cartones de la serie de Túnez, y luego ya habría que destacar, ya en la época de Felipe II, a Pedro de Campaña. Pero entre los pintores convencionalmente importantes que también han hecho cartones están Goya y Rubens, con la serie de la Eucaristía del Prado, la de Aquiles y Alejandro o la de Decio Mus. Al revés es mucho menos habitual.

¿Quién tiene más importancia en el proceso: el artista que crea la idea y el petit patron o el tapicero que la lleva a cabo?

Es muy difícil saberlo porque normalmente los que bordaban eran anónimos. En algunos tapices se nota que eran muy buenos porque se aprecia la calidad, resisten y a veces supera ver el tapiz al cartón. En el caso de Goya es justamente lo contrario. Era un gran artista que no se adaptó al arte de la tapicería y desesperaba a los tapiceros de la Real Fábrica de Tapices de Madrid porque no podían conseguir los matices que él conseguía en sus cartones. Si pones el cartón de Goya junto al tapiz éste directamente se cae. Esto no sucede con los que vemos en esta exposición porque los tapiceros flamencos eran los mejores del mundo y conseguía una “supercalidad” tanto en los matices de los colores como en la perspectiva.

Entonces, ¿cuál era el papel del tapicero?

Era una de las figuras más importantes del proceso. Hasta hace 30 o 40 años se ha pensado que era el que hacía materialmente esto… o dirigía el taller desde un punto de vista artesanal o artístico. Pero no es así. El tapicero era como un productor, es decir, era el que entraba en contacto con el coleccionista, era el que entraba en contacto con el artesano, el que tenía el local para hacer los tapices y el que compraba el oro, la seda, etc. Hacía una inversión enorme a su propio riesgo.

¿Tienen estos tapices un carácter nacional?

Estos tapices no eran de propiedad nacional ni estaban ligados a un Estado. Esa idea no existía. Eran propiedad particular de una familia, en esta caso de los Habsburgo. Los que ahora están en Madrid eran tapices propiedad de Carlos V y su hermana María de Hungría que se llevaron consigo cuando en 1555 volvieron a España. Un hecho muy curioso es que Carlos V también tenía derecho a llevarse los tapices de sus abuelos y bisabuelos, los duques de Borgoña, porque los había ido heredando, pero, sin embargo, consideró que pertenecían cultural e históricamente a Borgoña y los dejó en Flandes.

¿De dónde procedían los materiales para realizarlos? ¿Tenían algo de España?

Si llevaban algo de España era la lana de Castilla y la seda de Granada. Los tapices más ricos estaban hechos con oro, plata, seda y lana.

¿Cuál es la temática más frecuente?

Menos el retrato existe de todo. Son historias que pueden ser religiosas, mitológicas, alegóricas o temas de guerra, como la serie de Túnez, Pavía o la Fundación de Roma. La guerra es muy importante.

¿Esta exposición es la más importante que se ha hecho de tapices?

Aquí, en Bélgica, posiblemente sí. Se han hecho exposiciones muy grandes, por ejemplo cuando se hizo la serie de Los Honores, con nueve grandes tapices restaurados, pero una elaboración de la historia con tantos tapices como ésta creo que no se ha hecho nunca. En Bélgica seguro que no, pero en España tampoco. Ni siquiera las de Europalia de 1985.
Una de las razones es que no es tan fácil encontrar un sitio donde exponer estos tapices. Al principio pensé que se podían traer hasta 50, pero son 34 y ha habido algunos que no han cabido. Otra de las razones es la dificultad para restaurarlos. Su recuperación es complicada y muy lenta, pudiendo llevar años. Por cierto, todos los que aquí vemos están restaurados, aunque no sólo para esta ocasión. Por eso se exponen los que se han ido restaurando en los últimos quince o veinte años.

¿Qué se necesita para restaurar más tapices?

Más dinero. Bueno, más dinero y saber utilizarlo, saber lo que hay que hacer. Hay especialistas y conservadores suficientes en España y fuera de España que saben lo que tienen que hacer. Ahora se está comenzando a construir frente al Palacio Real de Madrid el Museo de Colecciones Reales y gran parte de su superficie se va a destinar a tapices. Cualquiera de los tapices que se muestran en estas salas podría perfectamente estar expuesto en el Museo del Prado.

¿Qué destacaría de los tapices que ha prestado Patrimonio Nacional para esta exposición?

Su colección reúne alrededor de mil tapices que si se unieran uno con otro medirían 50 kilómetros de largo. Lo que vemos aquí es la punta del iceberg.

¿Qué supuso el tapiz para la época de la que hablamos?

La mejor definición de tapiz la dio un belga a finales del XIX que los llamó “los frescos móviles del norte”. En Italia no había tantos tapices porque para decorar las grandes superficies de iglesias o palacios se pintaban frescos, una moda que va a aparecer muy tarde en Europa. Mientras tanto, para decorar y transmitir suntuosidad se utilizaron los tapices. Por otro lado, en algunos casos es importante la idea de crónica. Cuando Carlos V fue a la guerra en Túnez no sólo se llevó soldados, también le acompañó un cosmógrafo y un pintor. Tuvo la idea de llevarse a alguien que inmortalizara la campaña. De esta forma, cambia la idea de representar la guerra. Ésta venía siendo representada como una cosa caballeresca, muy idealizada; sin embargo, la serie de Túnez es una crónica, incluso son muy importantes las inscripciones de cada tapiz. Esto es una cosa radicalmente nueva, casi de película, y es uno de los elementos más importantes de esta serie.

¿Se podría decir que es la obra más importante?

De todos los intentos artísticos de Carlos V, la serie de Túnez es el más importante, el de mayor envergadura, el más caro, el más grande, el que le llevó más tiempo. Es, sin duda, la gran obra artística del momento.

¿En qué situación se encuentra el género en la actualidad?

En la actualidad, este género no está tan en boga o se tiene tan en cuenta como la pintura o la escultura, pero ese es un criterio moderno. Si nos trasladamos a la primera mitad del siglo XVI, salvo en Italia, son más importantes los tapices que la pintura o la escultura. Carlos V podía tener 10 o 12 pinturas y 300 tapices, eso nos da la idea de su importancia.

  

Gante (Bélgica). Tapices Flamencos para los Duques de Borgoña, Carlos V y Felipe II. Kunsthal Sint-Pietersabdij (Abadía de San Pedro).
Hasta el 29 de marzo 2009.
Comisario: Fernando Checa.

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