Desde el uso del claroscuro y el color como fundamentos de la representación de la figura y del espacio, hasta una atención a la naturaleza más directa que la que proponía la tradición clásica, de concepción más idealista, la muestra pretende demostrar cómo los medios específicos de la pintura veneciana plantearon una idea de belleza plenamente renacentista al mismo nivel, y a veces incluso superior, a lo que se hacía en Roma, Parma o Florencia.

El visitante se va a encontrar, en palabras de Fernando Checa Cremades, comisario de la muestra, con “el panorama de cómo Venecia construyó una idea de pintura basada en el color”. Para ello se aborda este foco artístico, esencial para la comprensión de la historia de la pintura, desde una meditada selección de temas ejecutados por los maestros que le dieron fama universal, en lugar de hacerlo desde el ámbito cronológico o estilístico.

Para ello se ha seleccionado un extraordinario conjunto de pinturas, y algunas esculturas, grabados y libros procedentes de colecciones privadas y museos como la Galleria dell´Accademia de Venecia, el Museo del Prado, la Fondazione Accademia Carrara de Bérgamo, el Palazzo Pitti de Florencia, el Kunsthistorisches Museum de Viena, la Galeria degli Uffizi de Florencia, la Biblioteca Nacional de España, el Musée du Louvre de París o la National Gallery de Londres.

La exposición está organizada siguiendo un recorrido temático a lo largo de ocho secciones: Entre Oriente y Occidente: la ciudad más bella del mundo; Venecia y el sueño del clasicismoBelleza y melancolía del Renacimiento veneciano; Imágenes venecianas de la mujerEl brillo del poderPastorales venecianasEl ocaso del Renacimiento, y Destrucción de la pintura. En ellas, “están representados todos los grandes nombres de la Escuela Veneciana, pero hay que hacer especial mención en Tiziano y Veronés”, resalta Mar Borobia, jefa del área de Pintura Antigua del Museo.

Tras siglos de mirar a Oriente, la caída de Constantinopla a manos de los turcos en 1453, la derrota de la Serenissima Repubblica en Agnadello en 1509 contra las fuerzas de Luis XII de Francia y el desplazamiento de las rutas comerciales tras el descubrimiento de América en 1492, cambiaron la geografía política, económica y comercial de Europa. Todo esto hizo que Venecia corriera el peligro de quedar en una posición periférica, pero, sin embargo, empezó un despertar artístico, especialmente en pintura y arquitectura, que colocó a la ciudad en el centro del debate.

Venecia comenzó a crear su propia idea de belleza y se convirtió en la principal alternativa a los paradigmas estéticos florentinos y romanos encabezados por Rafael Sanzio y Miguel Angel Buonarrotti. “La creación de belleza que aparece en el título hace referencia a cómo Venecia va a idealizar la imagen de su ciudad, de la naturaleza, del pasado clásico, de la mujer, del hombre a través de la exploración del color”, explica el comisario.

Mientras la corriente clásica o toscano-romana se caracterizaba por una mayor consideración hacia lo intelectual a través del dibujo (disegno), concebido previamente en la mente (idea), los artistas de la escuela veneciana eran superiores en el manejo del color y de los valores visuales y sensuales de la pintura. Pero el momento clasicista duró poco. En las obras tardías de Tiziano, Tintoretto, Veronés y Bassano se puede apreciar cómo cada uno de estos artistas experimentó un viraje hacia un tipo de pincelada suelta que no solo cuestionaba los valores del diseño como una de las partes esenciales de la pintura, sino la propia idea de la belleza renacentista basada en la idealización de la realidad.

“En el final de la exposición se puede ver esta pintura que se está autodestruyendo a sí misma”, explica Checa. Esta técnica servía para dotar de una mayor expresividad y vida a las figuras y los paisajes, a la naturaleza, algo típico del Barroco.