Pero no fue hasta dos años más tarde cuando se decidió a continuar visitando escuelas de arte y, al sentirse definitivamente atrapado por la idea, planificó conocer todas las escuelas posibles a lo largo de Inglaterra, Escocia y Gales durante el verano de 2012, y tras más de cincuenta escuelas publicó un libro con el archivo conseguido, que también tituló Art School.

Las pinturas surgen de las fotografías, pero no representan fielmente interiores “reales”. La fidelidad a lo real no interesa al artista que a veces mezcla material de distintas fotografías. Comparte actitud con su admirado pintor holandés del siglo XVII Pieter Jansz Saenredam, que pintó numerosos interiores de iglesias protestantes. Ambos utilizan la luz, crean y manipulan, resultando interiores singulares, ideas pictóricas. En Saenredam, Winstanley encontró un paralelismo con sus Art Schools.

Numerosos críticos se han referido a esta serie, entre ellos Nathan O´Donell, quien, ante la contemplación de estas pinturas, señala: “Mirando Art School 31 de frente se encuentra una pared vacía. Hay una sensación de quietud, abandono, inactividad, una sugerencia de encontrarse atrapado, de enclaustramiento, en esta geometría. Son obras que confían en lo implícito, imaginan en la ausencia. Podrían ser imágenes fantasmales, imágenes de las que el ser humano ha sido eliminado. Sin embargo no se percibe como un trabajo sin esperanza. Su confinamiento, su estricto contenido geométrico, es precisamente lo que proporciona a estas pinturas el sentido de su potencial energía”.