
Gregorio Marañón. Fotografía: © Javier del Real / Teatro Real.
En nombre del ministro, su secretario de Estado, Jordi Martí, ha indicado en la reunión que debía ser Marañón quien presidiera esta nueva etapa, y así lo ha propuesto a los miembros del Patronato. Tanto el alcalde como la presidenta de la Comunidad de Madrid y los demás patronos, presentes y representados, han apoyado la resolución, que ha sido aprobada por unanimidad.
Tras la votación, el presidente ha querido subrayar la importancia, para el proyecto, de su director general, Ignacio García-Belenguer; del director artístico, Joan Matabosch; y del director general adjunto, Borja Ezcurra, así como la fidelidad del público, sustanciada en sus 17.000 abonados, y la implicación de 150 empresas patrocinadoras, 250 mecenas privados y 13.000 miembros de la Fundación de Amigos del Teatro.
«El Teatro Real es la única ópera europea en la que las aportaciones públicas no sobrepasan el 35 % de su presupuesto, al que contribuye la sociedad civil con el 30 %, y el resto proviene de los ingresos generados por el propio Teatro, principalmente de taquilla», ha recordado Marañón.
Su prestigio, ha dicho el presidente, «no ha dejado de crecer, figurando hoy entre las más importantes óperas internacionales, al lado de La Scala, el Covent Garden o las óperas de París, Viena y Berlín», modelo en el que es esencial la labor de sus 400 «excelentes trabajadores» y el desempeño de su «magnífica orquesta y de su espléndido coro».
Martí ha señalado que situar en la primera división al Teatro Real, como está ahora, era muy difícil, pero que Marañón lo ha logrado con un sólido proyecto cultural, presidido por la estabilidad y el consenso y dando a su equipo autonomía en la gestión, unas garantías de buen hacer complejas de encontrar.
Desde su incorporación en 2008 al patronato del Real —en el que, desde su reapertura en 1997, se habían sucedido seis presidentes—, Marañón ha dedicado su trabajo a la reforma de su modelo institucional, que debió afrontar justamente en aquel año la crisis económica, con la drástica reducción de las subvenciones públicas, así como las dificultades y nuevos objetivos que planteó la pandemia.














