El veredicto llega después de varios días de presentaciones en las que nueve aspirantes defendieron sus proyectos culturales ante un comité internacional. Burgos, Jerez de la Frontera, Palma, Potries y Toledo quedan fuera de la siguiente etapa, aunque el jurado ha querido reconocer el nivel general de las propuestas, subrayando la diversidad y la vitalidad del panorama cultural español.
La presidenta del comité, Tanja Mlaker, destacó el carácter singular de las candidaturas, capaces de trazar un mapa cultural que combina identidad local y vocación europea. En su intervención puso el acento en la capacidad de las ciudades para proyectar sus desafíos y aspiraciones en un contexto internacional, así como en las conexiones ya establecidas con otras regiones del continente.
El órgano encargado de la selección está compuesto por 10 especialistas independientes procedentes de distintos países europeos, junto a representantes designados por el Ministerio de Cultura. Este equilibrio busca garantizar una evaluación técnica que tenga en cuenta tanto la dimensión europea del proyecto como su arraigo en el territorio.

Las cuatro ciudades finalistas deberán ahora afinar sus propuestas de cara a la decisión definitiva, prevista para diciembre. En esta fase, el comité elaborará informes detallados con recomendaciones específicas que servirán de guía para reforzar los expedientes. El proceso culminará con una nueva presentación pública en la que cada candidatura expondrá la versión revisada de su programa.
Más allá de la competición, la Capital Europea de la Cultura se concibe como un instrumento de transformación a largo plazo. El título implica la organización de un programa anual que articule la participación de artistas locales e internacionales, fomente el diálogo entre culturas y deje un impacto duradero en el tejido social y económico de la ciudad elegida.
Desde su creación en 1985 por la Comisión Europea, esta iniciativa ha distinguido a más de ochenta ciudades. En el caso español, urbes como Madrid (1992), Santiago de Compostela (2000), Salamanca (2002) o San Sebastián (2016) forman parte de una lista que refleja distintas maneras de entender la relación entre cultura y ciudad.
El proceso que ahora encara su tramo final no solo decidirá una sede, sino que pondrá a prueba la capacidad de cada proyecto para integrar tradición, innovación y proyección europea. En ese equilibrio se juega, en buena medida, el sentido contemporáneo de la capitalidad cultural.
El comité
El comité independiente está formado por 10 personas, ocho de ellas designadas por las instituciones europeas involucradas en la Capitalidad Europea de la Cultura y las otras dos por el Ministerio de Cultura. Se trata de Anthony Attard, de Malta; Csaba Borboly, de Rumanía; Roberta Ferrarini de Italia; Suvi Innilä, de Finlandia; Erni Kask, de Estonia; Tanja Mlaker, de Eslovenia; Matthias Ripp, de Alemania; Małgorzata Szabłowska, de Polonia, y los españoles Teresa Badia y Pablo Berástegui.















