Esa fotografía monumental sirve de punto de partida a Mitologías modernas. Ouka Leele & Co., la exposición que la Sala Alcalá 31 presenta hasta el 18 de octubre. Comisariada por Julio Pérez Manzanares, la muestra reúne más de un centenar de obras para estudiar un aspecto menos transitado del arte de aquellos años. Frente a las lecturas que han reducido el periodo a la Movida, la fiesta y la euforia de la modernidad recién conquistada, el proyecto dirige la mirada hacia el papel desempeñado por los mitos en la construcción de un nuevo imaginario.

Ouka Leele. «Rapelle toi, Barbara!» (1987). Museo de Arte Contemporáneo de Madrid. © Ouka Leele, VEGAP, Madrid 2026.
Durante la Transición, numerosos artistas encontraron en los viejos relatos una herramienta para hablar de una realidad que estaba cambiando a gran velocidad. Mirar hacia el pasado podía ser, paradójicamente, una forma de ensayar el futuro. A la mitología grecolatina se sumaron pronto otras narraciones nacidas de la cultura de masas, el cómic, los fanzines, la historia del arte, la vida urbana o la propia figura del creador.
El recorrido reúne a Ouka Leele, El Hortelano, Ceesepe, Carlos Franco, Sigfrido Martín Begué, Guillermo Pérez Villalta, Dis Berlin, Pablo Sycet, Carlos Alcolea, Miluca Sanz, Carlos Forns, Costus y Patricia Gadea, entre otros. Autores muy distintos que, contemplados desde este ángulo, revelan afinidades inesperadas. Sus obras permiten observar cómo la escena madrileña convirtió materiales procedentes de épocas y ámbitos muy diversos en un vocabulario propio.
Una nueva ciudad
La elección de Rappelle-toi, Bárbara! como eje de la exposición no es casual. La obra de Ouka Leele condensa tres procesos decisivos para comprender el arte de aquellos años. El primero fue la creciente importancia de medios como la fotografía y su aproximación a la performance. El segundo, la renovación de la pintura iniciada a mediados de la década anterior. El tercero, la recuperación del mito como repertorio visual y conceptual desde el que interpretar el presente.
La intervención en Cibeles reunió esos tres caminos en uno de los lugares más reconocibles de Madrid. La fuente dejó temporalmente de ser un monumento integrado en el paisaje cotidiano para transformarse en escenario. La ciudad real y la imaginada se superpusieron. Los personajes de una historia antigua reaparecieron en medio del tráfico y la arquitectura urbana, mientras la fotografía fijaba una acción concebida para desaparecer.
Ouka Leele había construido buena parte de su lenguaje a partir de cruces semejantes. Su fotografía dialogaba con la pintura, el diseño y la puesta en escena, al tiempo que incorporaba procedimientos capaces de desbordar la consideración tradicional de la imagen fotográfica. En sus trabajos, la realidad podía convertirse en ficción sin dejar de hablar de su tiempo.
La exposición sitúa esa práctica en un marco compartido por una generación que no entendió las disciplinas artísticas como territorios aislados. Pintura, dibujo, fotografía, diseño y lenguajes procedentes de la cultura popular circulaban de una obra a otra. La renovación no dependía únicamente de la aparición de nuevos medios, sino también de la libertad con la que se mezclaban tradiciones, referencias y formas de mirar.
Volver a los clásicos
La mitología ocupó un lugar destacado en ese proceso. Desde mediados de los años setenta, distintos artistas vinculados a la renovación plástica recurrieron a los relatos clásicos. Aquellas historias servían porque seguían siendo transformables. Podían desplazarse de época, cambiar de escenario y asumir nuevos significados.
Carlos Franco y Guillermo Pérez Villalta, vinculados a la Nueva Figuración madrileña, figuran entre los creadores para quienes ese repertorio tuvo una presencia especialmente significativa. Junto a ellos, autores asociados al llamado arte de los ochenta, como Dis Berlin o Pablo Sycet, ampliaron el campo de referencias. El mito dejó de ser solo un tema representado para convertirse en una manera de ordenar imágenes, deseos y experiencias.

Carlos Forns. «Jonás», 1985. Colección Carlos Forns Bada. © Carlos Forns. VEGAP, Madrid 2026.
En obras como Jonás, de Carlos Forns, los relatos heredados vuelven a adquirir presencia dentro de un contexto artístico que buscaba sus propias formas de expresión. Otras piezas trasladan esa misma voluntad hacia la historia del arte, la vida moderna o el espacio urbano. La muestra evita así presentar el fenómeno como una corriente homogénea. Su interés reside precisamente en comprobar hasta qué punto el impulso mitológico atravesó prácticas muy diferentes.
Para Pérez Manzanares, los mitos no permanecen inmóviles. Se transforman, cuentan otras historias o vuelven a narrar las mismas desde una perspectiva distinta. Esa capacidad de mutación explica su vigencia y también su utilidad para unos artistas que trabajaban en un país sometido a una profunda transformación cultural y social.
La España democrática aspiraba a incorporarse a la modernidad y Madrid se convirtió en uno de los principales escenarios de ese deseo. El arte participó activamente en la construcción de la nueva imagen de la ciudad. Los creadores no se limitaron a representar lo que ocurría a su alrededor. También contribuyeron a producir los relatos con los que aquella realidad sería recordada.
De los dioses a los fanzines
El título de la exposición adquiere todo su sentido cuando el recorrido abandona la mitología clásica y se adentra en otros relatos. A los héroes y figuras de la Antigüedad se incorporan los personajes del cómic, las imágenes de los medios de masas, las leyendas urbanas, el culto al artista y los grandes nombres de la historia de la pintura.

El Hortelano. Homenaje a Van Gogh, 1983. Blanca Morera. Colección particular herederos de El Hortelano. ©El Hortelano, VEGAP, Madrid 2026.
Ceesepe representa la irrupción de la cultura underground, el cómic y el fanzine en un territorio artístico que ya no podía explicarse exclusivamente desde las categorías tradicionales. Aquellos lenguajes aportaron imágenes, personajes y formas narrativas que terminaron integrándose en la cultura visual del momento.
En El Hortelano aparece otra clase de mitología. Homenaje a Van Gogh, de 1983, remite a la construcción romántica del artista y a una figura convertida por la historia en emblema de la creación, la incomprensión y el destino trágico. El pasado artístico se transforma de este modo en un repertorio tan disponible como las leyendas antiguas.
Sigfrido Martín Begué dirige la mirada hacia los mitos de la propia pintura y de la historia del arte. Obras como Santa Lucía, de 1985, revelan un universo en el que las referencias culturales se cruzan y se someten a nuevas asociaciones. Nada parece pertenecer ya a un único tiempo. La tradición puede convivir con la ironía, el artificio y los códigos visuales del presente.
Ese desplazamiento resulta fundamental para comprender la tesis de la exposición. La modernidad no acabó con los mitos. Produjo otros nuevos y transformó los existentes. El artista, la ciudad, la cultura underground o la propia idea de modernidad podían funcionar como relatos colectivos capaces de ordenar la experiencia.
Más allá de la Movida
Uno de los principales aciertos de Mitologías modernas. Ouka Leele & Co. reside en ampliar la lectura de una época convertida también ella misma en mito. La cultura de los ochenta ha sido contada tantas veces que determinados nombres, imágenes y episodios han terminado por fijarse en una narración casi inamovible. La exposición propone volver a ese periodo desde otro lugar.
El foco no recae en reconstruir una cronología de la Movida ni en celebrar una supuesta edad de oro. Tampoco pretende reunir a sus protagonistas bajo una etiqueta común. La mirada transversal permite relacionar a creadores de generaciones y trayectorias diferentes a partir de los usos que hicieron de la mitología y de otros repertorios simbólicos.
Esa perspectiva sitúa en primer plano la continuidad entre la renovación pictórica iniciada en los años setenta y la expansión de nuevos lenguajes durante la década siguiente. La Nueva Figuración, la fotografía, la performance, el diseño y la cultura popular no aparecen como episodios independientes. Forman parte de una escena en la que las influencias circulaban y las fronteras se volvían porosas.
La presencia de más de cien obras da cuerpo a esa red de relaciones. Carlos Alcolea, Miluca Sanz, Carlos Forns, Costus o Patricia Gadea se suman a un relato coral en el que cada creador aporta su propia forma de transformar los materiales heredados. La exposición permite comprobar que la identidad visual de aquellos años no surgió de una única estética, sino de la convivencia de lenguajes y referencias muy diversos.
Fábrica de relatos
En el fondo de todo el proyecto expositivo aparece la ciudad. Madrid no funciona únicamente como el lugar donde estas obras fueron realizadas. Es también uno de sus grandes temas y, sobre todo, el espacio en el que las nuevas mitologías adquirieron sentido. La fotografía de Ouka Leele en Cibeles ofrece el ejemplo más evidente. Un monumento reconocible se transforma mediante una acción artística y regresa después a la memoria colectiva convertido en otra cosa. La ciudad deja de ser un fondo pasivo y participa en la obra.
Algo semejante ocurrió con la cultura visual surgida durante aquellos años. Madrid produjo imágenes sobre sí misma y terminó identificándose con ellas. El arte, los medios de masas, la moda, la música y la vida nocturna alimentaron una narración compartida que todavía condiciona la manera de recordar el periodo. La muestra indaga precisamente en ese mecanismo. Los artistas trabajaron con mitos antiguos, pero también participaron en la fabricación de otros contemporáneos. Algunos de ellos terminaron por convertirse, a su vez, en personajes de la historia que habían contribuido a crear.


















































