Nacido en 1923 en Caracas, vivió y trabajó en París desde 1960, tras una breve estancia en España. Fue uno de los protagonistas más relevantes del arte óptico y cinético, corriente artística que reivindica “la toma de conciencia de la inestabilidad de lo real”. Sus investigaciones lo revelan como uno de los pensadores del color del siglo XX.

El discurso plástico de Cruz-Diez gravita alrededor del fenómeno cromático concebido como una realidad autónoma, desprovista de anécdotas, que evoluciona en el espacio y en el tiempo, sin ayuda de la forma y aún sin necesidad de soporte, en un presente continuo.

Su legado permanece en diferentes colecciones como las del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMa), Museo Reina Sofía, la Tate Modern de Londres, el Musée d’Art Moderne de la Ville y Centre Pompidou en París; Wallraf-Richartz Museum de Colonia y el Museum of Fine Arts de Houston. Fue en las salas de este último donde inauguró su mayor retrospectiva, bautizada como Carlos Cruz-Diez. Color in Space and Time en 2011.

Comunicado de la familia

Tenemos el inmenso dolor de anunciar el deceso de nuestro amado padre, abuelo y bisabuelo, Carlos Eduardo Cruz-Diez, ocurrido el día sábado 27 de julio de 2019 en la ciudad de París.

Tu amor, tu alegría, tus enseñanzas y tus colores nos acompañarán por siempre.

Los homenajes serán realizados en la estricta intimidad.

“He insistido en hacer del color una vivencia”

Desde que inicié mi aventura de pintor en la Escuela de Artes Plásticas de Caracas he tenido y desarrollado una profunda afección por el color. Creía que cada mancha del pincel aplicada sobre la tela era un mensaje afectivo de primer orden y un testimonio inaplazable a comunicar. He insistido en hacer del color una vivencia, con un impacto afectivo que se sobrepusiese a cualquier otro artificio del acto de pintar. Para lograrlo, emprendí una larga reflexión nutrida de lecturas encaminadas a entender el por qué de muchas cosas y tratar de adquirir una noción universal del arte y de mi tiempo.

No soy poeta, ni escritor, ni historiador, ni filósofo. Sólo soy pintor. Por eso pensé que investigando un mundo eminentemente “pictórico y perceptivo”, como lo es el del color, podría encontrar una vertiente que fuera expresión de mi tiempo y no hubiese constituido motivo de reflexión para otros artistas.

El color se me reveló como un importante medio de estímulo a la percepción de la “realidad”. La “realidad” de hoy, nuestra noción de realidad, que no es la misma que tenía el hombre del siglo XII, para quien la vida era el tránsito a la eternidad. Nosotros, por el contrario, creemos en lo efímero, sin pasado ni futuro; todo se modifica y se transforma en el instante. La percepción del color nos revela esas nociones. Pone en evidencia el espacio, la ambigüedad, lo efímero, lo inestable, siendo además un soporte de mitos y afectos.

(Fragmento del prólogo escrito por Carlos Cruz-Diez para la segunda edición (2009) de su libro Reflexión sobre el color, Caracas, 1989)