




Con cada respiración, el cachalote eleva al cielo dos metros de vapor de agua. La secuencia de cada inmersión: primero el animal se estira y desaparece, luego la giba y la cabeza vuelven aparecer y comienza a arquear su dorso dejando ver con claridad gran parte de su lomo, alcanzando la verticalidad perfecta, la mano de dios se alza para luego caer y desaparecer en el gran azul.




Categorías: Fotografía
Etiquetas: Luis Domingo, Una foto cada día
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