La comisión, adscrita al Ministerio de Cultura y presidida por el presidente del Gobierno, nace con el objetivo de impulsar un programa ambicioso y coherente que esté a la altura de una figura cuya influencia desbordó su tiempo. La iniciativa busca tejer alianzas entre administraciones públicas, entidades culturales y agentes privados especializados en la vida y la obra del artista, de modo que la conmemoración sea un proceso sostenido de estudio, difusión y reflexión compartida.
El órgano tendrá entre sus tareas promover investigaciones académicas y proyectos divulgativos que profundicen en la producción goyesca, así como subrayar su aportación al desarrollo de las libertades públicas y a la modernidad artística. También asumirá la difusión coordinada de su legado en colaboración con instituciones de todo el país, con especial atención a Aragón, territorio natal del pintor, cuya implicación se considera esencial en el despliegue del programa.
En el pleno de la comisión estarán representados ministerios, secretarías de Estado y organismos vinculados a la cultura y la memoria democrática. Figuran instituciones como el Museo del Prado, el Consejo de Administración del Patrimonio Nacional, Acción Cultural Española o la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, junto a otras entidades públicas y privadas de prestigio. La convocatoria de la sesión constitutiva permitirá fijar el funcionamiento interno y trazar un plan compartido.
La conmemoración se proyecta sobre una figura cuya biografía atraviesa los grandes pliegues de la historia española. Nacido en 1746 en Fuendetodos y fallecido en Burdeos el 16 de abril de 1828, Goya fue testigo crítico del reinado de Carlos IV, de la ocupación napoleónica y del comienzo del liberalismo. Su pintura abrió una grieta en los códigos académicos y amplió los límites de lo representable. Integró lo popular y lo culto, la sátira y la introspección, la denuncia y la ambigüedad, sin renunciar a una mirada directa sobre la condición humana.
Considerado «iniciador del arte contemporáneo», su práctica se extendió al dibujo y la estampa, lenguajes que multiplicaron la circulación de sus ideas y reforzaron su compromiso con los debates de su tiempo. En sus imágenes se leen las tensiones políticas y sociales de una España convulsa, pero también la voluntad de comprender sin moralizar, de mostrar las sombras sin ofrecer consuelo fácil.
El bicentenario se plantea, así, como una oportunidad para revisar el alcance de un legado que sigue interpelando al presente. Dos siglos después de su muerte, la obra de Goya continúa desafiando convenciones y alimentando preguntas sobre cómo nos miramos como sociedad y cómo el arte puede convertirse en conciencia crítica de su época.














