La trama es, al tiempo, sencilla y contundente. Real como la vida misma. Inquietantemente ajustada a lo que sabemos o intuimos al observar el día a día del mundo que nos rodea. Esa verosimilitud nace de un guion firmado por el propio Sorogoyen e Isabel Peña, su fiel coguionista, que más parece un trabajo de orfebrería fina en el que todo encaja y nada, absolutamente nada, sobra.

Manuel (Antonio de la Torre), un influyente vicesecretario autonómico de un partido político, que lo tiene todo a favor para dar el salto a la política nacional, observa cómo su perfecta vida se desmorona a partir de unas filtraciones que le implican, junto a Paco, uno de sus mejores amigos, en una trama de corrupción.

Mientras los medios de comunicación empiezan a hacerse eco de las dimensiones del escándalo, el partido cierra filas y únicamente Paco sale medianamente indemne del asunto. Manuel es expulsado del reino, señalado por la opinión pública y traicionado por los que, hasta hace solo unas horas, eran sus colegas y confidentes.

Aunque el partido pretende que él cargue con toda la responsabilidad, Manuel no se resigna a caer; a ser el único damnificado. Con el apoyo exclusivo de su mujer y de su hija, y atrapado en una espiral de supervivencia, se verá obligado a luchar contra una maquinaria de corrupción que lleva años engrasada, y contra un sistema de partidos en el que los reyes caen, pero los reinos continúan.

“A Rodrigo y a mí nos interesan las historias que enganchan con la realidad”, puntualiza Isabel Peña. “Cuando hace algo más de un año nos preguntábamos sobre qué escribir, nos pareció que la corrupción era claramente el tema sobre el que trabajar, como guionistas por supuesto, pero también como ciudadanos”.

A lo que Sorogoyen añade: “Al igual que en Que Dios nos perdone queríamos hacer un thriller, una película con una trama de suspense que enganchase al espectador hablando de los seres humanos y de sus oscuridades y dilemas vitales, con la violencia como tema central, en El reino nos centramos en la corrupción. No solo la política, sino la humana. La mentira como forma de vida. Isabel y yo teníamos claro que el protagonista tenía que ser un político corrupto. Pero ojo, no uno poderoso que mueve los hilos del poder y rige los destinos de un país, sino una persona como otra cualquiera, en principio ni buena ni mala, que no tiene problema alguno de conciencia porque considera que lo que hace forma parte de la realidad de su trabajo. Ese es el quid de la cuestión”.

Desde el primer fotograma, la película, con una mirada muy fina sobre la realidad que nos circunda, hace partícipe al espectador. Lo envuelve en un ritmo endiablado en el que no hay puertas de salida. Observamos perplejos el descenso a los infiernos de un individuo-estandarte de todo un sistema establecido, que intenta liberarse de su propia podredumbre, como víctima y beneficiario de una situación que hace aguas. Y en la cabeza del espectador surgen inevitables nombres familiares como Nóos, Gürtel…

En el hecho de que nos sintamos “parte de” lo que vemos juega papel fundamental un reparto extraordinario que, encabezado De la Torre, integra a José María Pou, Bábara Lennie, Nacho Fresneda y Ana Wagener. Un conjunto de profesionales que comunica verdad; cruda verdad.

El reino
Dirección: Rodrigo Sorogoyen
Guion: R. Sorogoyen, Isabel Peña
Intérpretes: Antonio de la Torre, José María Pou, Bábara Lennie, Nacho Fresneda, Ana Wagener, Francisco Reyes, Mónica López, María de Nati, Luis Zahera, David Lorente, Andrés Lima y Óscar de la Fuente.
Fotografía: Alex de Pablo
Música: Olivier Arson
España/2018/122 minutos
Distribución: Warner Bross Pictures