Desde que Nora asistió al juicio de Jacques Viguier, acusado del asesinato de su esposa, está convencida de su inocencia. Por temor a un error judicial, convence a un letrado para que lo defienda en un segundo juicio. Juntos lucharán en una feroz batalla contra la injusticia; pero a medida que el círculo se cierra alrededor de Viguier, al que todos acusan, la búsqueda de la verdad de Nora se convierte en obsesión.

Los hechos

Sin dejar rastro alguno, Suzanne Viguier desapareció el domingo 27 de febrero del año 2000. Ese día, el resto de su familia, su marido Jacques y sus tres hijos había acudido a comer a la casa de sus abuelos paternos. Mientras tanto, ella se quedó en casa descansando pues la noche anterior había regresado tarde y, como después se supo, programado su despertador a las 13.45 h, hora en la que telefoneó a su amante, Olivier Durandet.

Al regresar tras el almuerzo, la puerta de la casa estaba cerrada y ella no estaba dentro. No fue hasta el día siguiente, ya extrañado por la ausencia,  cuando él, en compañía de Olivier, buscó una pista sobre lo sucedido. Encontró las gafas de ella al lado del líquido de las lentillas, pero las lentillas no.

A pesar de sus sospechas de que algo raro sucedía, Jacques no informó de la desaparición hasta el 1 de marzo. Ese mismo día también lo hizo Olivier. La primera denuncia oficial puesta por Jacques no se produjo hasta el 8 de marzo, cuando él adujo en la comisaría central de Toulouse que los motivos de la desaparición se debían a “secuestro y confinamiento forzoso”.

Viguier, profesor de Derecho en la Universidad de Toulouse, canceló un viaje profesional a Vietnam en espera de noticias sobre la desaparición de su esposa. En esos días y sin informar a nadie se deshizo del colchón en el que ella dormía. Nunca quedaron claras las razones de esa decisión. Ese hecho y algunas cuestiones que no encajaban hicieron que surgieran las sospechas y el 11 de marzo Jacques fue acusado de haber matado a su esposa e ingresó en prisión preventiva hasta febrero de 2001, cuando quedó liberado.

Pero seis años más tarde, el 22 de febrero de 2007, en buena medida por la presión de la opinión pública, el caso se reabrió y Viguier fue enviado al tribunal nuevamente acusado de asesinato. En aquel segundo juicio, Jacques encontró a una persona firmemente convencida de su inocencia  y dispuesta a luchar por esa causa.

La única ficción

Ese personaje decisivo en la película es Nora, “el único sobre el que me he permitido hacer ficción en una película que tenía que hacer pues fui a Toulouse para asistir al juicio y allí descubrí a un hombre acusado sin pruebas”, comenta Antoine Raimbault. El director cuestiona el papel de la justicia, condicionada o al menos en parte contaminada, por una opinión pública enfurecida que ya ha juzgado al acusado.

Ese es el planteamiento clave de un largometraje sólidamente apoyado en las interpretaciones de Marina Fois, Olivier Gourmet, Laurent Lucas y Philippe Uchan, que en clave de drama judicial cuestiona lo sucedido en aquella sala.

“En mi opinión -puntualiza Raimbault-, una de las finalidades del cine es proporcionarnos perspectiva interrogándonos sobre la realidad. La película respeta escrupulosamente lo que se dijo en las audiencias y en las escuchas telefónicas. En este sentido, no necesitamos inventar nada, todo es real. A falta de pruebas, la verdad judicial se basó esencialmente en rumores y calumnias. Es fácil moldear a un culpable a partir de sentimientos y fantasías porque la naturaleza tiene horror al vacío. Necesitamos que se haga justicia y, desde la más íntima convicción, encontrar un culpable. Nos decimos una verdad que nos parece lógica, racional y finalmente satisfactoria. No importa cuánto duden los demás, no importa la falta de pruebas, una vez que la convicción se insinúa, lo puede todo. Es precisamente esta mecánica oscura la que aborda la película: el poder de la convicción sobre la razón. Una íntima convicción no es una película de tesis. Las preguntas me interesan infinitamente más que las respuestas. El reto es llevar a la reflexión y recordar que la búsqueda de la verdad puede trastocarnos”.

Y vaya si lo consigue esta propuesta que, desde el cuestionamiento de los hilos que nos mueven a la hora de convencer y convencernos, plantea un potente alegato sobre la necesidad de preservar el derecho a la presunción de inocencia.

Interesante; muy interesante.

Una íntima convicción

Dirección y guion: Antoine Raimbault  

Intérpretes: Marina Fois, Olivier Gourmet, Laurent Lucas, Philippe Uchan, Jean Benguigui, François Fehner, Philippe Dormoy

Fotografía: Pierre Cottereau

Música: Gregorie Auger

Montaje: Jean-Baptiste Beaudoin

Francia, Bélgica / 2018 / 110 min
 

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