En ese marco, flanqueado por ese juego de reflejos, Pistoletto mira directo a los ojos de quien le pregunta y deja en el aire frases en las que trasluce el filósofo que lleva dentro: “El arte es un motor clave para la transformación social”. “El cuerpo y la mente son indisociables también en el plano artístico”. “Estamos en un momento realmente dramático para la evolución humana”.

Pinturas y espejos de la mano en su obra ya desde los años 60 del pasado siglo…

Así es. Los años pasan y aquella idea inicial ha ido fraguando en la obra de todo este tiempo. No se me escapa que en los últimos años los Mirror Paintings, acordes con los tiempos que vivimos, tienen mayor tono de denuncia. Como he escrito, “tenemos que ser más conscientes de nosotros mismos como individuos que pertenecen a una sociedad que es, a la vez, global y local. En el espejo, la humanidad se mira a sí misma con la perspectiva de un retrovisor, como si estuviera examinando todo lo que ha hecho”.

¿Cuál sería el mensaje último de la obra que ahora expone en Madrid?

Son imágenes que juegan con el tiempo y con las sensaciones, porque el espectador, al ponerse delante, forma parte de la obra, se integra en ésta. En ese juego de los espejos, en cierto modo, el artista se convierte en espectador y el espectador en artista. El discurso final que se desprende de esta exposición tiene que ver con lo visual y con lo introspectivo. Son imágenes familiares, como una lámpara; imágenes cotidianas, como la fotografía que capta a una muchacha que coge el teléfono, personas que dan la vuelta sobre sí mismas, que se revuelven, como una especie de metáfora que parece querer mirar hacia dentro de uno mismo.

El objetivo es crear una tensión entre el reflejo móvil del espectador y la imagen congelada de la imagen pintada o fotografiada. Como ya he dicho en otras ocasiones, estas obras redefinen el concepto de perspectiva que hasta el momento implicaba una visión hacia el interior del cuadro, ahora el “desde fuera” juega también una función concreta. Para su realización, que va del blanco y negro al color, he usado desde negativos de cristal hasta Polaroids o fotografías digitales; desde la pintura a mano hasta la serigrafía.

¿El cuerpo aislado del espíritu?

 Evidentemente, el cuerpo está siempre presente porque a lo que asistimos a través de los espejos es a un espectáculo corporal. El espejo refleja el cuerpo pero, al tiempo, ese juego de espejos induce a la reflexión, a que se involucre el espíritu, a que intervenga la mente. Vemos el cuerpo, pero en realidad lo que está funcionando es el razonamiento. En ese sentido, el cuerpo y la mente son indisociables también en el plano artístico. La realidad es algo que tiene que ver con la verdad. Por decirlo de alguna forma, la realidad es la verdad de la realidad, si no hay realidad no hay verdad.

 

¿Michelangelo Pistoletto se siente artista joven?

La madurez precisa de la juventud, también dentro de uno mismo. Pistoletto se siente maduro sin perder una perspectiva ligada a lo joven, a lo que empieza, a lo que va descubriendo cosas y perspectivas.

¿De alguna forma la crisis que atravesamos está presente en su obra actual?

Ya le he comentado que tiendo ahora más a la denuncia, pero para mí no es necesario, a través de mi obra, representar plásticamente lo que está sucediendo en el mundo de hoy, con todas sus dificultades y sus problemas. La realidad habla por sí misma; habla por sí sola. Estamos en un momento realmente dramático para la evolución humana. A través de los espejos se dicen cosas. Los espejos guardan cosas y algunas de ellas tienen que ver con la realidad de lo que está pasando pero no de un modo premeditado. Es preciso analizar nuestro tiempo pasado para situarnos en el presente y poder imaginarnos o vislumbrar nuestro futuro. En el espejo, la Humanidad se mira a sí misma con la perspectiva de un retrovisor, como si estuviera examinando todo lo que ha hecho a lo largo del tiempo y de la historia. Alguien ha escrito que el espejo es en mi obra una metáfora de la historia que nos enseña todo lo que está detrás de nosotros y nos obliga a considerar el espacio y el tiempo que se extiende a nuestras espaldas.

¿Cuál será el mañana, el próximo futuro del Pistoletto artista y del Pistoletto hombre?

Estoy preparando mi próxima exposición, que tendrá lugar en diciembre, en la que se aborda la idea del arte como motor de transformación. El artista es capaz de utilizar su realidad y, transformándola, hacer un ejercicio de responsabilidad. Estoy en pleno proceso de preparación de esta muestra que vuelve sobre el tema del que hablábamos, relativo a la situación actual, en la que se puede observar un gran poder constructivo y un gran poder destructivo. A través de la creación, el hombre juega con lo artificial y no debe olvidarse de que artificio es la unión de dos palabras: arte y ficción. A través de la creación podremos superar al menos en parte la época artificial de nuestro mundo. El arte es un motor esencial de transformación social, a veces olvidamos esta verdad. Es un crisol del que podemos extraer muchos de los valores esenciales del ser humano.

El arte, también, de la mano de la filosofía…

Evidentemente, el arte siempre ha estado muy relacionado con la filosofía. A lo largo de la historia, si uno hace repaso de los grandes movimientos y las corrientes artísticas más importantes, se da cuenta de que en todas ellas jugó papel importante la reflexión, el pensamiento, la filosofía en definitiva.

Madrid. Michelangelo PistolettoGalería Elvira González.

Hasta el 18 de mayo de 2012.

 

De casta le viene al galgo. En el temprano arranque artístico de Michelangelo Pistoletto (Biella, 1933) juega una función decisiva su padre, un reconocido restaurador de pintura.

Pistoletto comenzó a exponer su obra en 1955 y en 1960 realizó su primera muestra individual en Turín. Su obra se encuadra dentro del Arte povera y en la corriente del nuevo realismo surgida en la década de los sesenta del pasado siglo como reacción, en palabras de los propios promotores, al agotamiento de algunos de los estilos y lenguajes existentes.

Dentro de sus trabajos más conocidos figura el gran conjunto de esculturas e instalaciones Oggetti in meno (1965). De la segunda mitad de esa década son asimismo Monumentino y La Venus de los trapos (1968) y, ya dentro de los años ochenta, destaca la serie Imagen.

Sus piezas, realizadas en acero inoxidable, piedra y plexiglass, interactúan con la sala en la que se exponen, la reflejan y permiten que el espectador forme parte, al reflejarse, de la propia obra.

Las Mirror Paintings son el elemento fundacional de la creación artística de Pistoletto y de su pensamiento estético. Las piezas que pueden verse ahora en Madrid están realizadas en acero inoxidable pulido, interactúan con el espacio expositivo, lo reflejan y, al mismo tiempo, permiten que el espectador las recree con su propio reflejo.

Su primera gran exposición en España se celebró en 1983, en el Palacio de Cristal del Parque del Retiro. Casi dos décadas más tarde, en el año 2000, el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona le dedicó una amplia retrospectiva. Grandes exposiciones del artista también se han contemplado en el GAM de Turín en 2001; en el Museo de Arte de Philadelphia en 2010 y en la Serpentine Gallery de Londres en 2011.

Sus obras se encuentran en las principales colecciones y museos de todo el mundo, incluyendo el MOMA y el Guggenheim de Nueva York, el Museo Reina Sofía o la Tate Modern de Londres. Presente en cuatro ediciones de la Documenta de Kassel y en doce de la Bienal de Venecia, recibió el León de Oro de este certamen en 2003 por el conjunto de su trayectoria artística.