Esta muestra, titulada The EY Exhibition: Paul Klee, inicia su recorrido con una selección de obras pertenecientes a los años de la Primera Guerra Mundial, cuando el artista desarrolló por primera vez sus coloridos mosaicos abstractos que posteriormente serían una de sus señas de identidad.

Soñador solitario

El nucleo principal de la muestra se centra en la década que Klee pasó como maestro de la Bauhaus, el semillero del diseño modernista. Las pinturas que llevó a cabo allí, como Fire in the Evening (1929), adquirieron gran fama y repercusión internacional.

La década de 1930 fue una época de cambios: Klee fue desped

ido como profesor por los nazis, refugiándose en Suiza con su familia y sus obras fueron retiradas y catalogadas como ‘arte degenerado’ en Alemania. A pesar de esta incertidumbre, la inseguridad política y financiera y un estado de salud que empeoraba con el tiempo, Klee siguió pintando, cada vez de forma más prolífica.

Espontáneo y cotidiano

Según el comisario de la exposición, Mateo Gale: “Aunque Klee vio su arte como un proceso creativo espontáneo y cotidiano, la muestra pone a prueba la reputación de Klee, además de como artista, como soñador solitario, destacando las innovaciones y el rigor con el que trabajó toda su trayectoria y presentó al público sus obras”.

Paul Klee es uno de los artistas más complicados de catalogar. Durante su juventud estuvo cercano al clima intelectual del expresionismo alemán y, posteriormente, se aproximó en algunos momentos a la abstracción geométrica y en otros al surrealismo.

Arte, música y magia

Nacido cerca de Berna en el seno de una familia de músicos, Klee se formó artísticamente en Múnich, donde estuvo vinculado al grupo Der Blaue Reiter (El Jinete Azul) junto con Wassily Kandinsky, Franz MarcAugust, Macke y Alexej Jawlensky. En esta ciudad, uno de los centros artísticos más avanzados de la época, comenzó su interés por la vanguardia internacional, que le llevó a realizar la obligada visita a París, donde le impresionó especialmente la obra de Robert Delaunay. Desde sus comienzos, la influencia de la música fue fundamental tanto para su vida como para su obra.

En 1914 viajó a Túnez con Macke y Louis Moilliet. Allí, la luz del norte de África le hizo descubrir el color, que sería a partir de entonces el motivo principal de sus investigaciones artísticas. Durante la guerra fue movilizado, pero siguió pintando (sobre todo acuarelas) dentro de un estilo luminoso y con un cierto aire expresionista.

Entre 1921 y 1931 fue profesor de la Bauhaus, primero en Weimar y más tarde en Dessau. Esos fueron los años más fructíferos de su carrera artística, cuando su lenguaje pictórico se consolidó definitivamente y su obra comenzó a ser conocida.

A pesar de su talante independiente, el tono constructivo de la Bauhaus se hizo notar en su producción artística, especialmente en el periodo de Dessau. En 1928 viajó a Egipto y el paisaje de ese país inspiró sus composiciones estriadas, relacionadas con su teoría de las estructuras horizontales y verticales, e influyó en la incorporación de jeroglíficos e inscripciones a su pintura. De 1931 a 1933 vivió en Düsseldorf, donde trabajó como profesor de la Akademie.

Tras la llegada del nazismo, y la declaración de su arte como degenerado, tuvo que abandonar Alemania y regresar a Berna, donde transcurrieron los últimos años de su vida. A pesar de su pesimismo y su debilidad física, consecuencia de una grave enfermedad que padecería en 1935, esta etapa final fue de una intensidad creadora sin precedentes.