El artista suizo Max Bill (Winterthur, 1908-Berlín, 1994) fue un multitalento que articuló su vida en torno al trabajo artístico y la reflexión sobre unas pocas, pero grandes, ideas –las de forma, concreción, función, figura, belleza o configuración–, un creador inserto en la tradición renacentista del homo universalis, un “configurador” que combinó las virtudes del homo faber y del homo ludens durante toda su intensa vida.

“Queremos presentar al público a un artista de culto que ha sido poco conocido en España expositivamente hablando”, destaca Javier Gomá, director de la Fundación Juan March. Como recuerda Manuel Fontán, director de exposiciones de la institución, no hay que olvidar que el propio Bill ya estuvo en la Juan March de Madrid en 1982 pronunciando una conferencia sobre Mondrian, artista que fue su modelo.

Esta primera retrospectiva en España exhibe de manera concentrada la obra completa del artista, porque cubre, tanto cronológica como temáticamente, todos los aspectos de su polifacética creación: la pintura, la obra gráfica, la escultura, la arquitectura, el diseño de libros y revistas, el diseño industrial y de mobiliario, el grafismo y la tipografía publicitaria –desde los carteles de gran formato hasta las pequeñas inserciones en publicaciones periódicas– y el diseño de espacios expositivos.

Más de 170 obras

Una cuidada selección de más de 170 obras y documentos procedentes de colecciones e instituciones públicas y privadas europeas y americanas materializan esta idea de “retrospectiva concentrada” que ha guiado desde sus inicios el desarrollo de la exposición y del catálogo que la acompaña.

Para la muestra, que ha sido organizada con el asesoramiento de su hijo, Jakob Bill, se han seleccionado obras fundamentales y representativas del suizo, que fue alumno de la Bauhaus entre 1927 y 1928, arquitecto y cofundador de la Hochschule für Gestaltung Ulm (Escuela de Ulm) en 1951, además de precursor y máximo exponente del llamado konkrete kunst, el tipo de arte “concreto” que ha marcado la creación suiza contemporánea. “Mi padre se guió por la idea de que un artista para ser libre tiene que buscarse la vida por otros medios. Él fue diseñador y escritor y yo, por ejemplo, me he jubilado como arqueólogo”, cuenta el hijo y también artista.

Bill destaca, además de por su influencia en la arquitectura española, por su influjo en las corrientes geométricas latinoamericanas, una pista que la Fundación Juan March ya tuvo ocasión de mostrar en la exposición América Fría. La abstracción geométrica en Latinoamérica, 1934-1973. También resalta por sus ensayos, su dedicación a la enseñanza y sus preocupaciones políticas y sociales. A todos esos aspectos de su vida y su obra atiende el catálogo de la muestra, profusamente ilustrado y publicado en dos ediciones, española e inglesa, con ensayos de especialistas internacionales y españoles y una selección de textos inéditos del propio artista.

Proyectos previos

La obra de Bill ha podido verse antes en España formando parte de exposiciones colectivas y, sobre todo, en la exposición individual que le dedicaron el Museo Español de Arte Contemporáneo de Madrid y la Fundación Miró de Barcelona en 1980, en una muestra que fue la primera dedicada al suizo en nuestro país y que presentó fundamentalmente pinturas, esculturas y obra gráfica.

Su arquitectura, a la que se le han dedicado estudios y publicaciones, también ha despertado interés en nuestro país, como también su vinculación con la Escuela Superior de Diseño de Ulm (Hochschule für Gestaltung). Hoy, tras una serie de significativas exposiciones celebradas en 2008 en el Kunstmuseum Winterthur, en el Gewerbemuseum de la misma ciudad y en la Haus Konstruktiv (Zúrich), con motivo de la celebración del centenario del nacimiento del artista, así como en el Kunstmuseum de Stuttgart en 2005, la exposición Max Bill (1908-1994) quiere presentar una versión actualizada de su obra y de su significado para las artes plásticas, la arquitectura y el diseño.

 

Fiesta de formas

En un texto sobre cuestiones relacionadas con el diseño de exposiciones escrito en 1948, Max Bill decía haberse preguntado con frecuencia “por qué se visitan las exposiciones. He llegado a la conclusión […] de que la mayoría de los visitantes esperan recibir una sensación que exceda el ámbito de su vida cotidiana. La visita a una muestra –añadía– es una ocasión para interrumpir la vida diaria con un día de fiesta”.

La obra de Bill puede considerarse como una intensa fiesta de las formas; con aquellas formas que encuentran su función en la vida diaria –como las del diseño y la arquitectura–, y con aquellas con las que se celebra una belleza que no tiene función material –la de las obras de arte, que Bill definió frecuentemente como “objetos configurados para el uso espiritual”–. A festejar ese doble juego está dedicada esta exposición.