Hermen Anglada-Camarasa (Barcelona, 1871 – Puerto de Pollensa, Mallorca, 1959) decidió conservar en su casa una serie de obras realizadas en el contexto artístico de la Europa de las primeras décadas del siglo XX, del que participó directamente desde París. Lo hizo con la idea de poder mostrarlas al público junto con las colecciones de indumentaria, objetos, estampas japonesas y mobiliario que había ido reuniendo a lo largo de su vida, y que en ocasiones empleaba como fuente de inspiración o como modelo.

Siguiendo esta premisa, su familia creó un museo en el lugar donde vivió, El Port de Pollença, que abrió sus puertas en 1967 y las cerró en 1989. Esta muestra quiere rendir homenaje a aquel museo, cincuenta años después, con la idea de mostrar el conjunto pictórico desde una visión más personal y cercana al artista, con un gesto de complicidad respecto a la disposición original de las piezas.

Con un total de 33 obras del pintor modernista, esta revisión pictórica muestra también otros trabajos que, agrupados por temas y por uso del color, señalan algunos de los motivos que más le interesaron, especialmente en torno a la figura femenina, el paisaje y las flores.

Por primera vez, la exposición incorporará un innovador espacio educativo para dar a conocer a los más pequeños al pintor y su uso del color.

En 1988, la Obra Social ”la Caixa” adquirió a los herederos de Anglada-Camarasa una amplia representación de sus pinturas y dibujos. La Colección está compuesta por 328 obras y 194 objetos personales que forman parte de la colección del artista. Desde hace años, la entidad organiza exposiciones itinerantes para dar a conocer su obra en distintas ciudades españolas.

Asimismo, CaixaForum Palma, que ocupa el edificio del antiguo Gran Hotel de Lluís Domènech i Montaner, se ha convertido en un centro de estudio y divulgación de la obra de este pintor, donde se presentan, además, grandes exposiciones dedicadas a sus contemporáneos y a las artes decorativas del Modernismo.

Un lugar singular

Anglada-Camarasa ocupó un lugar singular en el arte de su tiempo. Se formó en Barcelona y, a finales del siglo XIX, dio el salto a París, donde vivió unos cuantos años de precariedad y privaciones. Con el cambio de siglo alcanzó un gran éxito internacional, como nunca había tenido ningún otro pintor español desde Mariano Fortuny. Su influencia fue especialmente notable en Italia y entre los artistas rusos. Fue uno de los primeros artistas de nuestro país que lograron ser reconocidos y cotizados en Estados Unidos, y uno de los pocos que crearon escuela en Latinoamérica, donde es un nombre de referencia.

Su personalidad se asocia a dos paisajes característicos: el París nocturno de la Belle Époque, que supo captar mediante un arte misterioso y sutil, y los paisajes de Mallorca, lugar donde se refugió huyendo de la Primera Guerra Mundial, y que se convirtió en su tierra prometida. Durante los últimos años de su vida vivió alejado del mundo artístico debido a la Guerra Civil, que lo llevó al exilio, y al progresivo distanciamiento de las tendencias más avanzadas del arte contemporáneo.