En 1602, el noble palentino Enríquez de Herrera, Depositario General del Papa Gregorio XIV, quiso dedicar una capilla en dicha iglesia al santo franciscano Diego de Alcalá, canonizado sólo unos años antes, para agradecerle la curación de su hijo Diego. Su decoración mural, con escenas de la vida y los milagros del fraile sevillano, la Asunción de la Virgen María y los apóstoles alrededor del sepulcro vacío, fue encomendada a Carracci.

En 1604, el maestro inició el diseño de todos los dibujos y cartones preparatorios, pero cuando dirigía personalmente los trabajos enfermó de tal forma que no pudo continuar pintando, por lo que el encargo fue acabado por sus colaboradores y discípulos, principalmente Francesco Albani.

En el siglo XIX, cuando la iglesia fue desafectada (1824) y dejó de gozar del patrocinio español, los frescos se pasaron a lienzo en un excelente trabajo a instancias del escultor Antonio Solá y a costa de Fernando VII; llegaron a España en 1850, quedando nueve en Barcelona, hoy en el MNAC, y siete, del Museo de la Trinidad, vinieron al Museo del Prado. El óleo del altar se quedó en la iglesia de Santa Maria in Monserrato degli Spagnoli, que tomó el relevó a San Giacomo como iglesia nacional española en Roma.

La exposición Annibale Carracci. Los frescos de la capilla Herrera, comisariada por Andrés Úbeda de los Cobos, director adjunto de Conservación e Investigación del Prado, reunirá a partir de marzo en Madrid las pinturas murales conservadas, cuya reciente restauración ha revelado su extraordinaria calidad, y una selección de obra sobre papel atribuida a Carracci y a su escuela relacionada con este proyecto.

Como señalaba el comisario de esta muestra en la conferencia que incluimos al final de esta información, «estamos ante un conjunto extraordinario. Entre la Galleria Farnese y los últimos años de Annibale, hasta su fallecimiento, no hay grandes obras de empeño como consecuencia de su delicadísimo estado de salud. En realidad, ésta es la última gran obra de Carracci. La obra donde tuvo la oportunidad de dar todo lo que era capaz. Como consecuencia de su enfermedad eso no fue así, pero podemos admirar fragmentos que hablan de un pintor de una calidad absolutamente excepcional».

Tras su exhibición en el Prado, la muestra llegará al MNAC en julio, para finalizar su recorrido, en noviembre, en el Palazzo. Coincidirán en las tres sedes el cuadro del altar y las pinturas murales. Además, cada una de las tres contará con una selección específica de dibujos, estampas y libros que, por razones de conservación, no pueden exponerse durante todo el periodo de tiempo que implica una exposición en tres lugares consecutivos.