El título de la muestra, comisariada por Enrique Juncosa, es un préstamo de una frase del poeta romántico inglés Percy Bysshe Shelley (1792 – 1822), fascinado, como Barceló, por la cultura griega. Organizada de forma cronológica, traza un recorrido por su trayectoria en este campo a lo largo de tres décadas, desde las primeras obras africanas hasta la producción más reciente, e incluye cerca de ochenta piezas. También se exponen una quincena de pinturas y algunos cuadernos relacionados con las cerámicas, además de una escultura en bronce que ocupa uno de los patios de La Pedrera.

Cuando Barceló volvió a España comenzó a frecuentar un tejar próximo a su estudio mallorquín, donde comenzó a desarrollar todo un vocabulario propio a partir de la cerámica. A menudo usa formas tradicionales, que deforma o agujerea, decoradas con imágenes de frutas, verduras, panes, pescados, crustáceos o moluscos. Además crea obras con formas de cráneos, a menudo amontonados. En 1999 trabajó en un taller especializado a Las Rairies (Francia) y en 2000 se inauguró en el Musée des Artes Decoratifs – Musée du Louvre, en París, una exposición con las cerámicas que había realizado hasta entonces. En 2001 empezó a trabajar en Vietri sul Mare, cerca de Nápoles.

Fue en Italia donde dio forma al encargo de decorar la capilla del Santísimo de la catedral de Mallorca. El tema escogido fue el milagro de la multiplicación de los panes y los peces, y el de la conversión del agua en vino. En la exposición se pueden ver algunos estudios preparatorios para esta obra, para el que se tuvo que inventar un sistema para romper grandes planchas de cerámica en trozos de formas aleatorias, los cuales se reconstruyeron después dentro de la catedral como si se tratara de un mosaico. Esta obra, de unos veinte metros de altura, requirió seis años de trabajo y se inauguró en 2007.

 

En 2008, Barceló compró una tejería en Vilafranca de Bonany, en Mallorca. La cerámica, entonces, ya es una parte importantísima de su obra y experimenta con pigmentos y colores con un gran virtuosismo. Hoy se encuentra ampliando este taller, después de adquirir otro tejar cercano.

En los últimos años ha creado una serie de obras, que denomina tótems, a partir de las formas de unos grandes ladrillos de barro, convertidos en formas modulares, que le permiten edificar enormes construcciones como si fueran muros, pero también figuras verticales individuales. En ambos casos, las dos tipologías se pueden reconsiderar a partir de nuevas configuraciones, dependiendo del espacio donde se instalan. El aspecto de estas construcciones recuerda a los yacimientos arqueológicos de otras civilizaciones. De hecho, a veces denotan referencias culturales concretas, como por ejemplo capiteles griegos o precolombinos, y también sugieren cabezas de dragones, saurios o monstruos fantásticos.

En estos treinta años, Barceló ha creado unas cuatro mil obras de cerámica y se ha convertido en uno de los artistas más destacados de este medio.

Pintura amplificada

«La cerámica es la pintura amplificada. El proceso de cocción: petrificar lo que era blando (como la pintura) lo reviste de relevancia. La cerámica es la madre de la pintura»

(Miquel Barceló)

La Fundació Catalunya La Pedrera (Barcelona) presenta la exposición de Miquel Barceló ‘Todos somos griegos’. Foto: Pau Fabregat.

La obra de Barceló, de una gran intensidad visceral, pero a la vez profundamente reflexiva, incorpora y recrea temáticamente y físicamente la materia, la vida orgánica y el tiempo. El mismo artista reconoce que no ve diferencias entre pintura y cerámica, y se puede considerar que sus cerámicas son un tipo de extensión de su pintura. Para el artista «es el material que mejor recoge los defectos y las imperfecciones».