A ese tiempo lo llamamos hoy la Edad de Plata. Un periodo de esplendor que no fue lineal ni complaciente, sino intensamente contradictorio: luminoso en lo artístico, trágico en su desenlace. Una edad hecha de búsquedas, de exilios interiores y reales, de sueños estéticos levantados justo antes del derrumbe.

«La Edad de Plata». Fotografía: Elena del Real | Teatro de la Zarzuela.
Esa tensión —entre la plenitud creadora y la catástrofe histórica— es el corazón de La Edad de Plata, que llega al Teatro de la Zarzuela como algo más que una propuesta lírica: como una reflexión escénica sobre el papel de la cultura cuando la realidad se vuelve inhabitable.
La dramaturgia imagina una escena imposible y, por ello mismo, profundamente verdadera: una soirée en el París de los años veinte, en la casa del pintor Ignacio Zuloaga. Allí confluyen artistas españoles y europeos, figuras de la vanguardia y de la tradición, mecenas y creadores. No se trata de una reconstrucción histórica, sino de una ucronía consciente, una ficción que permite hacer dialogar lo que el tiempo separó.
En ese salón imaginado se presentan dos obras que condensan dos maneras de soñar España: Goyescas, de Enrique Granados, y El retablo de Maese Pedro, de Manuel de Falla. No es un emparejamiento arbitrario. Ambas partituras nacen del mismo impulso —la búsqueda de una identidad cultural esencial—, pero lo hacen desde lenguajes y sensibilidades opuestas. Juntas, construyen un díptico que revela tanto los contrastes como las afinidades de una generación marcada por la belleza… y por la pérdida.
Un mismo anhelo
La España de Granados es sensual, pictórica, atravesada por la elegancia melancólica de Goya. Goyescas no aspira a describir una realidad concreta, sino a estilizar un imaginario: majas y majos, pasiones exacerbadas, celos, honor y muerte. Todo sucede en un espacio casi irreal, como si el pasado se contemplara a través de un velo de nostalgia.
Falla, en cambio, se adentra en la España conceptual de Cervantes. En El retablo de Maese Pedro, el foco no está en la emoción desbordada, sino en la tensión entre ficción y verdad. Don Quijote irrumpe para defender un ideal que sabe condenado, pero irrenunciable. El teatro de títeres se convierte así en una metáfora del propio arte: frágil, ilusorio, imprescindible.
Escuchar ambas obras de forma consecutiva no solo subraya sus diferencias estilísticas; permite comprender cómo, desde caminos distintos, ambas dialogan con una misma pregunta: ¿qué queda cuando la realidad traiciona los sueños?
La propuesta escénica sitúa estas músicas bajo la sombra de 1939. Europa arde. España acaba de salir de su guerra. El entusiasmo de los años veinte se contempla ahora desde el derrumbe. Granados ya no está: murió ahogado víctima de la Gran Guerra tras el estreno de Goyescas en Nueva York. Falla se prepara para partir al exilio argentino, dejando atrás su país y a muchos de los suyos.
La cultura aparece entonces no como refugio cómodo, sino como espacio de memoria y conciencia. La ficción no anula la realidad; convive con ella, la interroga, la ilumina. El espectáculo no huye del dolor histórico, pero tampoco se recrea en él: lo atraviesa desde la belleza, desde la lucidez, desde la convicción de que el arte sigue teniendo algo que decir cuando todo parece perdido.
Teatro de la memoria
La puesta en escena articula múltiples capas: ópera, danza, palabra, imagen audiovisual. Hay referencias al cine mudo, a la pintura, a la danza española como lenguaje simbólico. Los bailarines no son solo cuerpos en movimiento: encarnan recuerdos, miedos, ideales. Son presencias que emergen del subconsciente de los creadores, espectros de una época que se resiste a desaparecer.
El resultado es un teatro de la memoria, donde lo íntimo y lo histórico se entrelazan sin jerarquías. Un espacio en el que la cultura no se presenta como monumento, sino como proceso vivo, vulnerable, profundamente humano.
En tiempos de incertidumbre, cuando la tentación de simplificar el pasado es fuerte, La Edad de Plata propone lo contrario: mirar la historia desde su complejidad, reconocer en ella tanto la grandeza como la fractura. No para idealizarla, sino para comprenderla.
Porque si algo nos enseñan Granados, Falla y quienes compartieron su tiempo es que la cultura no salva por escapar de la realidad, sino por enfrentarse a ella con imaginación, rigor y sensibilidad. Quizá por eso este espectáculo no habla solo del pasado. Habla, inevitablemente, del presente.
Y recuerda —sin consignas, sin grandilocuencia— que cuando todo se tambalea, pensar, crear y soñar sigue siendo un acto profundamente político.
La Edad de Plata
Díptico escénico-musical
Producción
Ópera de Oviedo
Teatro Cervantes de Málaga
Duración
Primera parte: 70 minutos
Pausa: 20 minutos
Segunda parte: 40 minutos
Obras que integran el espectáculo
Goyescas
Ópera en un acto y tres cuadros
Música: Enrique Granados
Libreto: Fernando Periquet
Estreno: Metropolitan Opera House de Nueva York, 28 de enero de 1916
El retablo de Maese Pedro
Ópera en un acto y seis cuadros
Música y libreto: Manuel de Falla
Inspirada en un episodio de Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes
Estreno: Palacio de la princesa de Polignac, París, 25 de junio de 1923
Equipo artístico
Dirección musical
Álvaro Albiach
Dramaturgia y dirección de escena
Paco López
Escenografía e iluminación
Paco López
Vestuario
Jesús Ruiz
Coreografía
Olga Pericet
Realización audiovisual
José Carlos Nievas
Orquesta
Orquesta de la Comunidad de Madrid
(Titular del Teatro de la Zarzuela)
Coro
Coro Titular del Teatro de la Zarzuela
Director: Antonio Fauró
Reparto principal
Goyescas
Rosario: Raquel Lojendio / Mónica Conesa
Fernando: Alejandro Roy / Enrique Ferrer
Paquiro: César San Martín
Pepa: Mónica Redondo
El retablo de Maese Pedro
Don Quijote: Gerardo Bullón
Maese Pedro: Pablo García-López
Trujamán: Lidia Vinyes-Curtis
Intérpretes y personajes de la dramaturgia
Ignacio Zuloaga (1939): Ángel Burgos
Ignacio Zuloaga (1920): Pablo Fortes
Manuel de Falla: Gerardo Bullón
Enrique Granados: Ramón Grau
La Argentina / Ideal: Marina Walpercin
Princesa de Polignac: Lidia Vinyes-Curtis















